Skip to main content

¿Cuál fue el golpe más duro de la temporada 2013?

Recuperamos algunos de los episodios de sabor más amargo de las principales raquetas en el circuito masculino

¿Cuál fue el momento más amargo del año? ¿El recuerdo imborrable que queda en las mentes de los hombres más fuertes de la disciplina? ¿Cuál es la espina que recorrerá sus pensamientos durante la pretemporada generando un propósito de enmienda más poderoso de cara al siguiente curso?

Las historias están llenas de grandeza, pero también de pasajes amargos. Quizá sean estos últimos los que permitan disfrutan plenamente los primeros. Victorias, puños cerrados, gritos al cielo, abrazos con el equipo como escenas culminante dle trabajo bien hecho. La competencia, no obstante, es feroz. El tenis es un deporte donde la derrota cobra mucho más protagonismo que la victoria. Cada semana solamente un competidor se salva de caer presa de sus garras. Ni siquiera los más grandes, salvo rachas al alcance de muy pocos, están a resguardo de ella de manera durante largo tiempo.

En Punto de Break repasamos algunos de los capítulos adversos atravesados durante la temporada por las grandes raquetas del circuito masculino.

Djokovic y la tortura de Roland Garros – Ver escapar el gran objetivo del año tras tenerlo al alcance de la mano. Por primera vez fue capaz Novak de extender a Nadal hasta el quinto set sobre tierra batida. Era la lucha por la eternidad, para entrar en el selecto club de jugadores que han conquistado todos los grandes. Tetracampeón de Australia, habiendo reinado en Londres y Nueva York, a Djokovic solamente le queda París en la lista de terrenos yermos. Jugaba una semifinal con olor a otra ronda. Y Novak llegó a disfrutar de rotura de ventaja en el parcial definitivo en la capital de Francia. Nunca quedó tan cerca de sentirse grande en suelo galo. Llegó a pisar la arcilla de París viendo la línea de meta ante sus ojos. Supo sufrir, sobrevivió al resto en la cuarta manga cuando necesitaba quebrar para mantenerse en pie. Sólo para observar cómo Nadal resurgía para gobernar el partido en un electrizante quinto set de 16 juegos. Recordó, de narrativa inversa, a la final del Abierto de Australia 2012, donde Novak recuperó la rotura en el set decisivo para inclinar a Rafael sobre Melbourne. Una grieta que el serbio no olvida y cuya sutura tiene entre las manos. Sólo así se entiende su mensaje nada más terminar la Copa de Maestros. “Ojalá en 2014 pueda desafiar a Rafa en Roland Garros”. Es un objetivo en una mente ambiciosa.

Federer y la grieta de Wimbledon – Fue el pestañeo del genio. Uno de esos episodios donde parece pararse el tiempo. Una marca histórica que saltó por los aires. El suizo cedió antes de los cuartos de final de un grande por primera vez en nueve años. Y lo hizo en el escenario donde parecía más cubierto. El All England contempló a su último gran caballero llenar de verdín la rodilla. La segunda ronda londinense, grano en molino tiempo atrás, despidió a Roger. En una temporada de heridas abiertas en la coraza del helvético, quizá la inclinación ante Stakhovsky sobre el césped británico sea la más paradigmática de todas. Ahogado ante la actuación inspirada de un voleador que se encaramó a la red como si no hubiera mañana. El mismo escenario que doce meses atrás le contempló alzar la copa dorada, igualando el heptacampeonato de Sampras, y recuperar el número 1 ATP, para posteriormente batir la plusmarca de permanencia del estadounidense, observó su caída prematura. Una postal imborrable en el tenis de la vieja Europa. En la única superficie donde logró reinar en 2013, estando fresco el título de Halle, Federer con gesto torcido rodeado de verde. Un golpe moral directo al alma.

Ferrer y el centímetro de Miami – Es una imagen clavada en la retina. Ese hombre arrodillado en el fondo de pista, bajo el intenso sol de Florida, postrado ante el error cometido. Con la raqueta como báculo, el cuerpo plegado y la mirada fija en el suelo, lamentándose de la decisión recién tomada. Consciente del remordimiento a digerir. David solicitó un challenge con pelota de partido a favor. Apenas un centímetro terminó costándole el match point de que gozaba para alzar la corona, antes de perder la final minutos más tarde. Apenas un centímetro separó a David Ferrer de gobernar el segundo Masters 1000 de su vida. Quizá el torneo más grande de su carrera individual, al tener mayor peso histórico que el torneo de Bercy ganado a finales de 2012. En la base de operaciones de Andy Murray, una pista donde el escocés conoce al dedillo al centrar sobre ella sus sesiones de preparación invernales, David comprobó como el más mínimo detalle puede cambiar de manera terminal el curso de los acontecimientos. La tensión de verse cerca de un torneo eterno. A diferencia de lo ocurrido bajo la bóveda de París, de hacerlo en un tramo caliente de la temporada, ante uno de los considerados grandes. Ese decidir en décimas de segundo y penar por un trecho insignificante. Nunca tan poco espacio supuso un dolor tan grande.

Murray y el destierro de Nueva York – Es la nueva experiencia y el anhelo mutilado. Andy debía cargar por primera vez en su carrera con la necesidad de proteger una corona del Grand Slam. Y fue incapaz de cumplir el objetivo. Claudicó en la ronda de los ocho mejores cuando las molestias de espalda volvían a condicionar su rendimiento. En un año donde el de Dunblane tocó el cielo, también encontró el amargor en el paladar. Andy se convirtió en el primer hombre británico en 77 años capaz de triunfar entre los muros de Wimbledon. Ese logro ejerció una especie de descompresión deportiva en el británico, muy romo en el cemento veraniego previo al desembarco en la Gran Manzana. Derrotado por Wawrinka en los cuartos de final del US Open, el vigente campeón cedía con apenas nueve juegos en su bolsa. Un correctivo severo para el orgullo del escocés. La entrada en Flushing Meadows, la mayor responsabilidad asumida hasta la fecha por Andy. se saldó con el peor resultado en Grand Slam sobre fuera de tierra de los últimos tres años. Sería, también, la última competencia individual del curso para el talento Dunblane. Tras recibir tal golpe y proteger los intereses de Gran Bretaña en Copa Davis, decidió poner su cuerpo en cuarentena para solucionar sus problemas de espalda. Terminó la temporada con el placebo nacional, pero esa espina neoyorquina incrustada en su esquema. Tras un 2013 de emociones muy intensas, admitió haber salido mentalmente exhausto de la Gran Manzana. El condicionamiento físico puede atenuar tal experiencia.

Nadal y la maestría aplazada – Considerando su circunstancia es difícil encontrar un rasguño moral en la coraza del balear. Partiendo de la baja competitiva más larga de su carrera, termina el año como número 1 del mundo, con múltiples Grand Slam, el récord de Masters 1000 ganados en una temporada y la final de Copa de Maestros. Un año atrás, como él mismo recordó durante la ceremonia de premios, Rafael contemplaba este último torneo desde el sofá de casa. Doce meses después, sin sentirse del todo cómodo, en circunstancias adversas para su juego, fue capaz de repetir el mejor resultado de su vida en el evento broche de curso. No deja de ser cierto que la Copa de Maestros es el evento más grande que no reside en su frondosa vitrina. Si hay que encontrar a nivel de resultados un escenario cuya no conquista pueda dejar un poso menos dulce, quizá deba ser el evento que cierra la temporada. Quizá por encima de un Wimbledon que contempló la primera caída del mallorquín en la ronda inaugural de u grande. La actitud del balear en el O2 Arena, sin embargo, fue reflexiva y nada derrotista. Tras ceder ante Djokovic la final de Londres, una certeza. “¿Me siento triste por ello? Sinceramente no me puedo quejar”.

Del Potro y la emboscada de Flushing Meadows - Si hay un debe que se le pueda poner al argentino en 2013, es el rendimiento en Grand Slam. Si hay un Grand Slam donde el tandilense llegaba con inercia para pensar en grandes propósitos, era Nueva York. Si observamos la narrativa de su viaje en Nueva York, quizá observemos el trago más amargo del curso. Tras quedar a un set de la final de Wimbledon, Juan Martín construyó una poderosa inercia sobre el cemento estadounidense. Al calor de unas pistas de cemento que se ajustan como un guante a su propuesta de acoso y derribo Del Potro gobernó Washington y desperdició bolas de partido para haber jugado la final de Cincinnati. Llegaba a Flushing Meadows, escenario de su único título de Grand Slam en 2009 con galones para reverdecer laureles. Pero llegó Lleyton Hewitt en segunda ronda y una de sus mágicas noches en majors. En un pulso estirado por encima de las cuatro horas, donde Del Potro llegó a jugar un tiebreak para sellar la brega en cuatro mangas, terminó maniatado por el australiano en el parcial decisivo. Casi vapuleado en un acto final donde apenas hiló un juego. Vista la inercia mostrada en la gira de pistas cubiertas, terminando top5 el año, fue una grieta en el escenario más inoportuno.

También te puede interesar:

¿Quién se llevaría el Balón de Oro 2013 en el tenis?