Aunque la despedida que le dieron en Roland Garros 2024 estuvo a la altura de su trayectoria, algo pendiente se quedó dentro de Alizé Cornet que no supo manejar. Necesitaba volver al circuito, aunque fuera solo unos meses, para irse a su manera de verdad. Así fue como anunció su regreso en abril para disputar tres torneos: La Bisbal d’Empordà, Roma y Estrasburgo. Obviamente, no tocaba volver a tocar la puerta del Grand Slam parisino, así que las últimas paradas serían en hierba: Nottingham y la Qualy de Wimbledon. Finalmente sería Roehampton el lugar que la vería decir su último adiós, quedándose a tan solo un triunfo de entrar al baile principal.
“La razón principal por la que volví al circuito fue para jugar una vez más sobre césped”, cuenta la francesa de 35 años en WTA. “Recuerdo perfectamente mi primera vez en césped, tenía 17 años y jugué la Qualy en Roehampton. Recuerdo ganar a Monica Niculescu, fue un dolor jugar con ella, muy difícil vencerla. Luego perdí ante Olga Govortsova, una muy buena jugadora sobre pasto, pero me dijeron que entraba como lucky loser. Estaba emocionada de disputar mi primer sorteo principal en Wimbledon […] Si lo pienso ahora, todo el camino recorrido desde entonces, hasta estar de vuelta aquí de nuevo… la sensación es como si estuviera cerrando el círculo”, afirma con emoción la ex Nº11 mundial.
“Si dejé de jugar al tenis por algunas razones que desaparecieron después de nueve meses de descanso. Todas esas expectativas, toda la presión que solía ponerme a mí misma, todo ese perfeccionismo del día a día, todo el estrés de la competición y todos esos pensamientos que aparecen por el miedo a perder. En estos últimos años de mi carrera, lo que más extrañé fue divertirme un poco más dentro de la cancha”, enumera la prodigio de Niza. “En este tiempo parada, lo que más extrañé fue la adrenalina, pero adrenalina con diversión. Ahora por fin encontré ese equilibro, lo tengo ahora y no lo tenía antes, siento que estoy enfocada al 100% en mis objetivos”, afirma ilusionada.
EL AUTÉNTICO FINAL
Sin embargo, la realidad siempre termina imponiéndose a los sueños, aunque duelan. Pese a utilizar su ranking protegido de #102, la francesa apenas pudo obtener cuatro victorias en cinco torneos disputados, viendo lo duro que se puede volver la competencia tras estar nueve meses desconectada. Lo que no supuso ningún problema para Alizé fue bajar su estatus un par de niveles, ir a jugar a eventos menores o tener que pasar por alguna fase previa. Así de bien lo resume la jugada gala, afirmando que el objetivo está cumplido, el gusanillo quitado y que, salvo nueva sorpresa, en Londres quedará escrito este nuevo final de su carrera.
“Estaba acostumbrada a jugar todos los cuadros principales de los Grand Slam, ¡hasta 69 seguidos llegué a disputar!, pero no importa, soy lo suficientemente humilde como para disfrutar del tenis también en las fases previas. Me encanta el juego, no me importa si juego en un torneo de 25.000 dólares en el culo del mundo o si juego en la Centre Court de Wimbledon. Todavía tengo dentro ese alma infantil muy fuerte, si se trata de jugar siempre voy a estar ahí. Ahora sí, este es el final de calidad que buscaba, el último capítulo perfecto y verdadero”, concluye Cornet.

