Nadal v Djokovic, reencuentro en cemento

Español y serbio, que llevan 16 meses sin cruzar sobre pista dura, retoman en Montreal la rivalidad en la superficie

Álvaro Rama | 10 Aug 2013 | 10.12
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Rafael Nadal y Novak Djokovic se verán las caras en las semifinales del Masters 1000 de Montreal. Un pulso que ofrecerá la primera colisión sobre pista dura entre ambos tras el retorno a competición del mallorquín. Será, además, el capítulo número 36 de un pulso referencia cuya intensidad quedó atenuada por las maltrechas articulaciones del balear.

Antes de que Murray rompiese sus candados psicológicos, antes de el escocés lograra erigirse en campeón olímpico y múltiple ganador de grandes, el circuito ATP asistía a un fenómeno colosal: la irrupción de Novak, virando la jerarquía establecida; y la resistencia de Rafael, esforzado por recuperar el trono arrebatado. En esta discusión, un majestuoso exponente de arrojo deportivo, papel privilegiado debe corresponder a la superficie dominante. Muestra de ello, los dos pulsos más recientes en pista dura: nada menos que finales en Abierto de Estados Unidos (2011) y Abierto de Australia (2012). Fueron, para más inri, los dos últimos Slam en hard donde ambos firmaron presencia. La discusión se retoma bajo los dictados del cemento al aire libre. En ella, Djokovic hizo suyos nueve de los 12 capítulos precedentes. No obstante la última vez que esto se dio, tal fue el desgaste al que se sometieron sus cuerpos, fueron incapaces de mantenerse en pie al final del encuentro.

Asalto al hábitat natural – En su regreso a competición los enfrentamientos entre balear y serbio han quedado, por ahora, reducidos a los límites de la arcilla. Y con resultados realmente llamativos. El de Belgrado logró colocar en su raqueta muescas inauditas hasta la fecha. Punzadas de distinta hendidura sobre la coraza del jugador mallorquín. En Montecarlo, un allanamiento. Novak se convirtió en el primer jugador capaz de derrotar a Rafael sobre la arcilla del Principado en los últimos nueve años. El balcánico, con la obsesión de tomar París entre ceja y ceja, fue capaz de romper uno de los cerrojos más firmes de la disciplina. Después, en Roland Garros, otro esfuerzo de escaso precedente. Algo que jamás había logrado el de Belgrado con tanta intensidad. Sacar nota en uno de los retos más escarpados que propone la disciplina: el partido a cinco mangas con Nadal en arcilla. En la semifinal de Roland Garros, pese a ser entregada en último término, llevó al límite al mallorquín exigiéndole remontar en un quinto parcial de 16 juegos. Hizo brotar la incertidumbre en el maratón sobre polvo de ladrillo. Eso, luchando por el objetivo prioritario de 2013, no lo había conseguido nunca antes. Cuando Novak acudió al hábitat de Rafael, cuando la empresa le exigió retorcerse en un laberinto de calcetines manchados, cumplió con creces las expectativas. Novak se demostró a sí mismo capacidad para introducirse y sacar los dientes en la guarida del enemigo. Ahora es el turno de Nadal para cruzar la frontera y responder en los aposentos de su oponente: la pista dura.

Reto intocable desde 2010 – Tres años. Ése es el tiempo que Nadal acumula sin poder batir a Novak Djokovic sobre una pista de cemento. La última que el mallorquín hizo suyo un pulso competido sobre las leyes de la pista dura data de la final del Abierto de Estados Unidos 2010. El momento en que el balear completaba su colección de Grand Slam bajo los focos de Nueva York como firme número 1. En ese momento algo cambia. Novak está decidido a dar un paso adelante en su carrera y la consecución de la primera Copa Davis en la historia de Serbia sirve como definitivo catalizador psicológico. Cosas que nunca antes se lograron han caído entre las manos. Meses después, romperá el duopolio que mantienen Nadal y Federer en las listas igualando el mejor arranque de temporada de la historia con 43 triunfos al hilo. Ello, claro, se construye sobre cemento. En ese vendaval deportivo se lleva por delante a Nadal en numerosas ocasiones, y hasta ahora Rafael no ha vuelto a llamar suyo ningún partido en pista dura. Cuatro escenarios, los más grandes de la disciplina en cemento, cayeron uno tras otro en las manos del serbio: Indian Wells, Miami, Nueva York y Melbourne. Las dos primeras marcaron el cambio de guardia. La tercera, consolidación del relevo con un amago de reacción por parte de Rafa. La más reciente, un pulso de seis horas en la final del Abierto de Australia, una derrota con fuerte olor a nuevo punto de inflexión. La última vez que Rafa cruzó con Nole en cemento, con el formato a cinco sets como testigo, compitió mirándole a los ojos. A imagen de lo visto en el tercer set de la final del US Open 2011, modifica el esquema buscando esa proclamada ‘necesidad de llevarle al límite’. Más metido en pista, apostando por un arquetipo táctico más orientado a la finalización, castigando al balcánico con una derecha paralela capaz de acorralarle en cierta parte su potencial al revés. Parecía tener las claves del código Djokovic. Entonces, la lesión de rodilla impidió ver más capítulos en cemento hasta ahora. Dieciséis meses después vuelven a verse las caras en pista dura.

El peso del ayer - ¿Hasta qué punto influirá en el espíritu de Novak el descorazonador desenlace de París? Allí, entre las polvaredas de la capital de Francia, vio cómo el preciado Roland Garros se le escurría entre las falanges quedando sus yemas apenas a dos juegos de la final. En 2012, tras ver diluido su sueño sobre la arena gala, Djokovic tardó un tiempo en sacudirse el trastorno. Fue incapaz de revalidar corona en Wimbledon, perdió el número 1 y, por dos veces, erró a la hora de colgarse una medalla olímpica al cuello. Bien es cierto que reaccionó. Con el advenimiento de la pista dura, excepción hecha de un Masters de Bercy lleno de astericos, no perdonó una final en todo el año. Pero mostró estrías de rendimiento en partidos de élite. Así, incluyendo la recepción de un 6-0 a manos de Federer, entregó la final de Cincinnati. Del mismo modo, por primera vez cedió una final de Grand Slam ante Murray. Y en Shanghái, el último gran evento de cemento outdoor del curso, nuevamente ante el escocés: salvó el precipicio esquivando hasta cinco bolas de partido. Antes de la semifinal de Montreal, no obstante, una seria misiva: apenas 52 minutos para desfigurar al noveno jugador del mundo. Con especial empeño en reducir de principio a cenizas a su oponente. Dio la impresión de tener la mirada en el sábado y estar mandando un aviso.

Test de retorno – Desde su vuelta a competición tras la baja competitiva más prolongada de su carrera el balear se ha sometido a multitud de reválidas. Ser competitivo desde el primer torneo: siete meses de baja respondidos con nueve finales consecutivas. Responder ante rivales de altura en los albores del retorno: entre preguntas sobre lo pronto que llega el partido, desdibuja a Ferrer en la final de Acapulco. Rendimiento en cemento: en Indian Wells, en el último y único precedente en hard del año salva un camino con púas como Federer, Berdych o Del Potro hasta levantar su primera corona en pista dura desde 2010. Lamerse las heridas tras el varapalo de Djokovic en Montecarlo: responde sin perder un solo partido más en arcilla. Responder al formato de cinco mangas: en Roland Garros se convierte en el primer hombre que hace suyas 8 ediciones de un mismo major. En todo este tiempo ha competido contra viento y marea. Abordando a pecho descubierto una amplio abanico de retos deportivos. Le queda uno interesante y colosal: competir sobre cemento ante hombres referencia. Ni ha visto a Murray, vigente campeón neoyorquino. Ni ha cruzado en él con Novak, primer hombre capaz de hilar seis finales grandes en dura. Cuando salte a la central de Montreal, al otro lado de la red tendrá a un hombre que marca con contada discusión la pauta en la superficie. Eso, hasta ahora en su regreso, todavía no ha sucedido. El mallorquín, tras claudicar en césped, compite en Canadá buscando demostrarse a sí mismo la capacidad para ser competitivo lejos de la arcilla. Y para medir la temperatura de su rendimiento en cemento, con el horizonte último puesto en Nueva York, nada mejor que el calibre más sensible del momento. Aguarda Djokovic. En los albores de 2012, con la titánica final de Melbourne como epílogo en la rivalidad, Rafael se mostró capaz de cerrar los dientes en pista dura y mantener la mirada al serbio. ¿Está capacitado para hacerlo en estos momentos? Puede ser, atendiendo a criterios de competitividad y no tanto de mero resultado, el test para etiquetar el retorno de definitivo.