El US Open de 1989: una segunda ronda inolvidable

El US Open de 1989 fue especialmente sorprendente en su segunda ronda. Recordamos el porqué.

Hace apenas mes y medio, día arriba, día abajo, Wimbledon, es decir, el epicentro del tenis mundial, asistía a ¿una debacle? ¿un batacazo? de enormes proporciones. Rafa Nadal, que llegaba a Londres como campeón de Roland Garros, caía en primera ronda ante Steve Darcis, número 135 del mundo. A las pocas horas, Roger Federer, siete veces campeón del torneo, cedía ante Sergiy Stakhovsky, 116 del mundo. También caía Jo-Wilfred Tsonga, esta vez por lesión, ante Ernests Gulbis. Los cabezas de serie 3, 5 y 6 abandonaban Londres antes del cuarto día de competición. Hoy arranca la segunda ronda del US Open y algo parecido a lo ocurrido sobre el pasto británico aconteció hace 24 años sobre las pistas de Flushing Meadows: el advenedizo US Open de 1989.

24 años son muchísimos. Todo cambia demasiado rápido y el tenis, aún con un cierto carácter inmovilista, no es ajeno al paso del tiempo. Tantos años, sin embargo, sirven para sacar algunas lecturas interesantes y que muestran una enorme evolución de según qué aspectos. Los ocho primeros cabezas de serie del Abierto de los Estados Unidos de 1989 eran los siguientes:

1. Ivan Lendl
2. Boris Becker
3. Stefan Edberg
4. John McEnroe
5. Mats Wilander
6. Andre Agassi
7. Michael Chang
8. Brad Gilbert

Contando con que Ivan Lendl ya competía bajo bandera estadounidense, cinco de las primeras raquetas del mundo pertenecían a las barras y estrellas; dos suecos y un alemán completaban el top-8 en aquellos tiempos, nacionalidades de escasa presencia en los puestos más altos del ranking actual. El dominio norteamericano en pistas rápidas era impresionante. Una prolífica cantera de talentos adaptados al máximo, con relevo garantizado y resultados constantes que se arremolinaba en dos datos demoledores: de los 128 jugadores del cuadro final, 48 eran estadounidenses. Y del top-100 ATP, 30 eran nacidos en terreno yankee ¿En 2013? Solamente 15 toman partida en el torneo y 6 tenistas mantienen en el primer centenar clasificatorio.

En el primer día, Brad Gilbert, un norteamericano de juego atípico, ritmos no demasiado rápidos y gusto por las transiciones, se enfrentaba a su compatriota Todd Witsken, número 63 del mundo. El que fuera entrenador de Andre Agassi, Andy Roddick y Andy Murray ya había caído en la primera ronda de Wimbledon y tras desperdiciar 2 sets a 1 de ventaja, cedía ante su compatriota. El octavo cabeza de serie era apeado en cinco mangas.

Si bien hay que decir que en aquellos años, al hacerse amplias distinciones entre especialistas (los jugadores de tierra desechaban acudir a Wimbledon o US Open –Muster no acudió, por ejemplo- y viceversa) los cuadros eran más complicados y por ende, proclives a las sorpresas, aquella edición fue especialmente convulsa en términos deportivos.



La segunda ronda resultó una sacudida de las buenas. Tomaba pista primero Boris Becker, vigente campeón de Wimbledon. Enfrente, Derrick Rostagno, un tenista local ciertamente extravagante que daba la sorpresa y se colocaba dos sets arriba al inicio del partido. Becker estaba bloqueado, intimidado por el ímpetu de una grada excitada y un Rostagno encendido. Finalmente el temple y la calidad del alemán dieron la vuelta al marcador, con un tie break en el cuarto, para acceder a tercera ronda.

Sin tiempo para reponerse del susto se venían las dos grandes sorpresas del torneo. John McEnroe, el eterno y genial John McEnroe, hacía tiempo que no cuajaba una gran actuación en Grand Slam. Desde la final en Nueva York en 1985, McEnroe no llegaba a l último partido de un major (nunca más lo haría) pero a sus 30 años partía como cuarto favorito a la victoria tras realizar un gran año sobre pistas rápidas. En segunda ronda iba a enfrentar al holandés Paul Haarhuis, un posterior clásico noventero, de maravilloso juego de red y enorme doblista durante toda su carrera. En ese momento era un chico de 23 años, proveniente de la previa e instalado en el puesto 115 del mundo. Big Mac forzó un tercer set pero terminó cayendo en cuatro mangas en una exhibición al saque del joven tulipán.

Para el turno de noche, la organización había pasado el partido de Mats Wilander. Curiosamente, en estos días que nos ocupan, Wilander, comentarista y presentador para Eurosport, entrevistaba, junto a Bárbara Schett, a la reciente campeona de Wimbledon y retirada de las pistas tras la final ante Lisicki, Marion Bartoli, que si sentía el vacío qué el mismo experimentó tras coronarse campeón del US Open del 88 y alcanzar el número 1 del escalafón mundial. Y a tenor de los hechos así fue. El sueco, campeón de Australia, Roland Garros y US Open en 1988, se sumió en una crisis deportiva que le llevó a no volver a lograr reengancharse a nivel de resultados. Una 2ª ronda en Melbourne y dos cuartos de final en París y Londres dejaban a Wilander como quinto preclasificado sobre el cemento verde de Flushing Meadows. Enfrente, un chico de Washington, 91 del mundo y 18 años. Un tal… Pete Sampras. En cinco memorables sets, uno de los talentos más precoces de la historia del tenis, posterior leyenda, daba la tercera sorpresa del torneo. La cadena CBS amaneció con un resumen de los grandes partidos del día, destacando el sufrimiento de Becker y las derrotas de dos favoritos al título y multicampeones de Grand Slam. Un US Open de lo más sorprendente.

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