Jelena Ostapenko sigue siendo muy joven pero va cogiendo experiencia en un circuito que va transmitiendo señales concretas. Así, la letona, que comenzó el año con resultados realmente malos, está entendiendo que un gran escenario como Miami puede conectar zonas apagadas en su día a día. La campeona de Roland Garros venció a Elina Svitolina en los cuartos de final para plantarse en las semifinales y hacer de Crandon Park su punto de inflexión.
No siempre puede la letona influir en la rival y en los partidos desde sus propios tiros, y Svitolina representa uno de esos perfiles que exigen un paso por todo tipo de situaciones. No vale con pegar duro y abriendo la pista sino tener que variar, elegir el momento en el que atacar, mantener la cabeza fría y competir en todos los ritmos que el partido te exige. Y así dio un paso adelante Ostapenko ante la ucraniana. El partido fue muy apretado en el marcador pero a su vez pudo Ostapenko sentirse cómoda en muchas fases del mismo, cargando el segundo servicio con agresividad, como a ella le gusta, y generando mucha potencia desde el fondo de pista.
Es precisamente en ese duelo de potencia donde Svitolina cedió algo de terreno y no pudo igualar el empuje de Ostapenko para abalanzarse cuando el partido lo requería. No obstante, si hay que destacar un parámetro del juego en el que más diferencias marcó Jelena fue en la devolución. El partido fue especialmente igualado, muy muy ajustado, pero Ostapenko estuvo más inspirada en ese momento concreto de los puntos. Jelena obtuvo un 44% de los puntos al resto, por el 33% de Svitolina.

Donde se apreció con nitidez la confianza que Ostapenko ha generado en el Miami Open fue en las muertes súbitas, un terreno especialmente relacionado con el feeling personal de un jugador con la competitividad bajo presión. Ganar ambos tie breaks son el fruto de lo que ha ido pasando en Miami a lo largo del torneo, con victorias sin perder un solo set, una de ellas ante Petra Kvitova. Son estos dos triunfos los que ponen a Ostapenko en la senda correcta, en la recuperación de su nombre.
Ostapenko, que restó para perder la segunda manga e hizo el contrabreak, asume lo que puede tener un enorme significado en su temporada. Para una jugadora ciertamente peculiar en su entendimiento y relación con la pelota, acumular confianza en un gran torneo puede suponer su definitivo despegue en 2018.

