La impactante confesión de Popyrin: "Cada vez que pierdo siento que no merezco ser feliz"
El australiano, que se estrenó con victoria en Nueva York, dejó unas palabras que demuestran la feroz autoexigencia que requiere un deporte como el tenis. El testimonio es, como mínimo, impactante.
Ser un absoluto apasionado por el deporte que practicas puede tener, por momentos, consecuencias perjudiciales para la salud. Los tenistas viven por y para su profesión, fuera de su casa durante largos periodos de tiempo, conviviendo con la derrota como compañero habitual y dándolo todo por un sueño que persiguen millones de personas. Encontrar el equilibrio supone un desafío que define tu estado de ánimo: aquellos que lo logran encuentran un camino más sencillo hacia el triunfo; los que no, incluso, pueden entrar en una dura espiral. Es el caso de Alexei Popyrin.
El nombre del australiano irrumpió como una bomba en la élite tenística tras la consecución del título en el Masters 1000 de Montreal 2024. Alexei se quitó la espinita clavada de joven con proyección y talento, pero sin un presente que validara su posible futuro... y lo hizo a lo grande, derrocando en la final a Rublev e irrumpiendo en un selecto club de ganadores. Con aquel triunfo, claro, también vienen las dudas, la presión, las etiquetas, la autoexigencia por demostrar que aquello no fue flor de un día. Administrar mentalmente una victoria así no es nada sencillo, y cuando las derrotas comienzan a aparecer, el circuito se puede volver una montaña imposible de escalar.
La impactante confesión de Popyrin sobre el tenis y la felicidad
De tocar el cielo, entrando entre los 20 mejores del mundo, a salir más allá del top-100 y tener que comenzar de cero. El oceánico fue incapaz de repetir resultados de este calibre y ha visto cómo en cosa de año y medio su nombre ha pasado a ser sinónimo de la típica lista de jugadores que brillan en un torneo... y nada más. Por eso, cada triunfo adquiere una importancia sideral, más aún si se produce en un Grand Slam y a manos de una leyenda como Grigor Dimitrov.
You never know what a player is going through ❤️🩹 pic.twitter.com/11psvFD09b
— The First Serve (@TheFirstServeAU) September 1, 2026
Derrotó Alexei al búlgaro en primera ronda de un US Open en el que busca una resurrección tenística, pero si hay algo reseñable que nos ha dejado dicho triunfo son las palabras del australiano que le sucedieron. No es fácil para un tenista abrirse con la transparencia que ha mostrado Popyrin, que admite abiertamente que batalla contra sus demonios internos desde hace bastantes meses: su testimonio es algo más que un ejercicio de introspección, ni tan siquiera una autocrítica, sino una especie de aviso a todos aquellos que supeditan su felicidad únicamente a los resultados en una pista de tenis.
"Después de Wimbledon me convertí en una auténtica ruina. Cada vez que perdía, y esto es algo que me sigue pasando, sentía que no me merecía divertirme. Tras cada derrota pensaba que no merecía ser feliz. Estaba preocupado: pensaba que no iba a poder disfrutar de mi boda debido al tenis, y cuando ese pensamiento llegó a mi cabeza por primera vez, me dije: 'Vale, algo va mal de verdad, y necesito tiempo para averiguar el qué y ponerle fin a esto'.
Estoy en un proceso en el que intento no asociar mis resultados a cómo me siento y mi valía como persona. Intento acercarme a ellos de una manera en la que son parte de mi viaje. El lugar en el que estoy es el lugar en el que estoy, y lo que debo hacer es seguir confiando en el proceso en el que estoy metido". Es una reflexión sencilla y certera, un testimonio preciso y a la vez valiente, un pequeño faro para todos aquellos grandes deportistas incapaces de disfrutar el presente por algo tan mundano como un resultado. El objetivo del australiano no es otro que alejarse de las lesiones, sumar victorias... y hacerlo, claro, disfrutando de un proceso que le pueda llevar a nuevos éxitos.