El Oro no se toca

Andy Murray se consagra ante Juan Martín Del Potro como el único jugador de la historia capaz de revalidar una medalla de oro olímpica en categoría individual.

Fernando Murciego | 15 Aug 2016 | 02.24
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Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, un tenista logra dos medallas de oro en modalidad individual. Ha sido Andy Murray quien, además, lo ha hecho de manera consecutiva. El campeón de 2012 reeditó su guión en 2016 con el mismo final tras superar a Juan Martín Del Potro (7-5, 4-6, 6-2, 7-5) y encadenar así doce victorias consecutivas en el terreno. Una proeza nunca antes vista que vuelve a poner a Gran Bretaña en lo más alto del cajón, acompañada honorablemente por Argentina y Japón a sus extremos. Fue una final intensa, de mucho desgaste pero de poco brillo. Un tren que pasa cada cuatro años y que es difícil dejar escapar. El de Dunblane lo agarró de nuevo y el de Tandil se tuvo que conformar con el segundo vagón.

La novedad de los cinco sets colocaba a la final desde una perspectiva diferente. Del Potro llegaba hasta el segundo domingo de competición después de vencer a Novak Djokovic y Rafael Nadal con una carga emocional que todavía desprende en cada declaración. Pero no solo eso, tres mangas ante Sousa, otras tres con Daniel y, en general, un buen saco de minutos extra en pista que su rival de hoy. Murray tampoco llegaba impoluto al desenlace definitivo, Fognini y Johnson le habían encontrado las cosquillas, pero ni mucho menos aterrizaba dejando atrás batallas épicas merecedoras de unas dignas vacaciones. Esos encuentros que te restan energía y a la vez te insuflan adrenalina.

Los primeros intercambios dejaron una sensación terrorífica de la superioridad que podría llegar a ocupar el escocés en el caso de tener la solidez que le caracteriza. Devolviendo siempre una bola más, moviendo a su oponente por todo el rectángulo, exprimiendo más si cabe el depósito argentino, pareció que esta final pudiera resolverse sin apenas pelea. Con ambos jugadores combinando breaks, fue Murray quien se puso 4-1 arriba mientras agarraba la etiqueta de favorito que todos antojábamos. Todavía sudaría Juan Martín en esta primera manga para situarse a la misma altura que el vigente campeón, hasta que con 6-5 en contra sucumbió ante la regularidad personificada.

Andy viajaba en modo diésel, sin necesidad de brillantez, pero le valía. Su revés no funcionaba como de costumbre y aun así, ahí tenía el primer golpe de la noche, a dos sets del oro olímpico. Del revés del tandilense poco que añadir que no sepamos ya, nunca fue su mejor arma y hoy, después de varias operaciones, es difícil que se convierta en amenaza. Le faltaba hacer daño por esa área y así lo hizo. Seguramente su primer revés ganador, paralelo cómo no, le daba la ruptura que necesitaba para afrontar con mayor confianza la reválida. El 141 del mundo saltaba del banco para ponerse 2-0 y ya no soltaría esa ventaja hasta el final del parcial. Su drive siguió dibujando ángulos imposibles desgastando la paciencia del británico, confirmando que mientas las rodillas no le fallasen, la pelea seguiría latente.

El marcador igualado a un set ya era mucho más de lo que algunos imaginaban. Casi tres horas de partido y todavía faltaban, como mínimo, dos parciales por delante. Pero no caería esa breve. Desgraciadamente, el factor físico acabaría siendo la pieza fundamental para terminar este puzzle en el que solo podía quedar uno. Hasta el 2-2 aguantó el argentino, ya no volvería a sumar un juego más en esta manga. El mensaje era evidente, como bien apuntábamos en el primer párrafo. La final no se ganó este domingo, sino en los días previos, donde Del Potro tuvo la “mala” suerte de toparse con dos leyendas que le robaron la batería titular para hoy jugar con la suplente. O se plantaba el mismo Jesús en el Centro Olímpico de Tenis o la medalla de oro volvería a hablar inglés.

No sé si fue Jesús, si fue un milagro o fueron las dos, pero Del Potro arrancó el cuarto set con una solo idea: morir matando. Sobre la pista ya no se jugaba con la raqueta, ni mucho menos con la cabeza. Era el alma lo único que podía tirar ya de Juan Martín, eso y una hinchada que no se cansó de portarlo en volandas. Sí, en Brasil. Cuatro juegos y cuatro breaks, los nervios también hicieron acto de presencia en Río. Y entre rupturas, avisos y confirmaciones, el de Tandil llegó a una posición que nunca pensó en tener tan cerca, un 5-4 y servicio. Si ganaba su saque se irían al set definitivo, estaba en su mano. Pero falló. La oportunidad que tanto había buscado se escapó y el encuentro acabó por romperse. Ahí Andy ya no perdonó y las medallas tomaron su posesión.


Queen’s, Wimbledon y Río. Tres títulos consecutivos, 18 victorias al hilo. Este es el mejor resumen que se puede hacer de Andy Murray desde que volvió a trabajar con Ivan Lendl. Ningún hombre había disputado nunca dos finales individuales en terreno Olímpico. Él ha sido capaz, no solo de alcanzarlas, sino de ganarlas. Contra Federer en 2012 y ante Del Potro en 2016. Los Juegos Olímpicos vuelven a tener un nombre propio, indiscutible, irremplazable. Y así será hasta que Tokyo nos abra las puertas en 2020. No veo el momento de que llegue la fecha.