El camino de Novak Djokovic hasta llegar al lugar que ocupa hoy día no ha sido nada fácil. Las historias que rodean la infancia y la adolescencia del 24 veces campeón de Grand Slams no son las comunes en el camino de muchos tenistas: la guerra de los Balcanes, los sacrificios de su familia, su llegada a la Academia de Niki Pilic en Alemania, la presencia salvadora de Jelena Gencic, el potencial y el talento abriéndose paso en tiempos de penurias económicas... y la fé inquebrantable, claro, de uno de los mejores deportistas de todos los tiempos.
Esa fé en sí mismo, esa capacidad de saber que siempre hay una vuelta de tuerca a posibles adversidades, no aparece por casualidad. Quizás esté en los genes, en el ADN de una familia que por momentos fue para muchos demasiado excéntrica, demasiado atrevida en sus pronósticos, demasiado 'habladora'. Nunca nada de eso importó a los más cercanos a Novak: cuando el serbio aún luchaba por ganarse el reconocimiento de todos, lo que procedía era estar a su lado de manera incondicional.
Siempre lo ha sabido Srdjan Djokovic, quizás el componente familiar del que más artículos se han escrito, el padre orgulloso de su hijo que lleva su amor por él allá donde vaya. Con un Nole que todavía carbura, da pelea y logra hitos históricos con casi 39 años, ahora Srdjan disfruta de manera más relajada del último tramo de su carrera, con tiempo y espacio para reflexionar sobre un camino que les ha llevado por situaciones que dejarían a más de uno atónito.

El padre de Djokovic se emocionó al recordar muchas vivencias entre ellos en un discurso donde, además, reconoce sus errores
Fue Srdjan quien llegó a pedir un préstamo a criminales serbios para poder financiar el viaje a un torneo. Fue Srdjan quien lo arriesgó todo por Novak cuando apenas quedaban céntimos en la mesa. La crudeza de aquellos tiempos en ocasiones se manifestó en el trato con su hijo, una confesión que hace ahora en las redes sociales de la Fundación del propio Nole, un relato seco donde admite culpa y a la vez deja muy claro que no se arrepiente de una sola decisión tomada por el camino.
"Estoy seguro de que cometí errores a lo largo del camino. Lo hice varias veces durante su desarrollo, tanto como persona como como deportista. Sin embargo, no cambiaría nada. Lo volvería a hacer todo exactamente de la misma forma. Sin esa dureza, sin esa perseverancia, sin esa fé inquebrantable que yo tenía en que todo saldría bien, en que él tendría éxito (una creencia que he basado en la opinión de varios expertos a lo largo de todo el mundo), nada de esto habría pasado. Nadie creyó tanto en él como yo lo hice, ni tan siquiera él mismo, ni él mismo tuvo tanta fé en él".
Es un relato profundo, sincero, mirando a la cámara casi compungido. La descripción de esta pequeña entrevista habla de que se pueden cometer errores en el crecimiento de un deportista, pero que la perseverancia y la insistencia en el trabajo duro hacia un niño acaban moldeando su éxito final. Pocos mejores ejemplos de ello que el viaje que han compartido Srdjan y Novak, un viaje al que todavía le quedan varios capítulos en el tintero, a pesar de que el propio Srdjan afirmó, hace ya tres meses, que Novak ya había cumplido cualquier deseo posible hace siete u ocho años, y que la retirada no sería una opción tan mala. Suponemos, claro, que al final fue Nole quien acabó creyendo más que nadie en él.

