Grigor Dimitrov se convirtió en el epicentro del ecosistema tenístico durante una tarde de verano de infausto recuerdo. Lideraba de forma amplia ante Jannik Sinner, sorprendiendo a propios y extraños con una magnífica actuación sobre el impoluto tapete del All England Tennis Club... cuando un mal gesto, un fatídico movimiento, destrozó su pectoral y, a la vez, sus ilusiones de volver a brillar en un gran escenario.
El camino de vuelta ha sido doloroso, lleno de baches y de cierta reconstrucción física y personal. Con la inestimable presencia de su nueva pareja, Eiza González, a quien le otorga mucho crédito por mantenerlo a flote en momentos complicados, Grigor se embarcó en un viaje de regreso que culmina con su llegada al ATP Brisbane 2026, donde dará comienzo a un nuevo capítulo de su carrera deportiva. A su lado, un nuevo entrenador, Xavier Malisse... y una mochila llena de obstáculos que, eso sí, le han hecho más fuerte.
"Necesité de bastante tiempo para volver a fortalecer mis músculos. Fue un verano muy doloroso, muy duro. No podía sacar, no podía golpear la derecha, todo eso. Me he pasado muchísimo tiempo en el gimnasio. Ha sido un largo proceso, muy duro, pero me doy cuenta de que no me quedó otra que escuchar a mi cuerpo". Por el camino, el búlgaro decidió dar un giro de 180º a su carrera, finalizando su relación profesional con Jamie Delgado y Daniel Vallverdú, estableciendo un nuevo plan a nivel físico y eligiendo como compañero de viaje a Malisse, antiguo #19 del mundo.
"Xavier estará a mi lado. Hemos firmado un nuevo acuerdo, y es alguien que me aporta claridad. Desde un punto de vista físico, he hecho una completa reconstrucción. Sí, todos ellos son cambios bastante importantes. El año pasado comencé la temporada muy fuerte, así que espero hacer lo propio en 2026", afirma un Dimitrov ilusionado, consciente de que el camino es largo, pero de que la confianza en su tenis se mantiene plenamente intacta.

Dimitrov aspira a volver a su mejor versión, deja claro que su ranking es engañoso y se pone objetivos ambiciosos de cara a esta nueva temporada
La posición de salida desde la que partirá el búlgaro no es la ideal: acostumbrado a vivir dentro del top-20 y de gozar de un estatus de cabeza de serie en los Grand Slams, ahora verá esos puestos desde la lejanía, desde un #44 del mundo que le podría a obligar a enfrentar a auténticos cocos desde el inicio. Una posición, claro, circunstancial en la mente de Grigor, que tiene muy claro que ese lugar es engañoso.
"Siempre que salgo a la pista es para competir, dar lo mejor de mí y ganar el torneo, y ahora no va a ser diferente. Ahora mismo, mi ranking no es un reflejo de mi juego, pero confío en que si hago las cosas bien y me mantengo sano, si mi cuerpo verdaderamente me permite apretar los dientes en los momentos complicados de cada partido, grandes cosas van a suceder". No será por confianza, desde luego: a sus 34 años, el búlgaro está convencido de que aún tiene mucho que ofrecer... y no seremos nosotros, siempre admiradores de uno de los tenis más estéticos del circuito, quienes le llevemos la contraria.

