Milos Raonic es el mejor ejemplo para definir el significado de evolución deportiva. En los inicios, su carrera era una incógnita debido a la falta de resultados en categorías menores y a las dificultades que le rodeaban en su ciudad natal. En 2009, había que buscar más allá de los 900 primeros puestos de la clasificación para encontrarle en la lista. A finales de 2010, bastaba con revisar los primeros 200 nombres para hallarle. 2011, el año de su confirmación, le vio finalizar entre los 30 mejores. Ahora, cuando la temporada actual no ha finalizado, Milos vive muy cerca de la zona noble que establece el top 10. Pocos pueden presumir de un desarrollo tan rápido en un período de tiempo tan corto, más aún cuando los niveles de exigencia son tan altos.
Junto a Galo Blanco, técnico del canadiense y mejor entrenador de 2011 según la ATP, repasamos los momentos más importantes en los 122 partidos disputados por Raonic en la élite.
Emigración: de Canadá a Barcelona. “El paso que Milos creía que tenía que dar para mejorar su tenis”.
Alguien que se atreve a desafiar el vehemente frío de Canadá (-25 grados) en pleno invierno a horas prohibidas para conservar la temperatura corporal dentro de los límites recomendados, obviando todo tipo de barreras para cumplir el sueño de su vida, merece un reconocimiento acorde a sus actos. Así, durante años, Raonic se sumerge en las profundidades del gélido clima para usar la máquina de bolas -alquilada a las seis de la mañana y a las diez de la noche por razones económicas- que le permite entrenar resguardado bajo techo.
Su padre, sin embargo, no cree que Milos llegue a ser un jugador profesional, respaldado en buena medida por unos discretos resultados en categorías inferiores -salvo una final en Bélgica-, pero la inquebrantable fe de Raonic, sentado frente al sofá en sus ratos libres día mientras día tras día revisa las grabaciones de los partidos de Sampras, su ídolo, referente y modelo, y una confianza liberada de pensamientos negativos que le muestra el camino, pese a todas las piedras presentes en el mismo, le llevan a hallar la salida del laberinto.
Guillaume Peire, entrenador profesional, abre los ojos de su padre en Italia mostrándole que su hijo tiene un saque fuera de lo común que entre los 10 y 12 años Raonic practica alrededor de 200 veces por sesión. Un crecimiento inesperado (hasta los 197 centímetros) termina de señalar ese arma letal como el principal blasón del pequeño gigante. Una conversación con Galo Blanco, que trabajó con él durante la gira asiática en 2010 tras verle por primera vez en un partido de Copa Davis, terminó de convencerle para abandonar Canadá y residir en San Cugat del Vallés, donde Raonic encuentra los cimientos sobre los que construir su ascensión.
Victoria con Pospisil ante Nadal/Djokovic en Canadá 2010. “Una simple anécdota, pero que demostraba que tenía potencial”.
Enfrentados a dos campeones en la ronda inicial del Masters 1000 de Montreal, la joven pareja canadiense formada por Vasek y Milos termina inclinando a las estrellas mediáticas unidas por primera y única vez hasta el momento. Beneficiados por la repercusión de un partido que unía excepcionalmente a dos gigantes, y que recibió la cobertura habitual desplegada cuando Nadal o Djokovic están en pista, la sorprendente victoria de la dupla local proyectó levemente a Raonic de cara al mundo, pese a no contar con la resonancia de una victoria individual.
Victoria en Tokio ante Serra y primer partido ante Nadal. “Yo estaba muy nervioso, si ganaba el partido ante Serra jugaba contra Nadal y me hacía ilusión que pudiese vivir ese momento porque le podía hacer ver el potencial que tenía”.
Un partido separa a Milos de cruzar con Nadal, palabras mayores para cualquier jugador. Tras superar a Serra en Tokio, después de pasar la fase previa del torneo, el canadiense obtiene la recompensa de enfrentar al español. Pierde, pero la experiencia que se lleva de aquel compromiso es aplicable a compromisos futuros.
Explosión de cara al público tras ganar seis partidos seguidos en Australia. “Fue la primera vez que se dio cuenta de que realmente podía ganar a algunos jugadores del top 10, no solo competir contra ellos”.
Melbourne, prolífica tierra acostumbrada a bautizar a un amplio elenco de jugadores durante toda la historia, eleva la figura de Raonic a otra dimensión, desconocida hasta ese momento, y confirma que la adhesión del tenista canadiense al grupo de jóvenes talentos destinados a gobernar el circuito en tiempos venideros. No solo logra superar la fase previa del primer Grand Slam de la temporada, además llega hasta los octavos de final (dejando en el camino a Phau, Youzhny y Llodra) donde muere ante Ferrer. Para entonces, Raonic ya es una realidad.
Título en San José ante Verdasco tras 12 triunfos en el circuito ATP. “Su explosión definitiva de cara al público y a los jugadores, que empezaron a respetarlo como un tenista peligroso”.
Raonic logra con menos de 20 partidos ganados en la élite lo que muchos persiguen durante toda una vida claudicando una y otra vez. El primer cetro besado en la élite le ofrece un momento de confianza difícilmente equiparable a otra situación deportiva. El paso al frente es una evidencia real y no una promesa eterna, como tantas otras que quedan olvidadas para toda la vida. Reconocida su carta de presentación, un jugador muy alto con un potente servicio, el pupilo de Galo Blanco va más allá demostrando que su mejor golpe no es indispensable para hacerle ganar. Milos también puede vencer sin el saque.

Final perdida en Memphis ante Roddick. “Consagración tras el título logrado una siete días atrás en San José”.
Tras saborear por primera vez las mieles de la gloria, y evitando caer en la lógica relajación que suele amenazar a los que logran abrazar el éxito de forma prematura, Milos encadena en su siguiente parada en el circuito cuatro victorias -repitiendo triunfo en primera ronda ante Verdasco, rival en San José- que le llevan a una nueva final en la ciudad del estado de California contra Roddick. Enfrentado contra un coetáneo en condiciones tenísticas, sacador frente a sacador, Milos no se arredra ante el desafío, pese a ceder terreno en el camino hacia el título perdiendo la primera manga en un desempate, habitual terreno de jugadores con un servicio sobresaliente como el suyo. Tras rehacerse y competir notablemente en un duelo que comenzó perdiendo, el jugador nacido en Podgorica inclina la rodilla tras sufrir en sus propias carnes uno de los mejores puntos del año. Un tiro pasante conectado desde el suelo que le obligó a rodar por el azulado cemento de la capital de Santa Clara.
Entrada al top 40. “Recompensa al trabajo y sacrificio hecho durante toda la pretemporada con todo el trabajo de su equipo”.
Las dos semanas hiladas con letras de oro permiten al imberbe tenista de América del norte ascender más de cuarenta escalones en la clasificación mundial y contemplar el horizonte desde una perspectiva sensiblemente más plácida, evitando sobre todo cruzar el infierno de las fases previas y aspirando a gozar en un futuro cercano de la ansiada condición de cabeza de serie, lo que garantiza no cruzar con los mejores en los compases iniciales de los campeonatos.
Retirada en Wimbledon ante Muller que le obliga a perderse tres meses de competición. “El momento más duro desde que estamos juntos. Pasar por una operación de cadera a esa edad es complicado y nunca sabes cómo vas a quedar, pero una vez más con trabajo y la ayuda de todo su equipo y médicos lo ha superado sobresalientemente”.
Pisando el pasto más prestigioso del mundo por primera vez en su carrera con la ilusión de conjugar exitosamente sus habilidades con las peculiares condiciones del suelo verde, el jugador canadiense se topa con el peor enemigo del atleta. Una lesión de cadera en el segundo partido del torneo ante el luxemburgués Mulller, con la motivación transformada en desafío de enfrentar a Nadal en la siguiente ronda, le obliga a abandonar y le manda a la lona durante más de tres meses. Su fulgurante progresión queda enterrada en un período de inactividad prologando tras un paso por el quirófano que le impide competir en Canadá, Cincinnati y US Open, cita marcada en rojo en la hoja de ruta anual por las bondades que ofrece a Milos el cemento de Flushing Meadows a su perfil de juego. Regresa en octubre para disputar la Copa Davis ante Israel y logra finalizar el año entre los 30 mejores, pese a las barreras del cuerpo.

Titulo en Chennai en el primer torneo de 2012. “Una vez más, la recompensa a una pretemporada incluso mejor que la anterior”.
Un importante trabajo de pretemporada da sus frutos rápidamente. En la capital de Tamil Nadu, estado del sur de la India, Milos logra alzar el segundo título de su carrera deportiva cuando el nuevo año solo ha consumido ocho días al calendario. En su discurrir por el camino hacia la gloria, el jugador canadiense apea a Almagro -en semifinales- y a Tipsarevic -en la final-, demostrando su valía para mirar a los ojos a figuras consolidadas en situaciones que le sitúan en teórica desventaja por el amplio recorrido de los mencionados contrarios en los momentos de inflexión que suponen las rondas finales de un evento profesional. Esa victoria le permite encarar el torneo más importante de las antípodas entre los 25 primeros jugadores del planeta, gozando de una merecida e inédita condición de cabeza de serie en el cuadro principal del primer Grand Slam de la temporada.
Repetición de 2011: corona en San Jose y final en Memphis. “Un paso adelante, mentalmente hablando. Después de la operación y teniendo que defender el 70% de sus puntos en los cuatro primeros torneos del año, no solo repetirlo, sino mejorarlo, dice mucho a su favor”.
La diferencia entre llegar a la cima y permanecer en ella es una línea tan sencilla de explicar como difícil de saltar. Tras un retorno complicado, como todo aquel que se realiza tras una lesión, más aún si el foco de esta reside en una zona tan delicada como la cadera, defender la cantidad de puntos que Milos había logrado en la primera parte del curso anterior parecía una empresa complicada. Volver a hacer de San José y Memphis una inexpugnable fortaleza parecía complicado, superarlo, casi imposible. Una vez más, los límites vuelven a ser sobrepasados por el tenista canadiense.
Victoria ante Murray en el Conde de Godó. “Momento muy importante para hacerle ver que también puede ser competitivo en tierra batida”.
La tierra en 2011 fue el gran reto de Milos. Jamás había pisado el terreno más lento del circuito, inédita su presencia en discusiones sobre arcilla, y acabó agotado mentalmente por el esfuerzo que tuvo que hacer, pese a superar la aclimatación mucho mejor de lo esperado (llegando incluso a alcanzar las semifinales en Estoril y superando dos rondas en Monte Carlo y Barcelona). 2012 evidencia que su progresión diaria se refleja en todas las superficies. Aceptar que sobre polvo de ladrillo la pelota viene de vuelta varias veces más de lo habitual, obligando a trabajar el punto y evitando la tentación suicida de finalizar los intercambios en dos o tres zarpazos, es necesario para dominar los secretos del coto dominado mayoritariamente por representantes españoles. Acabando con Murray en las semifinales de Barcelona -primer triunfo sobre uno de los cuatro mejores jugadores del mundo en su carrera-, Milos ahuyenta los fantasmas que le susurran su esclavitud a las pistas rápidas, demostrándose a sí mismo que en tierra también puede levantar la voz. Gran culpa de ello, al margen del trabajo persistente, se encuentra en todos esos entrenamientos en Barcelona con jugadores
Tres sets arrebatados a Federer en tres superficies distintas y una frase tras caer en Madrid: "Entré en la pista pensando que podía ganar. Salgo de ella sabiendo que puedo hacerlo”. “Excepto en Indian Wells, creo que en los otros dos partidos Raonic mereció ganar porque jugó mejor y tuvo más oportunidades. Es muy bueno de cara a la confianza ganar este tipo de partidos, pero ver que eres competitivo contra los mejores y comprobar que estás cerca de vencerle hace que cada día tengas más ganas de seguir mejorando para finalmente, la próxima vez que te enfrentes con ellos, ganarles.
El primer Masters 1000 del curso asiste a una batalla previsiblemente intensa y atractivamente llamativa para el espectador. El encanto de comprobar como el brillante presente mide fuerzas ante el prometedor futuro no causa indiferencia entre el jurado universal, más aún cuando Milos logra hacer suyo el primer set del encuentro. Aunque finalmente termina inclinando la rodilla, la sensación global -repetida en Madrid y Halle, donde también amarra el parcial inaugural del enfrentamiento- es que está muy cerca de lograr la hazaña que para cualquier jugador supone tumbar a uno de los mejores tenistas de la historia. En la capital de España, en el primer partido del suizo sobre la novedosa manta azul, Raonic está a un puñado de puntos de vencer en un desempate definitivo que termina cediendo, como en la preparación para Wimbledon disputada en Halle donde la resolución del debate vuelve a ser idéntica. El arma de doble filo presentada tras hacer balance de lo sucedido es tan interesante como peligrosa. Por un lado, quedan disipadas las dudas sobre su potencial al estar tan cerca de vencer a un jugador de la dimensión del suizo. Como acertadamente explicaría Nadal tras perder la final más larga de la historia en el Abierto de Australia frente a Djokovic: “Cuando estás a pocos puntos de ganar, sabes que puedes hacerlo, que tienes lo necesario para ganar”. Por el otro, las tres derrotas ante Roger, tan apuradas, tan emocionales por la dramática resolución, representan una incógnita en el entramado mental del canadiense.
Entrada al top 15. “Un pasito más, pero hay mucho en lo que seguir trabajando”.
La recompensa a una temporada cargada de sonrisas llega con una posición en la clasificación acorde a sus resultados. Reconocido su lugar entre los mejores nombres del planeta, siendo el único de la nueva guardia capaz de demostrar con hechos y no con palabras la confianza depositada en la próxima generación, Milos mira hacia el futuro. Y el horizonte pasa por asaltar el top 10.
Final en Tokio tras ganar a un top 3 por primera vez. “Como antes, otro pasito más. Pero las finales siempre es mejor ganarles porque al final nadie se acuerda si ganaste al número 3 y antes al número 8. Se recuerda al ganador del torneo y en Tokio fue Nishikori”.

La gira asiática, el punto de unión entre Raonic y Blanco en la temporada 2010, se convierte de nuevo en otra piedra angular de la corta trayectoria en la élite de Milos. Sumido en una pelea prácticamente imposible de clasificar para la Copa de Maestros, pero empecinado en seguir creciendo para empezar 2013 con aspiraciones aún mayores, el canadiense supera en la capital de Japón a Tipsarevic -número 8 del mundo- y a Murray -número 3 y reciente campeón del Abierto de los Estados Unidos-, tumbando a uno de los tres mejores por primera vez en su vida. En la final, y pese a lograr revertir la situación inicial equiparando el marcador, cede el título en un doloroso último set en el que no es capaz de sumar ni un solo juego, condena desmesurada para un tenista con uno de los mejores servicios del circuito. Sin embargo, y como en los inicios de su vida profesional, la ventaja de Raonic es que el camino recorrido es mucho más corto que el extendido ante sus pies. Mostrando actualmente al mundo su mejor clasificación (14 del mundo), sus miras van mucho más allá. De pequeño, el joven Milos, soñó con ser algún día el mejor jugador del mundo.
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