Rafael Nadal se impuso a Roger Federer en los cuartos de final del Masters 1000 de Indian Wells en un duelo marcado por el componente físico, extendiendo hasta el 19-10 su dominio en el enfrentamiento particular y sellando su pase al penúltimo peldaño del evento californiano por octava edición consecutiva. Tomas Berdych espera en el horizonte.
¿Cómo llegarían al duelo? ¿Tendría más incidencia la rodilla de Nadal o la espalda de Federer? ¿Cambiaría en exceso el planteamiento de juego entre dos jugadores con una década de enfrentamientos tras de sí? La pelea entre balear y helvético quedará entre uno de los duelos con más asteriscos de su historial particular. Entre un Federer lejos del pleno rendimiento y un Nadal acostumbrándose al cemento. Una de las páginas más mates en una de las rivalidades más brillantes del deporte moderno. En cualquier caso, hablamos de un capítulo más entre dos tenistas de irrepetible par. En Punto de Break trazamos algunas de las lecturas más destacables del choque.

Federer encadenado - En cualquier gesto que implica una torsión notable, Roger encuentra un muro. Un desafío ingobernable para su cuerpo. El arquear de espalda que requiere un servicio estándar supone un gesto para el que no se ve preparado. El helvético es incapaz de imprimir potencia con su saque. Aún así, le mantuvo a flote casi todo el primer set. El luminoso, marcando las millas por hora a las que surcan el aire sus saques, rara vez muestra tres dígitos. Eso significa que sus primeras entregas sufren para alcanzar siquiera los 160km/h. Habitualmente un arma potente y variada que promedia un 80% de acierto queda menguada en 20 puntos porcentuales. Su segundo saque, expuesto ante un cemento templado ante un restador de calibre histórico, es devorado hasta quedar en un escuálido 30% - apenas suma ocho puntos en toda la noche en ese departamento. Gana seis juegos y en todos levanta un déficit. A remolque de forma permanente.
Nadal, unas décimas por delante - Rafael -siendo directo- no impone una quinta marcha al duelo, pero Roger parece incapaz de engranar siquiera la tercera. Encuentra el suizo mayores dificultades para poner en movimiento su estructura, respondiendo a cualquier tiro abierto con golpes cortados. Suficiente para que Nadal pueda coger la confianza necesaria y tomar el timón del encuentro. Encuentra el balear menores problemas en los apoyos y la sola sensación de sentirse superior en pista le devuelve la mirada de los buenos tiempos. Juega con la fe que le otorga poder caminar mirando por el retrovisor las acciones del helvético. Su movimiento en el fondo es enérgico. Su revés, salvo un tramo del segundo set, encuentra profundidad y solvencia de forma casi permanente -importante cuando aún no puede cubrirlo rápido y signo de seguridad para trenzar jugada- y manda con la derecha en cuanto tiene opción. Carga mucho juego sobre el revés de su oponente hasta obtener bolas cortas y poder soltar la mano. Tácticamente el choque no se deriva en demasía del historial precedente, pero las circunstancias que rodean el encuentro acentúan las consecuencias de sus rasgos más característicos.

Roger y el camino más corto – La tesitura obliga al helvético a tomar atajos. Bien es sabido que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta. De entrada busca el planteamiento paralelo, la opción directa que menos exponga su raída estructura. Los golpes que menos le obligan a retorcer el dorso. Bolas que invitan a una construcción moderada del punto son convertidas en material que atraverse a transformar en tiros ganadores. No tiene el cuerpo para largos pasos de salón por toda la estancia. Se asume un riesgo y se suceden los fallos. Las subidas a la red se multiplican, generando acciones forzadas -errático en voleas- y pasantes de todos los colores por parte de Nadal.
La nobleza de Federer - No se retira el suizo en una batalla abierta, jamás lo hizo en toda su carrera. Una vez decidió abrir la pelea, aun en condiciones cuestionables, dar marcha atrás es un escenario no contemplable. Firma el respetable registro de acumular más de 1000 partidos sin mostrar la bandera blanca. No lo hará con 31 años, en una de las pistas más grandes del mundo ante el rival más grande de su carrera deportiva. No lo hará, de ninguna manera, cuando cuenta con dos meses para sanar heridas con posterioridad al choque. Por supuesto que lo hará ante un oponente que regresa al circuito tras la lesión más importante de su carrera deportiva -más de siete meses preso de su propio cuerpo- con la ambición de recuperación como estandarte. A pesar de estar visiblemente cautivo, declina la excusa en la red al término del pulso.
Paso al frente de Nadal – El mallorquín continúa su proceso de reinserción en el circuito profesional quemando etapas a buen ritmo. Con una disposición de calendario que marcaba una subida paulatina en la exigencia –torneos cada vez más graves sobre arcilla antes de caminar sobre el amenazante cemento- logra un resultado difícilmente imaginable al comienzo de su regreso: dos triunfos consecutivos ante hombres top4 y defender con éxito el resultado de 2012 en su primer evento sobre suelo duro. Las semifinales de Indian Wells, por ahora, le permiten no ceder más terreno en la clasificación y empezar a suturar la brecha de puntos que lo separan de la cabeza. Volver al top4, capital para evitar cruces de altísimos vuelos en cuartos de final, es posible en California. Aunque para ello debiera alzar su tercera corona en el desierto.
Larga digestión de Federer – Su caída en California implica la pérdida de la tercera corona en lo que llevamos de temporada. Un tramo del curso que en 2012 le vio levantar la racha de triunfos más prolongada del tenis masculino se encuentra a un Federe desposeído de cualquier joya. Habiendo renunciado al inminente torneo de Miami y al Masters 1000 de Montecarlo que abrirá la temporada de arcilla, el suizo se dirige a un caminar superior a los 40 días en la sombra. Tiempo suficiente para deglutir las derrotas, cerrar las heridas y retornar al circuito con la misma exigencia: volver a proteger otra corona. Será en Madrid. Y será sin la arcilla azul que introdujo un componente de adaptación inmediata y coronó a dos tenistas por encima de la tercera década.
Murray, a mesa puesta – La sucesión de acontecimientos acorta el camino del británico en su puja por el segundo escalón del circuito. Ya no necesita conquistar el único Masters 1000 de pista dura al aire libre que se le resiste. El requisito desciende a alcanzar el partido por el título para tener la opción de caminar sobre Federer y Nadal en la clasificación por primera vez en su vida.

