Maria Sharapova debutó con una victoria más trabajada de lo que pueda decir el marcador que le ha colocado en la segunda ronda del Open de Australia (6-1 y 6-4 sobre la alemana Tatjana Maria). La rusa, fiel a su estilo, dominó dos de los tramos del encuentro con los que cerró su encuentro de primera ronda, sobre la Margaret Court Arena. La exnúmero 1 del mundo supo reconducir la única fase de dificultad que afrontó para evitar la manga decisiva.
Lo hizo tratando de ser la Sharapova de siempre, comenzando de manera vibrante, con una feroz energía y un gran acierto en todos sus tiros. Con una agresividad tremenda al resto, con ímpetu e iniciativa para mandar y terminar por la vía rápida, la siberiana saltó a la pista con muchas ganas y un gran dominio de la escena, que le valió para arrasar en el primer parcial, resultó de manera fulgurante. Aunque cedió su servicio una vez, nada frenó su habitual potencia y su capacidad para abrir ángulos.

Dicha facilidad para generar potencia, mucho mayor que la de su oponente, obligó a la alemana a variar el juego, a formular nuevas preguntas. Así, Tatjana Maria comenzó a irse un poco más a la red, a presionar con bolas bajas la inflexible empuñadura de la rusa, que encontró ahí un bache momentáneo que se tradujo en un parcial de tres juegos que puso a la germana con 3-1 arriba en el marcador del segundo parcial. No fue duradero pero Sharapova tuvo alguna duda. Se quedó pensativo, dejó más errores que en cualquier otro tramo del choque y tuvo que resituarse para remontar.
Y lo hizo. Se aseguró de recuperar el resto sobre primer y segundo servicio, cargó con energías renovadas el segundo saque de Maria y se abalanzó hacia la victoria con un parcial de cinco juegos a uno, clausurando el choque con un 6-4 final que sirve de buen primer paso en su andadura en Melbourne.

