Pouille se destapa en Wimbledon

El francés llegó a Wimbledon sin haber ganado nunca un partido sobre hierba. Mañana jugará sus primeros cuartos de final en Grand Slam.

Fernando Murciego | 5 Jul 2016 | 12.30
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Lucas Pouille aterrizó en Londres hace poco más de una semana con un objetivo muy claro: lograr una victoria. ¿Fácil, no? Quizá así lo pueda parecer, pero no lo es tanto para alguien que JAMÁS había logrado un triunfo sobre césped. Desde que el galo se hiciera profesional a finales de 2012, cuatro intentos y cuatro derrotas. Por no hablar de su experiencia en Grand Slam, eventos en los que había participado en nueve ocasiones y apenas había cosechado dos victorias, ambas en Roland Garros (2013 y 2016). Bien. Hoy el hombre sin victorias en pasto, el hombre que jamás había pasado de segunda ronda en un major, está a un triunfo de plantarse en las semifinales de Wimbledon. Ver para creer.

La hazaña empieza en primera rueda ante Marius Copil, jugador que llegaba de la fase previa con tres victorias ya en su maleta. Es un pulso peligroso para el francés, aunque un rival asequible para firmar su primera celebración sobre hierba. Lo consigue. El objetivo ya está cumplido, al menos ya no se irá con la misma sensación que de Stuttgart (Millman) o Halle (Nishikori), donde semanas atrás se marchaba a las primeras de cambio. Luego aparece Donald Young, partido que cierra en sets corridos. Y para rematar, cruce con Juan Martín Del Potro por un lugar en la segunda semana de competición, ante el que pierde el primer set… y ninguno más. Pouille estaba ya en la nube, los octavos de final en Wimbledon representaban una mejora de dos rondas en su mejor archivo histórico. Pero esta novela no acaba aquí.

A Lucas le faltaba ganar su primer encuentro a cinco mangas y para ello nadie mejor que el díscolo Bernard Tomic (6-4, 4-6, 3-6, 6-4, 10-8) en la cuarta ronda. Increíble. Con 22 años, en su superficie menos favorable y en el torneo más célebre de nuestro deporte, Pouille se metía entre los ocho mejores de Wimbledon. Hace dos veranos era el número 200 del ranking, de hecho, no sería hasta aquel París-Bercy de 2014 cuando su ficha entraría en el tablero. Superando la fase previa (victorias ante Johnson y Nieminen) para luego dejar en la estocada a Karlovic, Fognini y ceder en los octavos ante Roger Federer. Ha pasado ya tiempo de aquello –no tanto- y la vida ha puesto a cada uno en su lugar. El francés, desde luego, no se puede quejar.

"No he pensado en nada. Lo único, simplemente eso, que estoy en los cuartos de final. Eso es todo. Sentí mucha emoción principalmente por haber ganado ese partido. Si hubiera sido el de la primera ronda supongo que habría sido lo mismo, eso es lo que pienso. El momento más feliz fue cuando vi salir la última pelota de Tomic”, contestó el de Calais tras su cuarta victoria en Wimbledon, asustado seguramente al ver lo que ha desencadenado tras mostrar su verdadero potencial.

El caso de Pouille es singular. Siendo cinco meses menor que Thiem, por ejemplo, su ascenso en el ranking no ha causado ni una décima parte de los artículos que el austriaco. Obviamente, Dominic está hoy varios pasos por delante, con siete títulos ya en su poder y condición de top10, aunque insisto en que Pouille ha pasado demasiado desapercibido. Este año cuenta con unos octavos en Miami, otros octavos en Montecarlo, su primera final ATP en Bucarest o unas semifinales en Roma. En dos años ha pasado de ser el 200 del mundo a ser el 30. Si por un casual mañana ganara a Vesely o Berdych (partido todavía sin finalizar), sus iniciales se auparían hasta el 18º escalón de la clasificación. El viaje ha sido largo pero, a estas alturas, ya cualquier cosa posible. ¿Lo mejor de todo? Que ya no tiene nada que perder.