Llegará un momento en que la normalidad deje de ser noticia, en que olvidemos esos años en los que cuatro superhombres se repartían todos los grandes títulos y eran capaces de imponer su ley tanto en Grand Slams como en Masters 1000. Juan Martín Del Potro, Marin Cilic y Stan Wawrinka (en tres ocasiones) han sido los valientes que han sabido filtrarse por las rendijas de los más grandes para romper su hegemonía en los majors, pero ha sido mucho más complicado en los Masters 1000.
Antes de que Alexander Zverev y Grigor Dimitrov hicieran saltar todos los pronósticos en Roma, Montreal y Cincinnati, el dominio de Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray era aplastante en estos eventos. Tanto es así que de los últimos 28 Masters 1000 disputados, 24 de ellos cayeron en manos del suizo, el español, el serbio o el británico. Además de los citados Zverev y Dimitrov, tan solo Marin Cilic pudo dar cierta variedad a los ganadores de estos eventos, al proclamarse campeón en Cincinnati 2016.
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Jo-Wilfried Tsonga (Toronto 2014) y Stan Wawrinka (Montecarlo 2014) fueron los otros héroes que pusieron en tela de juicio al cuarteto más dominador de la historia. Los escalofriantes datos sobre este dominio no se reducen a unos pocos años, sino que desde 2005 hasta hoy, 96 de los 115 torneos de Masters 1000 disputados han caído en manos de Roger, Rafa, Novak o Andy. Con estas cifras se puede entender el mérito que tiene lo realizado en 2017 por el alemán y el búlgaro.
El mal momento de forma de Djokovic y Murray ha favorecido la posibilidad de que los outsiders encontraran la gloria. Lo más curioso de todo es que las victorias de Zverev y la de Dimitrov se han producido de forma consecutiva. Alexander se proclamó campeón en Roma aprovechando la ausencia de Roger, el mal estado de forma de Murray, y la derrota inesperada de Nadal ante Thiem; el teutón hizo valer su talento ganando a Djokovic.
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Repitió hazaña en Montreal, ante las ausencias de Andy y Novak. El alemán se impuso a un renqueante Federer en la final, presentándose sus credenciales para seguir creciendo como jugador. Dimitrov se hizo con un atípico Masters 1000 Cincinnati, en el que ninguno de los cuatro grandes dominadores del circuito llegó ni siquiera a semifinales. La última vez que hubo tres Masters 1000 consecutivos ganados por jugadores que no fueran ningún miembros del Big Four, se produjo en 2004.
Por aquella época, Murray no había dado el salto al circuito ATP, Djokovic disputó tan solo cinco partidos de la máxima categoría y Nadal tenía solo un título en su haber. El único que ya dominaba, o comenzaba a hacerlo, era Roger Federer. El suizo empezó la temporada con 11 títulos, los mismos que ganaría ese mismo año. Esto pone de manifiesto la calidad de un cuarteto simplemente histórico; André Agassi (Cincinnati), y Marat Safin (Madrid y Paris) fueron los últimos que lograron lo alcanzado por Zverev y Dimitrov en este 2017.
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¿Podrá el Big Four recuperar su hegemonía en estos torneos o se abre una ventana de oportunidades para los jugadores de la segunda línea? El siguiente Masters 1000 será el de Shangai, con una lucha encarnizada por clasificarse para la Copa de Maestros, Djokovic ausentes, Murray en incógnita y Nadal y Federer fatigados tras un año extenuante y prolífico en esfuerzos y éxitos. El plantel de jugadores que podría aprovechar la situación es amplia y talentosa.

