Una década sin sabor latino en Masters 1000

Se cumplen diez de la conquista de David Nalbandian en París 2007, el último torneo de Masters 1000 capturado por un tenista sudamericano.

Son diez, mucho tiempo como para no llevarse las manos a la cabeza. Desde su creación, los Masters 1000 siempre tuvieron un claro propósito, asentarse como una categoría ultra competitiva que solamente se viera superada por los Grand Slams. Esta idea, cumplida a rajatabla cada temporada, ha dejado a grandes leyendas liderando las tablas y a otros no tan afortunados con la miel en los labios. Como por ejemplo, los tenistas sudamericanos. Argentinos, brasileños, chilenos o colombianos, no importa, seguro que todos se emocionan recordando aquella corona mágica de David Nalbandian en París 2007 que esta semana cumple justo una década. Sí, insisto una vez más, diez años. En total, 90 torneos de Masters 1000, noventa oportunidades para intentar emular al ‘rey David’ que no llegaron a buen puerto para el tenis de Latinoamérica. De hecho, apenas hubo intentos.

Cierto es que lo que hizo Nalbandian fue harina de otro costal. No solamente ganó en París, sino que suyo también fue el anterior Masters 1000 disputado, el de Madrid. En la capital española se deshizo de Clement, Berdych, Del Potro, Nadal, Djokovic y Federer. Luego fue a Basilea a perder en primera ronda con Wawrinka. La semana siguiente, ya con el descanso asegurado, inclinó a Almagro, Moyá, Federer, Ferrer, Gasquet y Nadal en la capital francesa. Dos Masters 1000 consecutivos para firmar un final de temporada apoteósico que muchos pensaron sería el inicio de una etapa dorado para el tenis latinoamericano. Hoy, diez años después, todavía alguno maldecirá al cielo pensando en aquel pronóstico tan equivocado.

Desde entonces, no es que Nalbandian busque sucesor, es que todavía busca un candidato serio. En diez años, tan solo dos jugadores sudamericanos lograron alcanzar la última ronda en un torneo de Masters 1000. El partido por el título, vamos. Uno de ellos fue el propio Nalbandian un año después de su glorioso 2007. El de Córdoba repitió final en París 2008 pero no pudo ante una joven promesa local llamada Jo-Wilfried Tsonga, quien ya había alcanzado ese mismo año la final del Open de Australia. El otro hombre que se quedó a las puertas fue Juan Martín Del Potro. En total fueron tres oportunidades: Montreal 2009 (pierde con Andy Murray), Indian Wells 2013 (pierde con Rafa Nadal) y Shanghai 2013 (pierde con Novak Djokovic). El trío calavera, menos mal que a Roger Federer, el cuarto en discordia, sí pudo arañarle el US Open de 2009, pero en Masters 1000… de momento sigue sin estrenarse.

De 2007 a 2017, un salto de diez años que preocupa tanto como la situación actual. Esta temporada, por ejemplo, ¿qué han hecho los sudamericanos en torneos de esta categoría? Lo mejor que vimos fue a Pablo Cuevas llegar a semifinales de Madrid (donde perdió ante Dominic Thiem) y a Juan Martín Del Potro alcanzar idéntica ronda hace unas semanas en Shanghai (donde se despidió ante Roger Federer). Suena pobre, insuficiente, pero claro, si miramos el ranking entendemos los motivos. Por debajo de Del Poro y Cuevas solo tenemos a Diego Schwartzman (cuartofinalista en el US Open) dentro de los 50 primeros del mundo. Vale que los Masters 1000 sean torneos difíciles desde primera ronda, pero vale que también hace falta una mayor presencia de estos jugadores en la élite.

Al final, como siempre, Juan Martín Del Potro seguirá siendo el máximo exponente para acabar con esta sequía. Pero ojo, que Argentina no es el único país necesitado. Ni siquiera toda Sudámerica. ¿Qué pasa con Asia? ¿O con Australia? De África ya mejor ni hablamos. La clave está en ver que en estos últimos diez años, todos los Masters 1000 disputados fueron conquistados por jugadores europeos. Todos excepto uno, Miami 2010, donde Andy Roddick aprovechó una semana fantástica que hoy parece un oasis en el desierto. El futuro dirá si esta nueva dinámica se instala para siempre en la ATP o algún día llega un cambio de rumbo. Lo que sí es innegociable es que el sabor latino se echa y mucho de menos en el circuito.

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