Mandlikova y el espejo donde mirarse

La ex tenista checa relata cómo fue su relación con Martina Navratilova, una rivalidad que le hizo ser mejor jugadora desde que se conocieron en Praga.

Fernando Murciego | 24 May 2020 | 12.53
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Martina Navratilova y Hana Mandlikova. Fuente: Getty
Martina Navratilova y Hana Mandlikova. Fuente: Getty

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Coincidir con una leyenda del tenis en tu etapa como jugadora tiene cosas buenas y cosas malas. ¿Qué hay de negativo? Obviamente, su sola presencia te hará encontrarte con ella en algún momento, perder partidos, ceder finales, básicamente, tener un palmarés menos brillante. ¿Y qué tiene de bueno? Muy fácil, que igual sin esa inspiración, sin la motivación de vencerla algún día, posiblemente no ganes ni la mitad de los trofeos que conseguiste capturar. Entre una plataforma y otra transcurrió la trayectoria de Hana Mandlikova, una de las grandes tenistas del circuito en los años 80, aunque siempre a la sombra de la eterna Martina Navratilova. En una carta abierta publicada en WTA, Hana explica cómo fue trazando la relación con su compatriota.

“Ella es seis años mayor que yo, pero crecimos en el mismo club de tenis, en Praga. Yo era su sparring cuando tenía que jugar interclubes, recogía pelotas de tenis para ella. El club de tenis Sparta siempre estuvo en la cima gracias a Martina. En aquellos tiempos, recuerdo que era demasiado tímida para acercarme a ella, por eso fue curioso cuando leí que había escrito sobre mí en su libro, confesando que yo le recordaba a ella cuando tenía 12 años. Pese a ello, a esa edad todavía era muy tímida para decirle hola o confesarle que me gustaba cómo jugaba”, escriba la campeona de cuatro Grand Slams.

Sus caminos empezaron en Praga, lugar de nacimiento de ambos, aunque ninguna terminó criando raíces allí. “Cuando ella se marchó de Praga a los 18 años, yo estaba jugando un torneo en República Checa, el campeonato nacional de mujeres. De repente, la noticia se extendió por todos lados, lo recuerdo como si fuese ayer. En ese momento estábamos en un país comunista y pensé en todo lo que tendría que pasar en adelante, cosas como no ver a tus padres, no poder volver, fue algo muy valiente lo que hizo. Solo tenía 12 años pero lo entendí como un gesto casi heroico”, valora la checa, quien más tarde terminaría nacionalizándose australiana.

“Pasaron otros cinco años hasta que pude reencontrarme con ella en el tour. La veía en televisión cuando podía, otra jugadora que me gustaba mucho ver era Evoone Goolagong, siempre quise tener la oportunidad de enfrentarme a ellas. Martina y yo jugamos por primera vez en 1980, en Amelia Island, perdí en tres sets, pero el partido que realmente recuerdo fue el segundo que jugamos esa temporada. Fue en Manwah, Nueva Jersey, un torneo previo al US Open donde pude derrotarla por primera vez”, recuerda con cariño sobre aquel duelo inolvidable.

“El día anterior, después de ganar mi partido de cuartos de final, sentí que no podía moverme. Mi pie comenzó a dolerme tanto que le dije a mi entrenador: ‘Lo siento, no hay forma que pueda jugar mañana, imposible moverme’. Al final decidí probar, era Martina quien me esperaba al otro lado, en semifinales, llevaba mucho tiempo esperando por ese momento. Y bueno, si luego no era capaz de jugar, siempre podía retirarme. Por suerte, de un minuto a otro mi pie se puso bien, fue divertido, no sé cómo pude hacerlo sumando la lesión y los nervios. Creo que haber esperado tanto tiempo por ese partido me ayudó a recuperarme”, reconoce la mujer que hoy suma 58 primaveras.

“Curiosamente, dos semanas después volvimos a jugar en el US Open y le gané de nuevo, ¡la segunda vez consecutiva! La próxima vez que jugamos en el US Open no sería hasta 1985, un partido loco. Todo lo que toqué en los cinco primeros juegos del primer set fue dentro, ya fuera el resto, voleas, absolutamente todo. Martina no pudo hacer nada, no se podía creer cómo estaba jugando de esa manera, pero rápidamente consiguió igualar el marcador. Al final acabó ganándome el segundo set por 6-1, pero yo conseguí llevarme el tercero por 7-6. Es posible que aquel día jugara el mejor tenis de mi carrera, el Abierto de Estados Unidos siempre fue mi Grand Slam favorito”, celebra la campeona de aquella edición.

En total fueron 36 partidos (H2H 7-29) los que jugaron entre ambas y, aunque Martina salió vencedora en el 80% de las ocasiones, el destino no impidió que incluso terminaran jugando juntas. “Los dobles no era realmente lo mío, pero Martina y yo también pudimos jugar juntas algunas veces, incluso ganamos juntas el US Open de 1989. Siempre me gustaba compartir pista con ella”, apunta la ex Nº3 mundial.

“En mi época fui muy ambiciosa pero, si miras mi historial contra ella, casi siempre perdí. Jugábamos un estilo similar, aunque ella era mejor jugadora, esto siendo joven siempre era difícil de aceptar. Ahora tengo casi 60 años y lo veo todo distinto, a medida que envejeces los partidos de tenis no son tan importantes. Ahora lo más importante es disfrutar de tu vida y ser feliz. Ella fue una jugadora tremenda, fue un ejemplo para mí, así que solo puedo quitarme el sombrero por todo lo que consiguió”, concluye.