En la temporada en la que le veremos cumplir los 38 años, Adrian Mannarino está cerca de cumplir uno de esos objetivos que apuntan directamente a lo emocional. Mañana, en el ATP de Montpellier, disputará la primera final de su carrera en suelo francés.
Y es raro teniendo en cuenta el perfil que representa Adrian Mannarino y teniendo en cuenta la cantidad de torneos que siempre se han jugado en Francia. Y sin embargo, jamás pudo el de Soisy-sous-Montmorency profundizar tanto en un torneo en casa como lo ha hecho esta semana en el ATP 250 de Montpellier. No piensen que se lo ha regalado, mucho menos a esta edad. Ha tenido Mannarino que ganar cuatro partidos, los tres últimos remontando un set adverso, así que veremos mañana en qué estado físico llega. Lo importante era hoy superar a Martin Damm, objetivo que cumplió sin saber muy bien cómo.
“Termino muy feliz este partido, pero también lo acabo completamente exhausto”, reconocía el galo en el micrófono de TennisTV. “Este tipo de partidos son un arma de doble filo. Creo que él arrancó muy bien, poniéndome muchísima presión desde el primer momento, ya fuera con su servicio como con su resto. Ha sido una actuación increíble por su parte, pero aún así he intentado sacar lo mejor de mí, intentando aprovechar las pequeñas oportunidades que salieran en el segundo set, hasta que lo conseguí. Luego en el tercer set tuvimos el mismo escenario, fue una locura que finalmente cayó de mi lado, así que solo puedo estar contento”, valoró tras el marcador de 1-6, 6-3 y 6-4.
¿Pero qué cambió Mannarino a partir del segundo parcial? “Intenté estar un poco más concentrado con mi saque, pero insisto en que tampoco podía hacer mucho más en los juegos anteriores. Sentía que él estaba restando de manera increíble, tanto con mi primer saque como con el segundo, así que no sabía muy bien qué podía hacer o cómo podía mejorar. Diría que mis porcentajes con el saque estaban demasiado bajos, así que poco a poco fui mejorado y elevando esos porcentajes hasta llegar al 4-3, donde él tuvo un par de juegos un poco peores con su saque. De no haber llegado esa situación, es fácil que no hubiese tenido ninguna oportunidad de romperle”, asegura el actual Nº70 del ranking mundial.
Ahora le espera un desafío mayúsculo, el más grande que se ha encontrado esta semana. Le espera este domingo el vigente campeón, Felix Auger-Aliassime, aunque Mannarino prefiere pensar en sí mismo. Después de 15 finales en su extenso palmarés, la número 16 será la primera que juegue en casa. “Es una final muy especial, por supuesto. Jugando en estas condiciones, después de haberlo pasado tan mal para remontar y terminar este partido, sufriendo mucho por dentro, pero con toda la grada y el público presente animándote desde el inicio. La sensación es fantástica, no hay nada comparable a esto, así que una parte de esta victoria se la debo a ellos”, recoció delante de un público que no paró de vitorearle.
Felix Auger-Aliassime, a por el último francés en Montpellier
Por su parte, llegaba quizá demasiado tranquilo a esta cita Felix Auger-Aliassime después de derrotas a Stan Wawrinka y Arthur Fils. El examen de esta tarde parecía más sencillo que los anteriores, pero justamente fue Titouan Droguet el que consiguió ponerle en más apuros. Le forzó un tercer set, pero allí se impuso el canadiense de manera clara (6-4, 6-7, 6-1). Después de dejar en la estacada a dos tenistas locales, sabe Aliassime que llega con la temperatura ideal para repetir con un tercero y revalidar su corona en Montpellier.

“Me encanta, me gusta mucho este tipo de situaciones, prefiero siempre algo así que no un estadio no se respire ningún tipo de atmósfera, con gente que no esté involucrada o que nunca llegue a conectar con el encuentro”, apuntó el Nº8 del ranking ATP cuando le preguntaron si le empezaba a coger gusto a eso de derrotar tenistas locales esta semana. Mañana a partir de las 15:00 de la tarde descubriremos hasta qué punto lo tiene controlado.

