La historia de Maria Sharapova es una de esas historias que merece la pena conocer, desde sus orígenes en Rusia, su viaje a los Estados Unidos, los problemas que tuvo para ser profesional o su irrupción en el circuito con tan solo 16 años son tan solo las primeras páginas de esta aventura. Por eso aprovecho para recomendar su autobiografía (Unstoppable), libro del que hoy extraigo una de las anécdotas que más me llamaron la atención. Cuando Maria tenía 12 años, una idea cautivó de tal manera a su entorno que a punto estuvo de cambiar toda la película. “Si empiezas a jugar con la zurda, serás imbatible”, le dijo su padre cuando corría el año 1999. ¿Por qué le dijo eso? ¿Acaso Sharapova era realmente una zurda camuflada?
Este capitulo gira en torno a cuatro personas: Maria Sharapova, Yuri Sharapóv (su padre), Robert Lansdorp (su entrenador en aquella época) y Nick Bolletieri. El crecimiento y la evolución de la tenista de Niagan iba por buen camino, incluso ella misma confiesa en el libro que, pese a tener 12 años, ya se veía preparada para llevar a cabo el tenis que deseaba. Era cuestión de tiempo y madurez que su nombre empezara a sonar de manera habitual en el circuito… pero una ilusión fugaz de su padre retrasó brevemente el proceso.
“Si hubieras jugado como zurda desde el primer día que empezaste a jugar al tenis, no habría ninguna jugadora en el mundo capaz de ganarte. Tú deberías ser zurda, pero tranquila, todavía tenemos tiempo de cambiarlo, es una simple cuestión de voluntad. Si empiezas a jugar con la zurda, serás imbatible”, le aseguró Yuri durante una mañana de entrenamientos. ¿Pero por qué esta reflexión tan loca después de tantos años siendo diestra?

El primer motivo era obvio: el golpe natural de Maria se hallaba en el lado del revés. Esa manera tan poderosa de golpearlo con dos manos reflejaba una gran arma de cara al futuro, aunque quizá solo fuera una revelación de lo que realmente había detrás: una zurda en potencia. Ella misma afirmaba sentirse mucho más cómoda por ese lado, lo cual sumado a la propuesta de su padre le hizo entrar en una etapa de confusión.
El segundo motivo viene de más atrás y se encuentra en la pasión que tenía su padre en tenistas como Monica Seles o Jan-Michael Gambill, una especie en extinción de jugadores que golpeaban todo a dos manos. Buscando una segunda opinión, Yuri fue en busca del primer entrenador que tuvo su hija con apenas cinco años: Yuri Yudkin. “Ella saltó a la pista desde el primer día y comenzó a golpear la pelota con la derecha, por lo tanto, ella es diestra. Fin de la historia. Ella misma tomó la decisión cuando tenía 5 años, a esa edad nadie te conoce tanto como tú mismo”, respondió el técnico, desmontando todo el castillo que su padre tenía en mente.
Pero la opinión de Yudkin ya no contaba tanto en aquel momento. Ahora Maria trabajaba a las órdenes de Robert Lansdorp, un gurú del tenis de la época que le acompañó durante los mejores años de su carrera. “No lo sé, creo que ella debería jugar su drive con la derecha, ya que actualmente su revés ya está preparado para ser de los mejores del circuito. Es cierto que tiene una facilidad natural para golpear por la zona del revés y que no todo el mundo tiene por qué golpear a dos manos, aunque esto llevará un tiempo de entrenamiento. ¿Por qué no probarlo?”, subrayó el entrenador de origen indonesio.

Las palabras de Lansdorp fueron suficiente, el experimento tenía luz verde. Allí comenzaron cuatro largos meses de pruebas en los que Maria comenzó a jugar el drive con la izquierda y el revés por la derecha a dos manos. ¿Cuál fue el problema? Su brazo izquierdo apenas tenía fuerza, le faltaban años de desarrollo, por lo que empezó a jugar todo a dos manos. Lo cierto es que la cosa funcionaba, su padre estaba feliz y su hija no estaba del todo incómoda. El problema surgió cuando Nick Bollettieri (director de la Academia donde entrenaba) se percató del cambio y mostró su rechazo. Después de tantos años jugando de una manera, ¿qué necesidad había de cambiar todo el esquema a una edad tan tardía?
Las dudas de Maria aumentaron, en su cabeza se juntaron los dos frentes opuestos, el de Bolletieri y el de su padre. “¿Hubiera sido mi carrera mejor jugando como zurda? ¿Hubiera sido peor? Nunca lo sabremos. McEnroe, Connors o Laver fueron zurdos y no les fue mal”, divaga nuestra protagonista a lo largo del capítulo. Finalmente, tuvo que se Bolletieri, después de una larga noche de entrenamientos, quien apartara un minuto a su joven estrella y le transmitiera la gravedad del asunto.
“Maria, sé que esto es una decisión muy complicada, pero debes elegir un camino ya mismo, sino luego será demasiado tarde. No es una decisión para mi, o para tu madre, o para Robert; es una decisión que te afectará directamente a ti, solamente a ti. Sé que vas a tener mucho éxito en tu carrera, no importa si juegas con la derecha o con la izquierda, pero debes elegir”, expuso el estadounidense. La presión no podía ser más grande: con tan solo 12 años, Maria debía tomar una decisión que le afectaría para siempre durante todos los años de su carrera.
Por lo tanto, el experimento debía llegar a su fin en los próximos días. Sharapova probó a jugar con la derecha, con la izquierda, a una mano, a dos manos, se grababa y estudiaba cada punto débil, cada punto fuerte, hasta que llegó el día en el que tomó una decisión. “Llevo toda la vida jugando con la derecha, ya es tarde para cambiar: ¡soy diestra!”. Aquellas palabras hicieron muy feliz a Bolletieri y no tanto a su padre, aunque valga una anécdota al día siguiente para confirmar el apoyo incondicional que Yuri siempre le brindó a su pequeña.

Sharapova había decidido, pero le pesaba enormemente no haber seguido el consejo de su padre, le atormentaba la posibilidad de no haber tomado la decisión correcta y defraudarle en un futuro. Insisto, tan solo tenía 12 años y su cabeza ya gestionaba problemas de personas adultas. Aquella mañana, mientras desayunaban juntos, Maria no mostró su mejor cara, su mente seguía siendo un mar de dudas, pero su padre encontraría la solución. Yuri cogió una revista y, haciendo como que leía el horóscopo, recitó en voz alta: “En un futuro, la próxima número 1 del mundo tendrá las iniciales M.S. y además… ¡será diestra!”. No se equivocaba.

