Alcaraz y Sinner, los rivales perfectos

Su último enfrentamiento en Pekín significa el inicio de una nueva etapa en su rivalidad ya como campeones de Grand Slam. Lo normal será verles en más finales de ahora en adelante.

Mónica Barberán Munera | 2 Oct 2024 | 22.30
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Jannik Sinner y Carlos Alcaraz en Pekín 2024. Foto: getty
Jannik Sinner y Carlos Alcaraz en Pekín 2024. Foto: getty

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Todo lo nuevo empieza con algo de miedo. Lo más importante es saber cómo enfrentarse a esa emoción para que ella no te impida lograr tu objetivo. Carlos Alcaraz y Jannik Sinner son el ejemplo claro de que el miedo es necesario para funcionar, una barrera que se proponen derribar y la que les motiva para dar el 110%. Una vez más nos lo han vuelto a demostrar y, aunque por separado ya lo suelen hacer, cuando confluyen en una misma pista, hacen que el tenis cobre sentido. Su rivalidad ya no es del futuro, es más que el presente de un deporte que tenía ‘miedo’ de quedarse huérfano.

Sinner y Alcaraz, Alcaraz y Sinner, ellos se han convertido en el centro de una revolución encargada de capturar la atención de los que ya estaban y de los que quedaban por venir. Su final en Pekín tan solo es la segunda protagonizada por los elegidos del circuito, pero la primera que realmente cobra sentido. Ya no son aquellos chavales que buscaban su hueco y que aspiraban a todo, sino que el día de hoy marca un antes y un después entre dos múltiples ganadores de Grand Slam y números 1. Ambos representan la promesa del futuro del tenis, pero ya han comenzado a escribir capítulos emocionantes que evocan comparaciones con las grandes rivalidades del pasado.

Esa rivalidad, lejos de ser hostil, parece estar construida sobre un respeto mutuo, lo que la hace aún más atractiva. Este partido en tierras asiáticas se antojaba necesario. No queremos más enfrentamientos entre ellos antes de una final, ha llegado el momento de luchar por los títulos en la instancia última a la gloria. Así es como nos imaginábamos que fuera y lo que hace que cobre sentido que el mundo se pare por unas horas. Y es que esta rivalidad aflora el mejor tenis, la mayor perfección física y táctica posible hoy en día y lo que eleva este deporte a una nueva dimensión. Este partido ha enseñado al mundo, a sus competidores, hasta dónde será necesario escalar para poder ser tratados como iguales.

Un nuevo punto de partida 

Quizá este paso hacia una nueva pantalla del juego no se haya dado en un torneo de gran nivel, pero ahí radica también la clave de su aura: con este derroche de espectáculo, Pekín ha subido de categoría, al igual que su rivalidad. El español terminó conquistando el título, pero sabemos que podría haber caído de cualquier lado. En ese aspecto, los aficionados no solo quieren ver quién gana, sino que buscan el drama, la emoción, los cambios de ritmo y los momentos de tensión máxima. En ese sentido, Alcaraz y Sinner están ofreciendo todo lo que el público pide. Ahora estamos ante un nuevo punto de partida entre dos jugadores que se han construido a sí mismos en un año clave para su madurez. Ya no hay miedo a lo nuevo, esta historia está lejos de terminar y lo más emocionante es que apenas estamos viendo el comienzo.