Stan Wawrinka, en el que es su último Open de Australia, se regaló un partido de esos que pondrá a sus nietos el día de mañana para decirles que ganó con 40 años a un chaval 19 años menor que él. Arthur Gea entendió esta noche por qué Stan será inmortal en la historia de este deporte. Ya no solo como uno de los mejores reveses a una mano (o el mejor), sino por la clase que destila cada uno de sus golpes.
Dicen que la edad es solo un número. En el caso de Stan, eso se hace realidad cuando uno ve lo que acaba de hacer esta noche en Melbourne. En una edición a la que entró de rebote cuando la organización se pensaba a quién darle la última invitación del cuadro principal, si a Kyrgios o a él, su gran United Cup le hizo valedor de esa wildcard para despedirse del público que le vio ganador de un Grand Slam por primera vez. Y vaya si ha demostrado que se la merecía.
En un año donde otros de la generación de los 80 como Cilic han vuelto a demostrar de qué clase estaban hechos, Wawrinka ya dejó atrás en primera ronda a Djere, para enfrentar a Gea, un joven francés, 19 años menor que él. Cuando Stan ganó en Australia en 2014, Arthur tenía solo 7 añitos. Hoy, el nacido en Lausana dejó a las claras que pese a sus problemas físicos y lo que le costó encontrar resultados en 2025, quiere despedirse con orgullo y asombrando a todo el mundo.
Le tocó remontar
Stan se encontró a un Gea respondón que posee mucha clase y que en este Open de Australia está encontrando su hueco para decirle al mundo que tiene tenis para ilusionar a su país con un tenista que puede tener algo que decir el día de mañana. Metiéndose en esta ronda sin perder sets y cruzando la fase previa, derrotó en tres mangas a Lehecka. Wawrinka venía sobre aviso de los peligros del francés.
Gea se puso dos sets a uno arriba, con el suizo encontrándose contra las cuerdas, sin perder la fe de que podía darle la vuelta a todo. Impecable ejercicio de supervivencia de Stan, que evitó el tiebreak en el cuarto con una bola de set asombrosa y ganándose luchar en el quinto cuestionando las leyes de la biología. Sí, amigos, porque un Stan de 40 años y con las rodillas de alguien mucho mayor que él, se mostró mejor a nivel físico que su rival hoy con casi dos décadas más que él. Alucinante.
El suizo llegó a tener varias bolas de break a lo largo del set para ponerse el liderazgo y encarar la victoria. Todas fueron salvadas magistralmente por un Gea que empezó a pelear dos partidos: uno contra Wawrinka y otro contra sus propios calambres. De esa manera, nos encaminamos a un supertiebreak tan tenso como emocionante.
Wawrinka se lleva un supertiebreak increíble
Ahí, Stan empezó a mover de lado a lado al francés, que estiraba en los descansos entre punto y punto. Gea llegó a besar el suelo en la lucha por llegar a alguna pelota, mientras Wawrinka seguía a lo suyo, tirando de experiencia y metiendo mucha bola dentro y jugando con el cortado para darle donde más le dolía a Arthur. El globo que mete el suizo cuando no dejaba de defenderse de esquina a esquina es para verlo repetido una y otra vez. Una locura.
Mientras el francés no dejaba de resoplar y luchar contra la falta de lactato, Wawrinka sellaba su victoria después de un tremendo revés paralelo, imposible de devolver para Gea. El público de la Show Court Arena se venía abajo con una nueva victoria del suizo, que se sentó en el banquillo con la sonrisa y la felicidad de un niño que ha visto a Santa Claus el día de Navidad.
¿Por qué seguía jugando con 40 años, cuando los resultados no llegaban y todos le decían que se retirase y dejase de dar pena de una vez? Por noches como esta. Su cara define a la perfección lo que es la pasión y el amor por algo. No hay adrenalina que se compare a esto.
Y ya da igual a quién se enfrente en tercera ronda (Fritz o Kopriva), cuando lo que importa es que Stan se demostró a sí mismo, una vez más, que no hay mayor regalo que el que uno se hace a sí mismo cuando pocos confían en que puede hacerse, y lo que no sabe Wawrinka es que el regalo no solo se lo ha hecho a él, sino también, por supuesto, a nosotros. No te retires nunca, amigo.


