¿Qué fue de Mihaela Buzarnescu? La mujer que rompió su techo cerca de los 30 años, se metió en el top20, incluso llegó a levantar su primer título profesional (San José 2018) hoy es un perfil completamente olvidado. Afectada por una lesión de hombro desde el pasado Us Open, la rumana no ha vuelto a pisar una pista de tenis en los últimos cinco meses, un regreso que cada pinta más lejano. En una carta abierta en Behind the racquet, la tenista de Bucarest detalla cuáles han sido sus intereses en todo este tiempo y muestra luz para todos aquellos que piensan que después del tenis no hay nada. Por ejemplo, apostando por el estudio.
“Una solo se acostumbra a algo cuando lo convierte en un hábito. En mi caso, disfruté mucho descubriendo otro lado de mí misma, otra personalidad. Me encanta saber cómo funciona el mundo para luego compartirlo con los demás. Creo que no mucha gente piense que estaría donde estoy ahora mismo, pero mi doctorado en Ciencias del Deporte me ha abierto nuevas oportunidades a lo largo del camino. Las lesiones nunca son fáciles de tratar, ya que te arrebatan el tenis, pero me dieron la oportunidad de empezar a estudiar”, celebra Mihaela en su escrito.
“Muchos jugadores de tenis no tienen nunca la oportunidad de ver lo que hay al otro lado debido a las personas que le rodean. Siempre existe la idea de que uno pueda retomar los estudios en caso de que tu carrera como tenista no funcione. Sienten que si te mantienes enfocado únicamente en el tenis, esa es la manera de tener éxito, solo esa, pero no siempre es cierto. Gracias a mi educación he interactuado con muchas personas diferentes a las que nunca hubiera tenido alcance de no haber estudiado. Esos estudios son los que me han permitido creer en mí misma más que nunca”, insiste la de 31 años.
Esa puerta que abrió Buzarnescu le cambió la vida, tanto que empezó a creer que el tenis no lo es todo. “Ahora mismo solo me imagino jugando unos 4-5 años más en el circuito. Puede parecer gracioso pero, después de esta vida, lo que quiero es viajar por el mundo tanto como pueda durante un año entero. La gente piensa que a través del tenis se puede ver el mundo, pero pasas la mayor parte del tiempo en la cancha o en el hotel. De vez en cuando puedes hacer turismo libre, pero en su mayor parte todos somos disciplinados. No podemos permitirnos el lujo de perder la noción del tiempo, o salir una noche, hay mucho que hacer”, afirma la rumana, actualmente número 117 del ranking WTA.
Pero donde Mihaela mete más verdad en su discurso es cuando entra a comparar el circuito masculino y femenino, pero no por la banda que ustedes piensan. “En mis últimos años espero ver un pequeño cambio para las mujeres en el circuito, el ambiente realmente necesita mejorar. Creo que actualmente todos son demasiado estrictas. Sé lo importante que es la competencia, pero esas rivales son prácticamente las mismas jugadoras con las que compartimos el resto del año. Habría que verlo más como una especia de familia. Si el ambiente fuera un poco más tranquilo y relajante, sería más agradable para todos, se necesitan más amistades”, señala con franqueza antes de respaldar la idea con todas sus ideas.
“Hay momentos en los que todas necesitamos abrirnos, ya sea por algo serio o simplemente para reírnos con alguien, pero esa atmósfera no nos permite estar cómodas. Tomará algún tiempo este cambio, pero es necesario. Los hombres, por su parte, han llegado más lejos con esa relajación y socialización, mientras que la mujer lo pone más difícil. Con un deporte individual como el tenis, te lanzas a un mundo donde estás tú solo y tu equipo, estás influenciado por lo que dicen más que nadie. Con un entorno más cambiante todos deberíamos mejorar hablando por nosotras mismas, decir lo que necesitamos. Debes considerar tus propios pensamientos. Ahora quiero ayudar a los niños de Rumanía a que tengan las oportunidades que yo nunca tuve, como tener un club donde poder evolucionar o una clínica de rehabilitación. Afortunadamente, el tenis evoluciona hacia un lugar que refuerza el crecimiento”.

