Rafael Nadal jugará sus segundas semifinales del año, esta vez en Acapulco, al doblegar al japonés Yosihito Nishioka en dos mangas, 7-6 6-3, en un encuentro muy trabado, de sensaciones encontradas, con un arranque muy irregular, errático y complicado, y un desarrollo y posterior desenlace algo más calmado y lineal. El balear luchará ante Marin Cilic para entrar en la final.
Siempre fue en el arranque más importante el marcador que las sensaciones para Nadal. En cuanto a lo segundo, todo el primer parcial fue bastante elocuente. El balear no encontró acomodo en la pista con continuidad, recuperando aquella irregular versión desde la que un acierto en elección y ejecución era sucedido por un error grave, dobles faltas incluídas. El número 6 del mundo se vio superado momentáneamente por la mayor consistencia de su rival, que llegó a dominar 4-2 arriba.
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A priori, por su efecto en el drive y su mayor envergadura, el español no debería de tener excesivos problemas para llevar la iniciativa ante el menudo Nishioka, rapídisimo pero con serias dificultades para cubrir la pista ante cada cambio de dirección, principalmente por un tema de alturas y alcance. Sin embargo, Rafa se atragantó en numerosos momentos, sobre todo con su drive, con el que cometió 12 de sus 20 errores no forzados en la primera manga. Como le ocurre a Federer con Donskoy, no haber jugado nunca frente al japonés pudo serr una razón de peso a la hora de interpretar el partido, de reconocer patrones competitivos al otro lado de la red.
Consciente de que el golpe definitivo y la capacidad para pasar de una marcha menor a otra mayor corría de su lado, el español no desespera y rompe e iguala a cuatro juegos, entrando en un partido nuevo que se desnivela en la muerte súbita, donde Nadal pasa al frente y se libera táctica y mentalmente. El partido es labrado por las características de los dos, el ir y venir del balear, que tiene que remar ante la ausencia de motor.
En la segunda manga los tiempos y los hechos tienen más lógica a tenor del ranking. No se produce una diferencia grande en cuanto a juego pero una rotura le sirve a Rafa para mandar con algo más de tranquilidad, sin tanta irregularidad en los impactos y más continuidad con el servicio, muy desconectado en el primer set. De menos a más, Nadal cerró el partido algo más suelto y decidido a no volver a enmarañarse, chocando con Cilic en semifinales.

