Nadie osaría poner en duda que la salud del tenis español es impecable desde hace lustros, con multitud de jugadores en la élite, títulos notables por parte de todos ellos y presencias en las rondas finales de los mejores torneos, pero ¿qué pasaría si Rafael Nadal no hubiera existido? La presencia de una estrella rutilante en la historia del tenis influye sobremanera en la percepción externa del aficionado. ¿Todo el mundo hubiera estado igual de convencido de que el tenis español lleva años en una situación óptima? Quizás las hazañas de los Ferrer, Robredo, Feliciano, Verdasco o Bautista hubieran sido más valoradas en su momento, pero habrían quedado difuminadas en una sensación de desasosiego por parte de sus compatriotas, al ver cómo sus jugadores no eran capaces de alcanzar un gran título. Es lo que le ha ocurrido al tenis francés, una escuela prolífica en jugadores muy competitivos, pero carente de una figura que revolucionara el deporte.
A pesar de ello, una visión racional y global de la cuestión hace ver que el hecho de que un país sea una potencia tenística está relacionado con la cantidad de jugadores que es capaz de situar en la élite; tenistas como Federer, Nadal o Djokovic son genios que salen cada x años, y que pueden tardar mucho en volver a darse; no son tanto fruto de una escuela nacional como de la magia, de un surgimiento esporádico de genios que han sido cultivados con brillantez, por parte de países con recursos y conocimiento para ello. Pero Francia no ha encontrado su referente particular. Las ingentes inversiones de dinero en formación de cantera y desarrollo del tenis base, con entrenadores foráneos y métodos innovadores, ha permitido poblar el top-100 de tenistas galos, pero ninguno con la capacidad para sumar títulos de Grand Slam.
Jo-Wilfried Tsonga, Gael Monfils, Richard Gasquet, Gilles Simon, Jeremy Chardy, Adrian Mannarino, Nicolas Mahut, Julien Benneteau, Lucas Pouille o Benoit Paire han sido, son y, en pocos casos serán, protagonistas del circuito ATP en su zona media-alta. Sin embargo, muchos de ellos afrontan ya la recta final de sus carreras y al mirar al futuro, se encuentran con que su trabajo y sacrificio todos estos años no ha derivado en un surgimiento de nuevos talentos.
"Ha sido una temporada horrible para los tenistas franceses", decía Gasquet hace unas semanas en París. El de Bèziers, es el mejor clasificado a final de año, culminando en la posición 26 del ranking, lo que significa que, por primera vez desde 1996, no habrá ningún jugador galo a final de temporada clasificado entre los 20 mejores del mundo. Dato sintomático de lo que está ocurriendo en un país que, sin embargo, tiene la capacidad de haber ganado la Copa Davis 2017 y ser finalista en la de este año. "Cada vez es más duro el circuito, seguimos teniendo buenos jugadores aunque es cierto que soy pesimista respecto a lo que nos espera en los próximos cuatro o cinco años", argumentaba Simon en palabras recogidas por Ubitennis.
La irrupción prometedora de Lucas Pouille en 2016 se vio frenada en seco en estas últimas temporadas mientras que Ugo Humbert y Corentin Moutet son jugadores de mucho talento, pero parecen lejanos de la flor y nata del tenis mundial de futuro. "No creo que estemos jugando mal, sino que hay mayor competencia. Todavía nos quedan años por delante a buen nivel y tenemos que intentar lograr un gran triunfo", decía sin mucho convencimiento el bueno de Gilles, único tenista francés que ha ganado dos títulos ATP este año (Maharastra Open y Moselle Open), siendo Gasquet, Monfils y Pouille los otros que consiguieron un trofeo de ganador.
A pesar de ello, Francia acaba la temporada con nueve inquilinos en el top-100, solo superada por España (10) y Estados Unidos (11). La Ensaladera cosechada el pasado año fue considerada como el premio a una generación de jugadores que no habían podido ganar un torneo de gran envergadura a nivel individual, mientras que si lograran alzarse campeones de la Copa Davis 2018 supondría un último tributo a unos jugadores que no tienen nada que reprocharse. La Federación Francesa de Tenis deberá replantearse su planificación de futuro si no quiere entrar en una sequía de jugadores de nivel como la que ha tenido Estados Unidos durante años, o en la que lleva sumida Suecia desde hace decenios.

