Se habla mucho de que las condiciones del tenis se han homogeneizado de manera abrumadora. Ya no existen especialistas en función de la superficie. Atrás quedaron, claro, las diferentes estrategias a seguir dependiendo de si se juega en arcilla, hierba o cemento: todo se basa en pegar duro, en golpear primero, en pillar desprevenido al rival en base a la potencia y la fuerza. Los perfiles dentro del top-50 están cada vez menos diferenciados... y, a pesar de todo ello, a sus 37 años sobrevive un tipo capaz de estar siete años sin lograr una sola victoria en un gran torneo sobre arcilla: Adrian Mannarino.
En la jornada de hoy, el galo tenía una nueva oportunidad de redimirse y cortar una racha que empieza a tomar tintes históricos. Se medía a Damir Dzumhur en su debut en el ATP Roma 2026, un partido nada sencillo (precisamente el bosnio podría ser uno de esos pocos 'especialistas', un hueso duro de roer que gana enteros en superficies lentas), pero ante alguien "de su misma liga" (o, incluso, si nos fijamos en el ranking, de una liga menor). ¿El resultado? 6-4 y 6-0 en contra. Rosco incluido, por si no era suficientemente doloroso: el microcosmos de una historia que empieza a dejarnos más que atónitos.
Mannarino acumula siete años sin ganar un partido de Masters 1000 o Grand Slams en arcilla... incluyendo fases previas
Cuando la dificultad se recrudece y aparecen las grandes plazas de tierra batida, el tenis de Adrian Mannarino se diluye como un azucarillo. Es un bajón que podría coincidir de manera lógica con su declive: esta increíble racha de derrotas se corresponden con sus años como treintañero, quizás un aviso de que el cuerpo ya no da para más. El tema, claro, es que fuera de la arcilla Adrian sigue brillando, mucho más a cuentagotas, pero con la capacidad de aguantar su lugar en el top-50 gracias a una más que meritoria segunda semana del US Open y una reciente final en el ATP 250 de Montpellier.

En arcilla todo eso, claro, se va al garete. Los fríos datos son increíbles: a lo largo de siete años, e incluyendo partidos de fase previa, Mannarino acumula 24 derrotas seguidas sobre arcilla en Masters 1000 o Grand Slam. Su último triunfo tuvo lugar en primera ronda de Roland Garros 2019, cuando tumbó en un disputado partido a cinco sets a Stefano Travaglia. Dos días después, un compatriota y amigo como Gaël Monfils le apeó en segunda ronda... e inició una tortura que aún no conoce final.
Dentro de esta espiral, algunas derrotas llaman poderosamente la atención: caídas contra jugadores más allá del top-100 como Giulio Zeppieri, Luca Van Assche, Hugo Dellien, Ivan Gakhov o Carlos Taberner; una derrota frente al Carlos Alcaraz más primigenio (en Madrid 2021, justo antes de ceder frente a Rafael Nadal); una especial alergia al Masters 1000 de Madrid, donde la altura suma una variante de descontrol que le ha hecho no ganar un solo set allí desde ¡2019!, y un total de apenas seis sets ganados en 24 partidos. Son datos que, llegados a este punto, casi no encuentran explicación lógica.
El último superviviente de un tenis de antaño
Las características que rodean al tenis de Adrian Mannarino le convierten en el perfecto último mohicano de épocas pasadas, donde números uno eran incapaces de sumar una sola victoria en una superficie odiada (Thomas Muster jamás ganó un partido en Wimbledon). Es el último reducto de otros tiempos gracias a lo especial de su tenis: el jugador que encuerda a menor peso de todo el circuito (entre 9 y 11 kilos, sin apenas imprimir fuerza a sus golpes), quien menor 'esfuerzo' hace en cada golpe, encuentra en la arcilla, superficie de guerreros y gladiadores, su gran kriptonita.
Por el camino, eso sí, victorias en torneos menores... pero incluso éstas son difíciles de explicar: si en Madrid Mannarino entra en una pesadilla constante, en Ciudad de México, a una altitud aún mayor (2,240 metros sobre el nivel del mar) fue capaz de hilvanar tres triunfos en un Challenger (ante oposición menor, eso sí, pero alcanzando las semifinales); son sus últimas victorias en tierra batida y datan de abril del año pasado, acumulando ya 13 caídas consecutivas, a cualquier nivel, con nombes como Max Wiskandt (485 del mundo), Vitaliy Saschko (253 del mundo) o Gonzalo Bueno (327) entre sus verdugos. Ni tan siquiera eventos de menor enjundia, el bajar a la segunda categoría del circuito, salva el honor de un tenista atrapado entre dos mundos, de un veterano de guerra que nos deja uno de los datos más singulares del circuito. ¿Romperá la racha algún día antes de su retirada?

