Lo creo sinceramente. La decisión que ha tomado la ITF de crear una nueva Copa Davis es para aplaudirla por lo valiente, porque cada vez que me pongo a pensar en el futuro de la competición en términos de acogida y seguimiento tengo muchas dudas. Todo puede cambiar desde la novedad de la primera edición, cuya organización modélica y espectacular logre generar expectación, pero de entrada encuentro cogida con pinzas una de las principales razones que motivarían todo lo que ha sucedido y lo que podremos comprobar.
El tema ha sido bien tratado, valorado y opinado por todos los sectores, sobre todo el del aficionado especializado. No se trata de valorar la tradición o la innovación como ideas confrontadas, cómo esencias deportivas dentro de una disciplina históricamente tardía en tomar según qué decisiones., -por qué no decirlo: incluso reacia-, es parte de su identidad de marca como deporte, no cabe duda, sino de ponerse a pensar lo que puede ocurrir con las principales figuras del circuito, que van a seguir señalando su calendario personal y los torneos del Grand Slam y Masters 1000 como la absoluta prioridad.
La primera de las grandes razones que sustentan la modificación reside a nivel federativo, donde los países encuentran financiación y un motivo para adoptar y ver con buenos ojos el panorama que se cierne. La otra gran razón, la que ha motivado durante años la pregunta que ya ha sido respondida, sigue encontrando terreno inestable bajo sus pies. Los mejores jugadores van a jugar la nueva Copa Davis. Los mejores jugadores no van a jugar la nueva Copa Davis.
El rechazo a las cosas tiene siempre un contexto temporal. Muchos jugadores han sido críticos con la desaparición de la Copa Davis a la par que no encontraban el estímulo necesario para hacerle un hueco al formato tradicional. Pedían un cambio. Y puede que dentro de un año surja el compromiso. Sin embargo, de entrada y por ejemplo, Alexander Zverev no le ve sentido a jugar un torneo a finales de noviembre, sin vacaciones y con la pretemporada a la vuelta de la esquina. Como añadido, los jugadores que de alguna manera transforman la visión que tiene un fan de un evento, los que verdaderamente generan pertenencia, los Federer, Djokovic, Nadal, Murray... van cumpliendo años y no sólo se están saltando torneos. Es que se están saltando giras.
El matiz es importante porque las lesiones, mejor dicho, encontrar la manera de escapar de ellas, es medir muy bien sus apariciones. Federer ya no va a dar marcha atrás en aparecer dos torneos y descansar un tiempo semejante. Djokovic y Wawrinka decidieron en 2017, también Nishikori, no comparecer para terminar de recuperarse de graves lesiones. En 2018 va a pasar con Murray y quien sabe si Nadal podrá competir con garantías en este final de año. En 2017 no pudo.
Por mucho que dosifiquen sus esfuerzos, los mejores jugadores del mundo van a necesitar periodos de descanso más prolongados dentro de una misma temporada. Sus campañas no van a tener el mismo significado, pues no van a bajarse de un torneo concreto. La tendencia camina hacia la selección de giras, y eso puede comprometer seriamente su presencia en un torneo que está ubicado tan cerca de las vacaciones, la pretemporada, la Copa de Maestros y el Open de Australia.
Creo que la identidad que dé forma a esta nueva Copa Davis será a través de otros motivos y no gracias a la presencia de las leyendas. Y más inquietante es que esté presente en el ambiente una frase que pronunció Miguel Díaz, Presidente de la RFET, hace pocas fechas: "Creo que si no funciona volverán al formato antiguo". Cuanto menos da para ser escéptico.

