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Medvedev vuelve a perder y desciende a la locura: "Debería empezar a jugar al pickleball"

Nueva derrota para Daniil: llegará al US Open con solo un triunfo en la gira norteamericana... desencadenando un nuevo discurso surrealista en pleno partido.

Medvedev y un último discurso de locura: ¿qué le pasa?

No queda ni rastro del Daniil Medvedev del principio de temporada. Tras un final de 2025 prometedor, el ruso parecía haber recuperado ese esquema valiente y agresivo por momentos, con su servicio como un renovado bastión y enfrentando sin miedo a los mejores del planeta. Nadie compitió mejor frente a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, por ejemplo, en el tramo Indian Wells-Roma, con un triunfo ante el español y duelos muy competitivos en el desierto y la capital italiana frente al italiano: de aquella versión del ruso no quedan, por desgracia, ni los cimientos.

Nunca es tarde para renacer, pero la noche de hoy ha supuesto un nuevo hundimiento en una racha que empieza a ser preocupante. El ruso pidió una invitación a última hora para disputar el torneo de Winston-Salem, en lo que parecía una magnífica oportunidad para recuperar sensaciones antes del US Open. Evento de categoría 250, cuadro amplio para evitar grandes cocos y agarrar algo de confianza: las premisas eran buenas, pero Daniil sigue sin estar dispuesto a sufrir en pista. Él mismo aplicó un diagnóstico severo antes de Cincinnati, apuntando a que mentalmente no era capaz de mantener la exigencia de un partido ATP, una problemática que tampoco pudo resolver en una clara derrota frente a Martin Damm Jr (7-5, 6-3).

¿Qué le pasa a Medvedev? El ruso dejó un discurso de locura antes de volver a perder

Son ya tres derrotas en cuatro partidos para Daniil en esta gira norteamericana de pista dura: su estado de forma de cara al US Open se encuentra, quizás, en el punto más bajo desde que llegase a la élite profesional. El problema va más allá del tenis: está completamente perdido a la hora de afrontar momentos complicados, escondiendo quizás una clara falta de motivación para competir al máximo nivel. Resulta, pues, una cuestión mental que no ha resuelto ni cambiando de equipo de trabajo (despidió a Johansson y su último fichaje para esta gira, Andrey Golubev, no parece estar dando demasiados frutos).

La última del ruso tuvo lugar en pleno partido frente a Damm, protagonizando un discurso que ejemplifica muy bien todas las dudas y fantasmas internos que campan a sus anchas dentro de su cabeza. Lo hizo, además, en inglés, dejando atrás su primer idioma, como si quisiera ser escuchado por el mundo: parece un detalle menor, pero convierte a su discurso en una especie de señal de auxilio. "Quizás debería empezar a competir en pickleball. No es demasiado tarde. Debería jugar con Jack Sock, en dobles. Ahora mismo, cualquier deporte sobre la faz de la tierra es mejor que el tenis. Incluso el curling", apostillaba mientras miraba a los ojos al juez de silla.

El hartazgo de Daniil con el deporte de la raqueta viene de lejos: ha declarado en varias ocasiones a lo largo de los últimos dos años que ha perdido la frescura y el hambre que tenía cuando era un adolescente, la imprevisibilidad de aquel tipo que no tuvo miedo en desafiar a Nadal o Djokovic. La potencia de las últimas generaciones, la dificultad de evolucionar dentro de su heterodoxo estilo de juego y su imprevisible carácter han añadido gasolina a un incendio de difícil extinción. ¿Logrará sofocarlo antes del US Open? Tic, tac.