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Roger Federer: “Hablar de favoritos antes de empezar es hablar por hablar”

El suizo se quita la etiqueta de máximo candidato antes de iniciar la defensa del título en Australia. “Alguien con 36 años no debería de ser el favorito”.

Pues sí, para qué lo vamos a negar, ahora mismo cuesta imaginar a alguien que no sea Roger Federer levantando el título de campeón en el Open de Australia. Así lo ven las casas de apuestas, los expertos, el aficionado e incluso los jugadores. Demasiada candidatura para un hombre de 36 años que estuvo casi cinco sin levantar un trofeo de Grand Slam. Pero desde el curso pasado todo ha cambiado, ahora el suizo parte con cierta ventaja sobre sus máximos competidores, una ventaja que él no ve tan clara y que se encarga de frenar justo antes de que arranque su 19ª participación en Melbourne Park.

"Sé que para mucha gente soy el favorito pero también podría serlo perfectamente Rafa después del año que tuvo o Djokovic por el simple hecho de haber ganado seis veces aquí. Hablar de favoritos antes de empezar es hablar por hablar”, explica el suizo en sala de prensa. “Los cuadros siempre son complicados y yo nunca me digo a mí mismo si he tenido suerte o no porque todos saben jugar. Me centro en mis problemas y en mis rivales y no en los que tienen los demás. Con el paso del tiempo soy menos favorito porque alguien con 36 años no debería serlo", subraya.


Un manera de ver el horizonte completamente diferentes a la de hace un año. "Las expectativas del año pasado no son las mismas que las de este, es evidente. En 2017 simplemente me conformaba con estar en Australia, solo el hecho de llegar a tiempo para competir allí ya me hacía feliz. Antes del torneo dije que cualquier resultado sería bueno siempre y cuando no me lesionara y pudiera dejar Australia sin estar de nuevo con molestias y dolores, eso para mí ya significaba una victoria. Y luego pues sucedió este cuento de hadas de ganarlo todo”, recuerda el actual número 2 mundial.

"En Australia siempre han tenido una gran lista de leyendas increíbles que tanto he admirado: Rod Laver, Roy Emerson o Ken Rosewall, por ejemplo. Son solo unos pocos del increíble grupo de muchachos que realmente inspiraron a muchos de los tenistas que hoy todavía siguen en activo dentro del circuito. Entre ellos, yo mismo”, confiesa el helvético, profesional desde la temporada 1998. “Con algunos de ellos tuve la suerte incluso de jugar, como Lleyton Hewitt o Pat Rafter, con quienes tuve la suerte de disfrutar y compartir muchos momentos en pista. Es cierto que nunca pude vencer a Rafter, pero eso no importa, ya saben lo que dicen, que nunca debes vencer a tus jugadores favoritos”, asegura el de 36 años.

“Creo que estoy disfrutando de una magnífica situación en estos momentos, viajando con mis cuatro hijos, con mi mujer y todavía manteniendo el deseo de seguir haciéndolo”, señala el padre de familia, incansable una temporada más. “En mi visión particular, desde joven siempre soñé con hacer algo así, algo parecido. Pero reconozco que no estaba en mis planes seguir peleando a los 36 años y al mismo tiempo, mirar a mi box y encontrar a mis cuatro hijos, a mi esposa, a mi entrenador y a mi fisioterapeuta. Eso, definitivamente, no fui capaz de verlo”, celebra el de Basilea.


"Mi vida ha cambiado a lo grande, ahora es mucho más divertida. Los últimos ocho años de gira han sido sorprendentes y soy tremendamente afortunado de que mi esposa lo apoye todo y de que podamos hacerlo todo juntos”, asegura el campeón de 19 Grand Slams antes de iniciar la búsqueda a un nuevo capítulo glorioso.

En definitiva, que Federer no quiere hablar de favoritos, pero de lo que seguro que no quiere es hablar de éxito o fracaso. "Creo que es algo normal porque hay muchas expectativas este año en mí. Todo el mundo piensa que probablemente tenga una buena oportunidad de repetir éxito debido a que otros tipos, claros candidatos otras temporadas, quizás estén un poco lastimados. Todas estas cosas influyen, pero al final del día recuerdo todas las veces que estuve en esta posición a lo largo de mi carrera. Defender un título siempre es complicado. Si no ganas, todo es muy dramático, pero con el paso del tiempo aprendes a tomar las cosas de la vida tal y como vienen, te centras en hacer las cosas lo mejor posible y si funciona, genial, pero si no funciona pues tampoco pasa nada”, concluye el helvético.