Tras la toma de contacto con la pista durante la jornada del lunes, Andy Murray accedió con mayores garantías para intentar coger ritmo. No tenía un oponente fácil ya que se trataba del cuarto cabeza de serie, Kyle Edmund. Su compatriota, y hombre que este año ya le había ganado sobre el césped de Eastourne. El de Dunblane, no obstante se vengó tras dos horas y 32 minutos con un 7-6(4), 1-6, 6-4.
Los primeros compases del envite transcurrieron de manera tranquila sin que ninguno se estresara con su primer golpe aunque el ex No.1 del mundo, estuvo algo tenso cometiendo dobles faltas. Por suerte para él la situación no pasó a mayores niveles. Ambos lograban altos porcentajes para caminar serenos y sin desgaste. Por lo tanto, los momentos más tensos del parcial llegaban cuando el sol estaba como protagonista sobre la pista central del recinto estadounidense.
El escocés, tuvo al resto una bola de set que no pudo aprovechar. Aquella situación no le trajo pensamientos positivos y finalizó perdiendo su primer golpe en el siguiente turno. Se desesperó pero aquella sensación desapareció enseguida ya que volvió a tener oportunidades. Edmund, por su parte, también colaboró en la acción y con muchos segundos servicios no pudo aguantar la invasión de Andy delante de la línea de fondo y el parcial se llegó a decidir en la muerte súbita.
Allí, la experiencia de Murray fue sobresaliente y se impuso levantando el puño y haciendo sonreír al público que acudió a esta bonita cita. Sin embargo, su situación cambió. Aquellos momentos de inercia positiva y lucha se derrumbaron. No es fácil aguantar más de una hora con la tensión alta y menos para un tenista como él que llevaba bastante tiempo sin competir.
Por lo tanto, Kyle viendo el derretir de Andy aprovechó el momento y navegó en el parcial cosechando dos quiebres. Aun así, la temperatura corporal del escocés no había descendido y continuaba sin perder aquel olfato competitivo.
La cita comenzaba desde cero. Faltaba un set para ver quién se iba a llevar el envite. Pese a que el resultado del segundo parecía bastante sonoro, Murray arrancó el tercero sin cometer los errores que le llevaron a caer en el segundo. Volvió a confiar en su servicio al igual que Edmund. La lucha estaba servida por ambos lados y el público aplaudía cada punto como si no hubiese un mañana.
Con un 3-4 favorable al hombre que lideró el ránking mundial, logró un 15-40 que parecía muy positivo para sus intereses. Sin embargo, Kyle no dio su visto bueno y con dos grandes servicios se salvó para vivir en un choque que iba a volver a recuperar una tensión infinita. Nuevamente, crecía la opción para Murray al resto después de cabalgar sólido con su saque. Durante esta ocasión no falló y a la primera opción de partido que dispuso, cerró el choque y marcó su apellido en octavos de final para medirse a Marius Copil.

