El cumpleaños más feliz

Andy Murray celebra los 29 años derrotando a Novak Djokovic nueve meses después. Primer título de la temporada y primera corona en Roma.

Andy Murray conquistó por primera vez el Masters 1000 de Roma tras batir a Novak Djokovic (6-3, 6-3) en una final atacada por la lluvia pero de gran tensión sobre la pista. El escocés, que no le ganaba al serbio desde el verano pasado, pudo por fin inclinarle sobre tierra batida y celebrar de la mejor manera su 29 cumpleaños, con una victoria que le confirma como número dos del mundo y que le presenta como una seria amenaza de cara a Roland Garros.

Los dos primeros juegos del partido fueron muy diferentes según para quién. Un jugador resolvió su servicio en tres minutos; al otro, le costó doce. Fue Djokovic quien más sufrió para iniciar esta batalla, ligeramente quisquilloso desde un primer momento debido a que el tiempo amenazaba tormenta inminente, condiciones que no ayudan especialmente a concentrarse en tu objetivo.

Con 2-1 arriba para Murray y varios paraguas abiertos ya en la grada, llega el momento crucial de este primer set. El escocés se viene arriba y consigue el break, además de un pequeño berrinche de su oponente. Novak lanza la raqueta, que acaba en las manos de un individuo en la primera fila de butacas. Inmediatamente el serbio se la pide y sonríe, mientras Damián Steiner hace la vista gorda sin querer hacer sangre de la acción. Andy, mientras tanto, sigue a lo suyo. Con un gran servicio, su gran mejora en los últimos años sobre arcilla, y mucha más contundencia desde la línea de fondo, el de Dunblane fue tejiendo la tela de araña sobre el quiebre obtenido, solo faltaba cerrarlo.

Muchos pensarían que en el momento de la verdad llegarían las dudas, los miedos, las historias que siempre asoman en la cabeza de Murray para darle alas una vez más a su rival. Pero no, no esta vez. No, de momento. Conservó la distancia como si de un tesoro se tratase y cerró son seriedad el juego que le hacía situarse con un 6-3 merecido y trabajado. Cierto es que nunca le había ganado a Djokovic sobre polvo de ladrillo (5-0), pero en cinco de los seis enfrentamientos sobre el albero, siempre consiguió arañarle, como mínimo, un set. Estadística que denota que existe más igualdad que la que los datos ofrecen.

La lluvia apretaba y ya nadie se resistía a ponerse bajo cubierto. Todos menos dos hombres que no tenían elección. Intentaron increpar al juez de silla antes de la reanudación pero Steiner se mantuvo en sus trece. ¿Llueve? Pues a mojarse.

El segundo set empezó con mucha tensión, ninguno quería fallar. Murray sabía que Novak saldría a morder pero él tenía que conservar el terreno recorrido. Hubo un par de juegos feos, rocosos, con más errores que aciertos debido a los nervios de ambos contendientes, pero que también abrían la puerta a puntos de quiebre. Y el primero en lograr hacerse con uno fue, efectivamente, Andy Murray, el hombre que hoy cumplía 29 años y que soñaba con impedir que Djokovic conquistara su Masters 1000 número 30. El de Belgrado seguía con mala cara, rozando en varias ocasiones la grosería debido a sus fallos, con nula conexión con la grada y con su raqueta, lo cual estaba pagando en el marcador. Paralelamente y ajeno a estos asunto, el pupilo de Jamie Delgado seguía sumando juegos, hasta ponerse 4-2.

Al balcánico le estaba faltando ese ‘algo’ que siempre le saca del apuro, que le hace rodar a una marcha más que los demás, ese toque de magia que no ha aparecido durante toda la semana en Roma y, sin embargo, había logrado llegar a la final. Pero si en las anteriores cuatro victorias no le había hecho falta, quizá en esta última tampoco. Solo hacía falta esperar la oportunidad y asaltarla. Siempre y cuando Murray lo permitiese. En un descanso, Djokovic incluso le subrayó al juez que él no estaba dispuesto a seguir jugando así, que al final alguien se haría daño debido a que con en arcilla mojada no se resbala igual. Pero nada, Steiner ‘el inamovible’ no quería entrar en razón.

Aquello ya estaba muy avanzado hasta para el número uno del mundo, quien vio cómo al otro lado de la red no solo conservaban el break, si no que se apuntaban otro, éste ya el definitivo. Victoria de Andy Murray por dobles 6-3 y duodécimo Masters 1000 para el británico. Se corta una racha de diez finales ganas por Djokovic de manera consecutiva y 17 triunfos al hilo ante miembros del top10. Hoy le tocaba celebrar al número dos del mundo y, desde luego, no le faltaban motivos.

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