El día que Del Potro confirmó ser un gigante

Se cumplen 10 años de aquel US Open 2009, donde el argentino levantó su primer Grand Slam tras derrotar de manera consecutiva a Nadal y Federer.

Del Potro, hace una década, celebrando su título en Nueva York. Fuente: Getty
Del Potro, hace una década, celebrando su título en Nueva York. Fuente: Getty

Catorce de septiembre de 2009. Para muchos, una fecha cualquiera, quizá porque no recuerden lo que sucedió ese bendito lunes. Sí, era lunes, las precipitaciones habían obligado a retrasar el programa en Nueva York y la final del US Open se disputaría un día después de lo previsto. Sobre la pista, el gran favorito, Roger Federer en busca de su sexto título consecutivo en Flushing Meadows. Enfrente, un candidato muy peligroso, Juan Martín Del Potro pisando su primera final de Grand Slam con tan solo 20 años. Pasara lo que pasara sería histórico, aunque solamente un bombazo por parte del tandilense representaría un día inolvidable para Argentina.

Ahora que ya les suena aquel 14 de septiembre, todos saben perfectamente lo que pasó. Aun así, contaremos de nuevo el relato como si hubiese ocurrido esta misma noche. El torneo del argentino ya venía siendo apoteósico, incluso la temporada completa. Su nombre había sonado con fuerza en Roland Garros, donde el propio Federer le apeó en semifinales en un duelo de locura a cinco mangas. Durante el verano, tres semanas antes de llegar a Nueva York, Montreal le entregó un subcampeonato que le hizo llegar caliente a la Gran Manzana, donde ni siquiera Rafa Nadal podría frenarle en semifinales (6-2, 6-2, 6-2). El español, por cierto, era la tercera vez que se inclinaba ante Juan en ese 2009, pero el gran desafío llegaría después. ¿De verdad alguien podría vencer a Nadal y Federer en el mismo torneo de Grand Slam? Hasta ahora, ningún jugador lo había conseguido. El problema es que el suizo era un examen aparte, casi una ecuación sin resolver, de hecho, solo el de Manacor sabía en aquel momento lo que era levantarle un major al helvético en el séptimo partido.

Era demasiada la gloria a la que aspiraba Del Potro en un solo partido, pero en ningún momento dejó que las cifras nublaran lo que de verdad importaba: su tenis. Ver a Del Potro golpear en aquel US Open fue sencillamente irresistible. La manera de sacar, su poderío con la derecha, la más larga y temeraria del circuito, además de la explosión de su revés, que ni mucho menos representaba un punto débil en esos tiempos, llega hasta doler si lo comparamos con los cursos posteriores. El argentino era un alma libre liberado de todas las operaciones, dudas y dolores que vendrían a partir de 2010, resultaba fulminante en cada acción, capaz de sacar a cualquier de la pista a empujones. Nadie se acordaba de que ese hombre tan espigado y de paso tranquilo medía 198 centímetros. Jamás en la historia un tipo de 198 centímetros había levantado un título de Grand Slam.

Federer, que no pensaba en nada de esto, salió ya con la sexta marcha puesta, desarrollando su juego y ahogando a su rival sin preguntar. Esa noche tres factores eran claves: restar bien, evitar el drive del argentino y obligarle a jugar cerca de la red, donde no eran tan peligroso. Así se llegó a una situación ideal para el de Basilea, con el 6-3, 5-4 y servicio para el vigente campeón. Todo pudo haberse acabado allí si no fuera porque al número 1 del mundo le temblaron las piernas. Después de 40 triunfos consecutivos en el US Open, el 41º se resistía. El parcial se le termina escapando a Roger en el tiebreak, viendo las tablas de nuevo en el marcador tras dos horas de combate. No era su plan ideal, desde luego. Rápidamente llegó la reacción en el tercer set, pero de nuevo le daría alas al sudamericano perdiendo el tiebreak del cuarto. Cuando regalas tanto y le das tanto aire al partido, corres el riesgo de ver el desenlace del mismo fuera de tu control. Así pues, cuando nadie lo esperaba y con un Roger completamente bloqueado, el milagro se hizo realidad con un 6-2 en la quinta manga que terminó con Del Potro tumbado sobre el cemento de la Artur Ashe. Un gigante sin límites.

Emocionado Juan Martín y emocionado Franco Davin, el técnico que convirtió al de Tandil en un campeón de leyenda. Antes que él, solamente Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Gastón Gaudio habían llevado un premio de esta categoría al país porteño, pero esto serían datos que todavía tardarían unas horas en aterrizar en la mente del nuevo Nº5 del mundo. Número cinco, sí, solamente por detrás de Federer, Djokovic, Nadal y Murray. Un aviso de lo que podría haberse venido en años posteriores de no haber sido por las malditas lesiones. Del Potro se unía a nombres como Sampras, Hewitt, McEnroe y Safin como campeones de Grand Slam antes de cumplir los 20. Era el hombre del momento, llegaba para poner en jaque a los mejores de la época, tenía todas las piezas para destrozar el orden reinante, pero a veces la vida te lleva por caminos completamente diferentes. Eso sí, aquel catorce de septiembre, nunca se lo podrán arrebatar.

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