Federer disfruta tocando en solitario

El suizo se venga de su derrota de ayer en dobles castigando a Nick Kyrgios en un partido donde impuso un ritmo y un nivel al alcance de pocos.

Fernando Murciego | 22 Sep 2018 | 23.30
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Era un choque del que esperábamos grandes cosas y, de nuevo, nos dejó con la miel en los labios. Más o menos como el dobles de ayer. Roger Federer aplastó a Nick Kyrgios en el sexto punto de la final de la Laver Cup (6-3, 6-2) en un duelo donde el suizo llevó la iniciativa en todo momento y regaló momentos de magia para la galería. El australiano aguantó hasta el inicio del segundo set, donde una disputa con el juez de silla por la reclamación de una bola terminó de desconectarle por completo. En definitiva, arranque muy descafeinado de esta edición con el Team Europa dominando ya por 7-1 con la mitad de los partidos completados.

Un año después, la Laver Cup volvía a reunir a Roger Federer y a Nick Kyrgios sobre su pista blanquinegra. Esta vez no estaba el título en juego, pero sí un par de puntos que, visto el marcador, bien merecía la pena luchar para retenerlos. El suizo llegaba con ganas de juerga, cabreado por la derrota en dobles junto a Novak Djokovic, enfocado en mostrarle al australiano todos los golpe que este viernes no pudo sacar. Vamos, que a Nick le tocaba pagar hoy los platos rotos de Anderson y Sock.

Lo vimos rápido (porque esto se ve rápido), hoy era uno de esos días. Una jornada en la que el suizo saca la varita, conecta con dulzura cada bola y se saca un par de trucos por juego. La cara de Kyrgios era la de un pobre indefenso y sin ideas, esperando a que parase la tormenta, a que su rival le tendiese la mano y poder así entrar en el partido. Pero cuanto más pensaba el camino para remontar, más aceleraba el de Basilea. El 6-3 se instaló en el marcador en un visto y no visto, con Federer ganando el 95% de puntos jugados con primer saque y sacando el cuchillo en cada bola de break: dos opciones, dos amarradas. ­­­Cuando el helvético juega a este nivel, solo se puede mirar y aplaudir.

En el banquillo discutían Kyrgios y McEnroe las posibles soluciones al banquillo. El estadounidense le intentaba dirigir por el buen camino, aconsejándole bajo la lupa de su experiencia. Mientras tanto, Nick en su interior pensaría: “¿Pero cómo vas a entender lo que te digo si nunca te enfrentaste a este animal?”. Complicado, las condiciones y la dinámica le sonreían al de Basilea y el reloj no paraba de correr. ­­­­­­­­Hubo un tiempo en el que parecía que el de Canberra podía convertirse en una seria amenaza para Roger (lo sabemos quienes le vimos inclinarle en aquella primera ronda en Madrid). Sin embargo, viendo lo sucedido en el US Open y en esta Laver Cup, esa idea ha ido perdiendo fuerza con el paso de los pulsos.

Al final todo acabó de la manera más fea, con una disputa conjunta entre Nick Kyrgios y John McEnroe hacia el juez de silla por una pelota que no les dejó reclamar. A partir de ahí llegaron las caras largas, la apatía durante los puntos y las ganas de que aquello acabase cuanto antes. Final grisáceo para uno de los partidos con mayor expectativa y nuevo golpe sobre la mesa del conjunto europeo en el marcador.