Todo, menos malos perdedores

Esta es la carta de un colombiano indignado luego de la retirada de Santiago Giraldo, que le daba la clasificación a Chile en la Copa Davis.

Punto de Break | 18 Jul 2016 | 09.32
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Lo que vi este domingo me dejó no sin palabras, sino con la desilusión más grande que he tenido que presenciar desde que sigo el tenis y que toca las fibras de lo que siento por mi país. Soy colombiano, mi nombre es Sebastián Arias y escribí estas líneas luego de que Colombia perdiera la serie de Copa Davis ante Chile en Iquique. La derrota es lo de menos, lo que realmente causa indignación es la forma cómo llegó.

Muchos sabrán que Colombia cayó luego de que Santiago Giraldo tomara la ¿valiente? determinación de retirarse del partido ante Gonzalo Lama, en el cuarto punto, cuando estaba 4-6 y 2-5 abajo, una decisión que no fue capaz de consultarla con el equipo, no fue capaz de pedirle la opinión a los demás integrantes; una acción egoísta que afectó a todos. Las consecuencias del retiro no solo iban a afectar el nombre de Santiago Giraldo, era comprometer la ilusión de todo un país que quería estar nuevamente en el play-off de ascenso al Grupo Mundial, ese grupo tan esquivo que nunca hemos podido alcanzar.

¿Qué pensará Juan Sebastián Cabal y Robert Farah que venían de matarse más de cuatro horas en el dobles? Dos jugadores que aunque perdieron lo dieron todo hasta el último punto. ¿O qué pensará un Alejandro González que de solo verlo a la cara uno se da cuenta de que es capaz de darlo todo en la pista por los colores de Colombia?

Yo intento comprender la posición de Giraldo, que aunque con sentido en algunos apartes, sigue dejándome un sabor amargo. Sí, aquí también hay que acotar que la serie que organizó Chile ha sido una de las peores que he podido ver, no por nada el Chino Ríos aceptó en Twitter que esta era la peor vergüenza que había vivido en el tenis. Una improvisación fue lo que reinó en Iquique hasta último minuto, una cancha que nunca estuvo lista, a la que tuvieron que recurrir a echarle sal para que compactara. Sí, hubo una tormenta de arena previa que complicó el terreno, pero no es un secreto que la Federación de ese país armó una cancha de último momento.

El sábado conocí por primera vez una nueva superficie en el tenis: el barro. Por primera vez vi que luego del primer game de un partido entraran a la pista los cancheros a arreglar la pista. O que los ballboys aprovecharan cada momento para pisar e intentar compactar las partes de la cancha que estaban en mal estado. Esas no son condiciones normales para jugar al tenis de este calibre.

Yo no solo reprocho a Giraldo por no tener la valentía de terminar el partido de la forma más justa, sino por esa actitud tan incomprensible que maneja en la cancha, que no es solo de hoy, sucede casi siempre que está en una pista alrededor del mundo. Estás jugando por tu país, una posición que envidiarían tener otros tenistas y que tú desaprovechas como si jugaras en el patio de tu casa.

Sí, yo entiendo que tú no querías exponer tu cuerpo a una lesión en esa pésima cancha, una lesión que tranquilamente podría dejarte afuera de la temporada -o un tiempo mayor- y acabar con la carrera de la cual vives. Pero no comprendo por qué Cabal, Farah y González no tuvieron la misma actitud tuya de estar recriminándole a la ITF el estado de la pista. A ellos los vi tranquilamente enfocados en su partido. Entiendo tu descontento pero, ¿qué era esperar terminar la serie con las botas puestas así fuera solo peloteando?

Ahora, si la manzana de la discordia siempre fue el estado de la cancha, ¿por qué el equipo permitió tal atropello? ¿Por qué no se negaron a salir si no había las condiciones ideales para jugar la serie, si esta era una situación donde quien tenía más por perder era Chile?

Esta actitud de Giraldo será un lunar imborrable en su carrera, así como lo permisivo que fueron los dirigentes ante la situación. Si Colombia decidió jugar la serie ante los inconvenientes, de caballeros era que finalizara hasta el último punto. Ante el mundo quedamos como malos perdedores y con falta de huevos. Prefiero que nos digan de todo, menos malos perdedores.