Hace tiempo que descubrimos el serial de charlas denominado Thank You Notes, algo así como cartas de agradecimiento. Un formato grabado donde sientan frente a frente a dos personalidades reconocidas para que una se confiese a la otra a través de un escrito. En este caso, rescatamos el capítulo que convocó a Billie Jean King, la leyenda del tenis mundial, con Sofia Kenin, la última campeona del Open de Australia. En este caso, fue la joven de 21 años quien se sinceró y abrió su corazón para felicitar a la de 76 años por sus logros y el camino que abrió en su momento a favor del tenis femenino. Lo mejor es leer sus palabras, sin necesidad de añadir nada más.
“Querida Billie Jean, te escribo esta carta representando a todas las mujeres tenistas de cualquier parte del mundo. Tus logros, tu activismo continuo y tu optimismo nos abrieron las puertas a todas nosotras. Por lo tanto, sé que hablo en nombre de todas mis compañeras al decirte esto: GRACIAS.
Emigré de Rusia siendo tan solo una niña. Ninguno de mis padres hablaba demasiado inglés cuando llegamos a los Estados Unidos, pero ellos conocían muy bien cuál era el sueño americano y, sobre todo, qué era lo que querían para mí. ¿Y qué era lo que yo más deseaba? Convertirme en la mejor tenista del mundo.
Quedé sorprendida siendo una niña cuando descubrí que los hombres y las mujeres no siempre habían sido tratados de la misma forma, es decir, con igualdad. Esto no cambió hasta que Billie Jean King apareció en la escena. Desde un principio era evidente que eras una figura entre un millón, una jugadora irrepetible pese a que todavía estabas comenzando tu carrera. Rápidamente, según fuiste escalando posiciones en los rankings, te diste cuenta que no te estaban dando las mismas oportunidades que a los hombres.
Hasta que por fin, en 1970, tú y otras ocho mujeres tenistas firmasteis un contrato de un dólar para crear el primer circuito profesional femenino. Honestamente, no me quiero imaginar dónde estaríamos todas nosotras a día de hoy de no haber dado aquel salto en su momento. Escuchando esta historia me he dado cuenta de cuánto valor debiste afrontar en aquella época. Unos años después, esta niña procedente de Rusia encontraría gracias a ti una súper heroína americana.
Desde que era una niña he estado siguiendo tu legado, leyendo todas tus frases. De todas ellas, mi favorita es esta: ‘Los campeones siguen peleando hasta conseguir hacerlo bien’. Todo lo que soñaba hacer esta temporada era romper la barrera del top20, convertirme en una campeona de verdad. Para ello he perfeccionado mi juego y trabajado en un único sentido hasta llegar a ser la 12ª mejor jugadora del ranking femenino. Muchas veces sentí la presión por acceder al top10º, me abrumaba pensarlo, pero como dijo una sabia mujer en su momento: Pressure is a privilege”. [La presión es un privilegio, título de la autobiografía de BJK]
Por todo esto, el resto de mis compañeras y yo queremos darte las gracias. Gracias por mostrarle a todas las mujeres lo valiosas que somos y lo mucho que merece la pena luchar por nuestra igualdad de derechos. Con el más profundo de los respetos, Sofia Kenin”.

Por supuesto, después de este relato de casi tres minutos, Billie Jean King responde emocionada ante la carta de Kenin.
“Ha sido realmente bonito. Es como si hubiera visto mi vida pasar a través de flashes según ibas leyendo la carta. Lo cierto es que siempre tuve dudas, siempre se tienen en estas circunstancias. Hay veces que resulta muy difícil pelear, pero siempre he sido una mujer tremendamente optimista. Siempre tuve claro cuál era el objetivo que debíamos cumplir, el lugar que debíamos ocupar todas nosotras. Cuando firmamos aquel contrato de 1$ fuimos suspendidas, pero nos dio igual, ya habíamos cruzado la línea”, confiesa la campeona de doce Grand Slams.
Por último, King adjunta una lista con tres puntos indispensables para entender por qué merecía la pena luchar en aquel momento en busca de la igualdad en el circuito. “Las tres cosas que pensamos eran muy claras. La primera, cualquier mujer nacida en este mundo, que fuera lo suficientemente buena, merecía una oportunidad para competir. La segunda, teníamos que ser valoradas por nuestros logros, no por nuestra imagen ni nuestros vestidos. Y la tercera, teníamos que ser capaces de ganarnos la vida con esto”. Pues eso, nada más que añadir.

