La carrera de Juan Martín Del Potro no será recordada como una aventura amable, fácil, o desprovista de obstáculos. Ni mucho menos. Por eso el argentino ha madurado más que el resto y ha aprendido a valorar lo que tiene, lo que estuvo a punto de perder. Hace unos años estaba en un camilla de hospital sin saber si podría volver a coger una raqueta; hoy está en la final del ATP 500 de Acapulco en busca de su 21º título en la élite Mientras tanto, el de Tandil habló con el diario MARCA sobre todas estas cuestiones antes de medirse esta madrugada a Kevin Anderson por la copa.
Cómo no, el gran tema a tratar siempre que el argentino se coloca al otro lado del micrófono son las malditas operaciones. “Cada vez que estaba con un problema de muñeca, estaba número cuatro del mundo y con proyección a pelear por el número uno. Me ha tocado sufrir mucho con las muñecas pero hoy, con todo lo malo del pasado, puedo decir que ni las dos veces que estuve cuatro del mundo ni en el mejor momento de mi carrera pude ganar una medalla de plata en Río y pude ganar la Copa Davis. Quizás todo esto que conseguí ahora no lo hubiera conseguido si no me lesionaba”, destaca el sudamericano, siempre viendo el vaso medio lleno.
“No hay día en que no haga rehabilitación”, explica Juan Marín sobre las molestias que todavía le acompañan. “Siempre tengo dolor pero con mucho amor propio y muchas ganas e ilusión uno trata de acercarse a ese 100% aun sabiendo que nunca lo vas a conseguir. Tal vez mintiéndote a ti mismo pensando cosas positivas o creándote un 100% falso para hacer lo que hago y poder sentirme bien jugando al tenis”, asiente.
Múltiples operaciones y siempre el fantasma de la retirada tras su sombra. “Una vez estuve muy cerca de hacerlo, antes de mi última operación, entre la tercera y la cuarta. Estaba sufriendo no sólo como tenista sino como persona, como cualquier persona que tiene que entrar a un quirófano y sufrir una anestesia sin saber lo que puede pasar después. Estuve cerca de no volver a jugar pero junté fuerzas de donde no creí que las tenía y hoy estoy aquí”, recuerda el argentino.
“Me decían antes que después de estar parado volvería con más ganas pero los años no vuelven y los años que no pude jugar los sufrí mucho más que un año jugando en el circuito. Por todas las cosas que me ha tocado vivir y por todas las cosas que he conseguido no me veo a los 36 años jugando”, confiesa el de Tandil cuando le hablan de ser tan longevo como Federer. “También por una cuestión de salud. Yo mido casi dos metros y no tengo el físico de otros. Es algo muy difícil que me vean jugando a esa edad”.
Roger Federer y Rafa Nadal, otro tema siempre recurrente. Dos que los dieron por muertos y que en 2017 se repartieron los cuatro Grand Slams. ¿Podrían repetir la hazaña esta nueva temporada? “Podría pasar tranquilamente y si no pasa será una cuestión de salud porque tenísticamente ellos dos siguen siendo los mejores”, reconoce el de Tandil, muy cercano tanto al suizo como al español.
No importa que ambos se hayan encargado de quitarle más de un título a Delpo, él sabe bien lo que les debe a todos esos rivales duros que se encontró por el camino. “Yo quiero que Roger nunca se retire y que haga que este deporte sea cada vez mejor. Y lo mismo pienso de Rafa, Djokovic o Murray”, subraya con sinceridad. “A veces se hace difícil imaginar el tenis sin ellos. Soy un privilegiado de haber hecho mi carrera con ellos y nunca me quejaría que sin ellos hubiera tenido una mejor carrera o haber ganado otras cosas. Si me tocara elegir un momento para volver a jugar al tenis sería este”, concluye.

