Johanna Konta es la gran esperanza del tenis femenino británico. En 2017 se cumplen 40 años del último tirunfo local en Wimbledon, cuando en 1977 Virginia Wade alzó la "Rosewater Dish" al cielo londinense.
Cuatro décadas después, Konta llega al All England Lawn Tennis & Croquet Club entre las diez mejores tenistas del planeta y con opciones reales de hacer algo grande en el templo del tenis mundial.
“Cuando era joven, asociaba jugar al tenis con vivir momentos históricos, estar en esas batallas épicas y salir victoriosa de ellas. Eso es lo que veía y a lo que aspiraba”, afirmó la número uno británica en una entrevista con The Guardian.
“No veía el tenis como una forma de ganarse la vida hasta los 18 o los 19 años. Todavía conservo en cierta medida esa mentalidad infantil. Juego porque quiero ser parte de la historia”.
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A pesar de su gran ambición, las victorias no lo son todo para la jugadora nacida en Australia. “Para mí los resultados no lo son todo. Mi salud y la de mi familia son mucho más importantes. ¿Qué pasa si pierdo un partido? En el tenis tenemos suerte de volver a tener otra oportunidad a la semana siguiente. Muchos otros deportistas solo tienen una oportunidad en años”.
De vuelta a las esperanzas locales puestas sobre ella, Konta no parece demasiado preocupada por la presión. “Obviamente sientes nervios cuando sacas para ganar un partido o un torneo. Especialmente cuando estas en un escenario ante miles de personas. No solo sientes tus nervios, sino también los de todo el público. Si algún día estoy en disposición de sacar para ganar un Grand Slam seguro que los nervios estarán ahí”, concluyó.

