Stefanos Tsitsipas necesitaba una semana así. El griego conquistó el ATP 250 de Gstaad 2026 tras derrotar en la final al belga Raphael Collignon por 6-4, 6-7(3) y 6-3, un triunfo que puede marcar un punto de inflexión en una carrera que llevaba demasiado tiempo alejada de la élite. Además de levantar su primer trofeo en casi año y medio, el heleno asciende 34 posiciones en el ranking ATP y regresará al Top-60 como número 51 del mundo.
Después de varios años de estancamiento, Tsitsipas ha vuelto a ofrecer el tenis que le llevó a ser uno de los mejores jugadores del mundo. Los problemas técnicos, especialmente con un revés cada vez más vulnerable, se unieron a una etapa convulsa fuera de la pista, marcada por la ruptura profesional con su padre, Apostolos, y el final de su relación con Paula Badosa. Todo ello fue apagando la confianza de un jugador que parecía haber perdido el rumbo.
Una semana para volver a creer
Gstaad ha sido, probablemente, la mejor actuación de Tsitsipas desde que conquistó Dubái en marzo de 2025, el último título que figuraba en su palmarés hasta este domingo. Además, el griego no levantaba un trofeo sobre tierra batida desde Montecarlo 2024, superficie en la que siempre construyó sus mayores éxitos.
La final confirmó las excelentes sensaciones mostradas durante toda la semana. Collignon exigió su mejor versión, especialmente tras igualar el encuentro en el segundo set, pero Tsitsipas mantuvo la calma en la manga decisiva y volvió a exhibir un tenis agresivo, sólido y convincente.
Queda por comprobar si este título supone el inicio de una auténtica resurrección o si será un episodio aislado, como pareció ocurrir tras su triunfo en Dubái 2025. Lo que sí parece evidente es que, por primera vez en mucho tiempo, Stefanos Tsitsipas vuelve a transmitir la sensación de que su enorme talento puede tener todavía mucho que decir en el circuito ATP.

