Toni Nadal: “Rafa sabe que seguiré a su lado, pero de otra forma”

El tío del actual número 1 del mundo repasa lo mejor y lo peor de su trabajo con Rafa a lo largo de todos estos años en una entrevista imperdible.

Fernando Murciego | 17 Sep 2017 | 13.00
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Rara es la vez que hable Toni Nadal y no diga algo interesante. En esta ocasión, el tío y entrenador del mejor tenista español de la historia lo ha dejado en todo lo alto con una entrevista para el diario catalán El Periódico donde repasa algunos momentos de su carrera como técnico junto a su sobrino y una cosecha de 16 Grand Slams como equipo.

Toda esta historia empieza en el Club de Tenis Manacor, concretamente, en la Pista 2. “Entonces esta pista era de cemento. Aquí pasó de chutar el balón con su padre a pegar raquetazos conmigo. Desde que le vi por primera vez con una raqueta pensé que tenía algo especial. Me sorprendió. A los seis años venía cada día a entrenarse y veía que lo hacía bien, que tenía posibilidades y mi objetivo era que llegase a ser número uno del mundo”, recuerda Toni. “En la vida creo que hay que valorar la realidad y la ilusión. Una se alimenta de la otra. Siempre estuve ilusionado en que mi sobrino fuese muy bueno y puestos a soñar, ¿por qué no sueñas en lo más alto? Siempre hay que tener la máxima ilusión y creer que uno puede ser bueno”, añade el tío más famoso del mundo del tenis.

“La apuesta arriesgada fue dejar mi trabajo de entrenador en Manacor para dedicarme a mi sobrino. Lo decidí cuando tenía 10 años porque Rafael ya despuntaba y pensaba que era necesario que tuviera un seguimiento exclusivo para acompañarle en los torneos y entrenarle. El riesgo era mío y la ilusión de los dos era competir y ganar torneos”, confiesa con valentía sobre la mejor decisión que pudo haber tomado. Pero Rafael ya no es aquel niño tímido que prometía grandes éxitos, ahora todo ha cambiado en él y en su entorno.


“Ha ido cambiando con el tiempo, eso es normal. No se puede estar igual durante 30 años. No actúas igual con un chico cuando tiene 10 años que cuando tiene 20 o 30...Cuando Rafael era pequeño yo debía tomar las decisiones de lo que se tenía que hacer, si iba a un torneo o a otro, si entrenábamos dos o tres horas, pero a medida que ha crecido hemos compartido más las cosas, también las decisiones, y hay más gente que interviene”, asiente Toni, quien tuvo que hacer frente a la crítica en varios momentos de este viaje. “Yo soy de Manacor y la gente puede pensar: «¿Éste hasta dónde está preparado?» Cada uno tiene su criterio. Pero toda mi vida he creído en mí mismo y, aunque no presumo, sí que siento que soy una persona bastante capaz. Entiendo que cada vez participe más gente en el proceso y mi aportación sea menor. Nunca he tenido la pretensión de decidir lo que no me toca decidir. Yo doy mi opinión, pero si no me escuchan es su problema”, valora.

“Doy el máximo valor a la formación de la persona, a la educación. Eso es fundamental”, responde cuando le piden que se defina como entrenador. “Luego en la pista el jugador no siempre hace todo lo que quieres. Por ejemplo, a mí no me gusta que Rafael pegue el golpe por arriba, me gusta más como lo hace Federer. De pequeño era una exageración lo que intentaba que cambiara sus golpes, pero luego me decía: «Si no está roto no lo arregles»”, prosigue. “Tener una buena técnica es lo principal, eso es lo que digo aquí en la academia: primero la técnica, después ya mejoraremos la cabeza o el físico. De hecho, cuando Rafael jugó mal fue porque le fallaban los golpes. Pero tampoco hago demasiada teoría. Mi criterio es la lógica. El tenis no es tan complicado. Hay que adaptar el juego a las características del jugador. No entrenaría igual a Federer o Djokovic”, destaca el único entrenador del mundo en conquistar 16 Grand Slams.

Tanto tiempo juntos por el mundo le has llevado a tocar el cielo, aunque también alguna disputa en el trayecto. “Durante años tuve una discusión tenística con él para pedirle que le pegara a la bola más adelante, pero él me decía que la sentía mejor detrás y yo le mostraba vídeos de Federer, de Djokovic, de Verdasco, que pegaban a la bola como le pedía yo. Rafael me decía que Steffi Graf lo hacía como él. ¿Y quién tenía razón? Pues Rafael, porque jugando así ganaba. Pero mi criterio no era equivocado tampoco y le insistía que en un futuro debía evolucionar y pegarle más adelante porque era mejor y más fácil. Otro tema es que digas que así te sientes más a gusto”, analiza el técnico.


Pero si algo no ha perdido en todos estos años Toni Nadal ha sido la fe, ni siquiera en los peores momentos. “Estaba convencido de que volvería a ganar Roland Garros y se lo dije a mi hijo en el 2015, cuando las cosas iban mal. Me lo recordó hace unos días. El año pasado ya habría conseguido ganar si no se hubiera lesionado. Cuando hablo procuro no engañarme. Personalmente pienso que Rafael es el mejor en la tierra, otra cosa es en pista dura, pero una vez Djokovic y Murray desaparecen por sus problemas sé que Rafael sabía que era uno de los máximos favoritos al título en Estados Unidos, contando con Federer, eso sí. Es más, pienso que este último Grand Slam es el que más fácil ha ganado de todos, viendo los rivales que ha tenido y por su gran nivel de juego. Sufrió un poco al principio, pero el único rival complicado de verdad ha sido Del Potro, el resto estaban muy por debajo en la clasificación”, comenta días después de conquistar su tercer US Open.

Para Toni, ya no queda nada que demostrar ni que aportar, por eso se va. Por eso deja a su sobrino en buenas manos para seguir animándole desde otra perspectiva. “Me voy porque tengo ya una edad, 53 años, y quiero estar más cerca de mi familia. Entrenaré en la academia. Haré lo que más me gusta. He sido muy feliz por acompañar a Rafael todo este tiempo. Me siento feliz y orgulloso de lo que ha conseguido y aún conseguirá. Él sabe que seguiré a su lado, pero de otra forma y que me tendrá si me necesita”, concluye.