Vintage: Paradorn Srichaphan, el embajador asiático

Nos adentramos en la historia del tenista tailandés, el único top-ten que ha tenido el continente asiático

Un nuevo capítulo de la intrahistoria del tenis sale a la luz en Punto de Break. En el día de hoy, la ‘saga vintage’ nos acerca a la figura de Paradorn Srichaphan, el único tenista asiático de la historia en formar parte del selecto club de los top-ten. Todo un embajador de su continente que ha trascendido más allá, hasta el punto de no ser solo un mero ejemplo deportivo, sino un claro elemento mediático para Tailandia, una nación sin demasiada cultura tenística hasta su llegada, y para toda Asia. Nos adentramos en sus orígenes para descubrir, desde el lado más humano, la fórmula de su éxito.

Nos volvemos a adentrar en la historia del tenis, en esta ocasión en una un poco más reciente a la que estamos acostumbrados en esta sección. Concretamente nos retrotraemos a inicios de los años noventa. El entrenador neozelandés Paul Dale acaba de llegar a Tailandia. En esa época, un estadounidense de origen taiwanés llamado Michael Chang era una de las sensaciones del circuito ATP pero realmente en Asia no se le veía como alguien que representase a la población y sus valores, para muchos no dejaba de ser un producto del país de las barras y las estrellas. Dale, en sus primeras semanas en el país del sureste asiático se acercó a ver el Campeonato Nacional de Tailandia y se sorprendió muy gratamente al ver el nivel de los dos finalistas del evento. Por un lado, Woraphol Tongkhamchu, el mejor jugador del país y el gran líder del equipo tailandés de Copa Davis, y por otro, Thanakorn Srichaphan, el mayor de una saga familiar de tenistas que daría mucho que hablar en el futuro.

Y es que antes de hablar de nuestro protagonista de hoy debemos conocer quiénes eran los integrantes de la familia Srichaphan. Thanakorn, el hermano mayor, nació en 1968 y a inicios de la década de los noventa era uno de los mejores jugadores de su país. El mediano, Narathorn, era cuatro años menor, y alcanzó los cuartos de final de Wimbledon junior en 1990. Al igual que su hermano mayor, no pudo desplegar todo su talento debido a que hace veinte años el tenis no estaba tan globalizado como ahora y era muy complicado salir de tu nación si no tenías los medios económicos adecuados. Por último, estaba Paradorn, nacido en 1979 y que vio desde su niñez a sus dos hermanos disputar la Copa Davis. Durante casi una década, los dos Srichaphan se mantuvieron en el equipo de Copa Davis de su país, en muchas de las eliminatorias capitaneados por Paul Dale.

Narathorn y Thanakorn, junto a Tamarine Tanasugarn y Woraphol Tongkhamchu

Comandando la familia, pero sin dedicarse profesionalmente al tenis, se encontraba el padre de todos ellos, Chanachai. Este humilde empleado de banco llevaba a sus hijos a las pistas de tenis antes de ir al colegio. Conducía más de ocho horas para ver a su hijo mayor jugar torneos en Bangkok. El éxito de Thanakorn le obligó a mudarse a la capital y durante años toda la familia Srichaphan –incluida la mujer de Chanachai y la abuela de los jóvenes tenistas - tuvo que vivir en una cabaña cerca del Bangna Tennis Club, unas instalaciones tenísticas cercanas a la gran urbe. Afortunadamente para el patriarca de la familia, pudo ver como unos de sus hijos conseguía progresar rápidamente y empezar, a finales de la década, a jugar a nivel mundial intentando hacerse un hueco como profesional.

Paradorn empezó su carrera tenística en 1997. Destacó en algunos torneos Satélites y accedió al torneo ATP de Singapur mediante una Wild Card. Ahí le robó un set a Jim Courier, todo un ex número uno del mundo y que en esos momentos se encontraba en la posición número 22 del ranking ATP. Desde el primer momento se vio que el menor de los Srichaphan tenía un talento fuera de lo común. Paul Dale, que convivio con él durante años, comentaba en su blog que “hasta los quince años no atacaba demasiado la bola y era algo conservador. Afortunadamente todo cambió luego”. Y es que el tailandés destacaba por la agresividad y la potencia de sus tiros. Basaba su juego en un gran saque que podía llegar a alcanzar los 230 km/h y en una derecha que machacaba a sus oponentes, sin dejarles oportunidad de réplica. Su revés a una mano era más estético que efectivo en la mayoría de ocasiones y su juego en la red no era para nada deficiente. Su elasticidad y flexibilidad le hicieron famoso en cuanto empezó a mejorar y a subir posiciones en el ranking.

Se pasó todo 1998 jugando torneos ITF Futures, ganando a finales de año su primer título en la ciudad de Bangkok. El curso siguiente fue clave para su carrera. Primeras victorias a nivel ATP, incluyendo una en Wimbledon, su torneo favorito. Pasó la previa, ganó a Raoux, un francés, y le arrancó un set a Kafelnikov en segunda ronda. En Singapur, dos años después de su debut con los profesionales, llegaba a las semifinales dejando en la cuneta a todo un top20 como Magnus Norman. En diciembre de 1999 se convertía en un jugador top100. Paradorn era ya el hombre de moda en su país pero aún faltaba mucho para que el gran fenómeno explotase. A inicios del año 2000, fue protagonista junto a Tamarine Tanasugarn de la gran sorpresa de la Copa Hopman. Ambos formaban el equipo que llevó Tailandia al playoff asiático para ganarse el derecho a disputar el torneo mixto que se celebra en Perth. Salieron vencedores y una vez allí rompieron todos los pronósticos y llegaron a la final tras ganar a Australia y Eslovaquia. Una Sudáfrica formada por Amanda Coetzer y Wayne Ferreira fueron demasiado para los thais que a pesar de la derrota iban dejando poco a poco su huella en el circuito.

Paradorn Srichaphan compitiendo en el circuito ATP

Los dos siguientes cursos fueron complicados para Paradorn. Se iba adentrando en los torneos ATP, disputaba los Grand Slams y algunos Masters Series pero no solía destacar. Eso le hacía no poder defender los puntos cosechados en la temporada anterior y tener que jugar torneos pertenecientes al circuito Challenger para acercarse de nuevo al top100. Sin embargo, en el año 2002 todo cambió, y el apellido Srichaphan iba a empezar a sonar bien fuerte en el panorama tenístico. Comenzó la temporada llegando, en Chennai, a su primera final ATP. En el encuentro por el título le batió Guillermo Cañas pero lo mejor estaba aún por llegar. Sobre tierra batida, alcanzó por primera vez los dieciseisavos de final en un torneo de Grand Slam. En la arcilla parisina, batió a Raemon Sluiter y Arnaud Di Pasquale para colarse en la tercera ronda en Roland Garrós. Curiosamente, el polvo de ladrillo sería la gran asignatura pendiente durante toda su carrera, ya que solo logró ganar diez partidos a nivel ATP.

Unas semanas después de ese gran resultado, llegaría otro más importante. Y es que la hierba siempre fue su superficie preferida. Las características de este tipo de pista se ajustaban perfectamente al tipo de tenis de Srichaphan. Los cuartos de final que alcanzó en el torneo de Queen’s en 2001 ya avisaban de que podía ser un jugador peligroso, pero nadie esperaba la victoria que logró en Wimbledon un año después ante el mismísimo Andre Agassi. Sobre el césped londinense, en la mismísima pista central del All England Lawn Tennis Club, Paradorn desafió a la historia y batió al ganador de 1992. En la grada, su padre Chanachai, visiblemente emocionado. Todo el esfuerzo que tuvo que hacer cuando todos sus hijos eran niños se había visto finalmente recompensando.

Aunque caería en el siguiente cruce ante un renacido Richard Krajicek, la machada que logró le dio la confianza necesaria para irrumpir con fuerza entre los mejores jugadores del mundo. En el mes de agosto jugó su segunda final ATP en el torneo de Washington, todo un International Series Gold. Tuvo dominado el encuentro pero finalmente se le escapó ante un compañero de generación, el estadounidense James Blake, que en esa época también era una promesa rutilante del circuito. Una semana después, llegaría su primera corona. Long Island, torneo precedente al US Open, era testigo del primero de los cinco títulos de Paradorn Srichaphan. Tras el periodo veraniego, los resultados mejoraron aún más. Alcanzó semifinales en Tashkent y en Tokyo, y se convirtió en un matagigantes en la primera edición del Masters Series de Madrid. En la capital de nuestro país impactó ver a un asiático, que agujereaba la resistencia del rival a base de cañonazos y de tiros muy potentes, deslavazar a jugadores como Kuerten, Henman o Ljubicic. Cedió en cuartos de final ante Jiri Novak, posterior finalista del evento, pero dejó su impronta, que confirmaría en años venideros. Finalizó 2002 metido de lleno en el top20 del ranking mundial gracias a su segundo título en Estocolmo -ganando a Ríos tras lograr 30 saques directos- y a las semifinales en el Masters Series de París.

Paradorn disputando un partido de exhibición

La temporada 2003 fue la confirmación del fenómeno Srichaphan, que se convirtió en el embajador, no ya solo de un país, sino de todo un continente. Así lo relataba el propio Paradorn: “No estoy representando solo a mi país, creo que siento que represento al tenis asiático y a Asia en general”. El niño que creció viendo la final de Roland Garrós entre Chang y Edberg y que pensó que, si ese jugador de ojos rasgados como él podía triunfar, porqué él no iba a ser capaz, se encontraba a un solo pasito de la élite. Era ya habitual que batiese a los mejores jugadores del mundo y lo siguió demostrando durante ese año. En Chennai, torneo en el que protagonizaría encarnizadas batallas ante Carlos Moyá en años futuros, logró su tercer título ATP. En Miami, alcanzó las semifinales, donde precisamente fue frenado por el mallorquín, y ese resultado le permitió alcanzar la undécima posición del ranking ATP. La gloria de convertirse en el primer top-ten asiático de la historia, estaba a solo un paso. Iba a ser el pionero.

La hazaña iba a llegar tras un evento disputado de tierra batida, el maldito polvo de ladrillo que nunca le dejó rendir a buen nivel. Los agresivos, potentes y planos golpes del tailandés no casaban demasiado bien con el tipo de juego que se practica en arcilla, y la paciencia del número uno asiático se iba a menudo al traste. A pesar de ello, ganó un partido en Montecarlo, lo estrictamente necesario para alcanzar el 21 de abril de 2003 la décima posición en la clasificación mundial. Tres semanas después, se colocaría como noveno clasificado en el ranking, que sería la mejor posición que alcanzaría en toda su carrera. En Wimbledon, ganaría en tercera ronda a un jovencísimo Rafael Nadal, llegando así a la segunda semana del evento londinense, resultado que también lograría unos meses después en el US Open.

A partir de ahí, lograría otros dos títulos más -en Long Island 2003 y Nottingham 2004- y unos cuantos resultados bastante interesantes, como las semifinales de Indian Wells 2006 o aquel gran partido que estuvo a punto de dejar a Roger Federer sin su primer entorchado en Basilea, pero en general la irregularidad marcaría el resto de su carrera, que tuvo una prematura retirada. Una lesión de muñeca le apartaría de las pistas en marzo de 2007, y en junio de 2010, con 31 años recién cumplidos anunciaba su retirada. Un accidente de moto sufrido meses antes le privó de ser disfrutando sobre una pista de tenis, aunque después se le pudo ver en algunos torneos de exhibición e incluso como invitado en un evento del ATP Champions Tour disputado en China.

Srichaphan en el torneo de Bangkok junto a Natalie Glebova

La trascendencia de Paradorn iba más allá de su aportación tenística. Era todo una eminencia en su país e incluso sus relaciones amorosas con personajes públicos como la cantante Tata Young o la modelo Odette Henriette Jacqmin fueron muy comentadas en la prensa tailandesa e internacional. En noviembre de 2007, contrajo matrimonio con Natalie Glebova, una canadiense ex miss mundo con la que estuvo casado hasta febrero de 2011. A día de hoy, Srichaphan regenta un restaurante italiano en Bangkok, es ocasionalmente capitán de la Copa Davis –como ya fueron en su día sus hermanos Thanakorn y Narathorn-, y hasta ha participado en una película histórica tailandesa. Incluso ha hecho sus pinitos en la política. Es, ante todo, una persona muy activa y alegre. Como ya demostraba con su particular saludo al ganar un encuentro o cuando se reía al ser preguntado por esa manía que tenía de llevar en la mayoría de sus partidos camisetas rojas y él respondía con una sonrisa de oreja a oreja que era debido a que en Tailandia ese color significaba ‘buena suerte’. Su padre puede estar orgulloso y el tenis asiático aún más. Un pionero que es respetado y querido por todos. Y parece que ya tiene sucesor en la élite del tenis. Es el turno para Kei Nishikori, pero no se olviden de este hombre, que fue el que puso a todo un continente en el mapa de este deporte.

por @FriKarian en @PuntoDBreak

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