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Pase lo que pase el domingo, voy a llorar

Nadal o Federer, Federer o Nadal. El próximo domingo, uno de los dos será campeón en Australia y pase lo que pase, gane quien gane, estoy seguro de que voy a llorar.

Lloraré. Es que no tengo dudas de que será así. Rafael Nadal o Roger Federer, uno de los dos, el próximo domingo saldrá campeón del Open de Australia. Uno ganará y otro perderá. Esto es demasiado dramático y pase lo que pase, gane uno u otro, tras el último punto, estoy seguro de que voy a llorar.

Ni en mis mayores sueños podría haber pensado que Roger Federer y Rafael Nadal iban a protagonizar la final del Open de Australia. Volvían tras mucho tiempo parados y lesionados, y todos nos hubiéramos quedado contentos si hubieran pasado a la segunda semana, pero sean sinceros, al igual que yo, todos pensaban que lo normal era haber visto a Andy Murray y Novak Djokovic en la lucha por el título. Pero esto es un regalo que nos ha dado la vida y que no sé yo hasta qué punto podremos soportarlo.

Porque fans de Federer y fans de Nadal hay miles, decenas de miles, cientos y cientos de miles. Uno de esos grupos celebrará la victoria el domingo y el otro se lamentará por la derrota. Uffff, esto es demasiado para el body. Todos soñábamos con que nuestro ídolo repitiera una final de Grand Slam, pero nunca jamás que lo hiciera ya en este Open de Australia y mucho menos, pero eso ya que sí que ni de coña, que se enfrentaran el uno al otro en la final. Me lo dicen antes del torneo y le hubiera dicho que estaba loco.

Es demasiado dramático. Los dos tenistas han pasado por mucho, muchísimo, para llegar hasta ahí, y los dos por igual se lo merecen. Ojalá la Copa se pudiera romper por la mitad y que los dos salieran campeones. Creo que sería lo más justo, después del trabajo que han hecho y del torneo que se han marcado en Melbourne. Pero lamentablemente, no puede ser así.

Español y suizo se han echado flores el uno al otro durante estos últimos meses. 2016 fue el primero en muchos años que no nos daba un Federer-Nadal y el destino nos ha premiado la espera con este pedazo de partido nada más comenzar el 2017, que hará que o bien uno sume 15 grandes o el otro alcance los 18. Historia viva de nuestro deporte.

Quizá Federer y Nadal se desearían mutuamente que cada uno ganase más Grand Slams. Llevamos meses oyendo buenas palabras entre los dos y a todos se nos caía la baba cuando se reencontraron en Manacor para la apertura de la Academia de Rafa. Ahora, esas palabras deberán guardarse momentáneamente en el cajón porque los dos luchan ahora por sumar otro grande más a su saco, justo cuando casi pensaban que sería ya un sueño prácticamente inalcanzable.

En el Tenis actual, con la cantidad de grandes jugadores que cohabitan en el circuito, será difícil saber si volverán a encontrarse en otra final de Grand Slam. Es por ello que lo darán todo. Se dejarán la piel. Roger aunque no pueda volver a andar en 5 meses, tal y como él mismo dijo, y Rafa después de desgastarse hasta prácticamente el límite ante Dimitrov.

El paso del tiempo y el cambio de trono en el circuito masculino quizá haya unido más que nunca a los fans de Federer y Nadal. Han caminado juntos durante los últimos años y el próximo domingo volverán a tener que dividirse porque desde Roland Garros 2011, estos dos monstruos no se encontraban el último domingo de un Grand Slam. Casi 7 años esperando este momento. Casi ná.

Yo no sé qué pasará el domingo. Si Nadal impondrá su superioridad sobre Federer, ya que casi siempre le gana al suizo; si será Roger quien aproveche que llega algo más descansado, ya que Rafa llega muy fundido tras su paliza ante Dimitrov... no tengo ni idea. Yo tan sólo quiero decir que aprovechemos este magnífico regalo. Porque este partido es un regalo para todos. Un regalo que quién sabe si no volverá a darse de nuevo en la disputa por un título de Grand Slam. Y por ello, debemos disfrutar. Disfrutar dentro de todo el dramatismo que viviremos. Vengan a nosotros cajas de tila y piquitos de uñas en nuestros dedos.

Eso sí. Tengo claro que pase lo que pase, gane quien gane, el próximo domingo voy a llorar. Puede que de emoción, puede que de tristeza o puede que de alegría. O también, puede que de todo a la vez.