Ojalá perseguir los sueños fuera tan fácil como transitar por un camino de rosas, pero en el mundo del tenis, como en el resto de aspectos de la vida, nada se consigue gratis. Muchas piedras por el camino, sucesos que ofrecen más tristezas que alegrías son causas razonables para darse por vencido y dejar de luchar. Sin embargo, siempre habrá alguien dispuesto a guardar todas esas piedras en la mochila para descargarlas cuando llegue a la cima. Aryna Sabalenka es una de esas ‘mochileras’ que conocen el dolor, el miedo y la oscuridad previas a la luz. Así, su primer título en el US Open le ha devuelto con creces esa apuesta por la grandeza que no todos están dispuestos a pagar.
La bielorrusa ya conocía el camino y, aún así, volvió a intentarlo para terminar de conquistar la cumbre de esa gran montaña en Nueva York. El año pasado se quedó a un paso y aquello le afectó y le enfadó, pero sanó terminó sanando la herida como ya había hecho con otras antes. Lo volvería a intentar. Sin duda, la manera en la que arrancó el año en Australia ya hacía presagiar que cerraría la etapa de Grand Slams de la misma manera, por todo lo alto. Aunque tampoco se puede ocultar que, tras su paso por allí, Aryna bajó su rendimiento, un precio que pagó tras la gloria. Pero aquello solo fue para coger el impulso que más tarde necesitaría.
Siempre fiel a sus ideas y a su estilo, Sabalenka llegó a Nueva York en una nube tras conquistar Cincinnati de forma apabullante. La favorita era más que clara y Aryna siempre lo supo. Partido a partido, pero con la cabeza siempre pensando en no bajar los brazos por si las moscas, ya que todo puede pasar y más en un Slam. Sin embargo, el trofeo le estaba esperando como ese hilo rojo que conecta dos almas que han nacido para encontrarse. Sabalenka fue derribando muros y salteando obstáculos hasta fundirse con su ansiado trofeo. Contado así parece carecer de complejidad, pero la bielorrusa es capaz de eso, de hacer fácil lo difícil. Su determinación, potencia y garra le han llevado a ser reconocida en el mundo entero como la tigresa del circuito, un fiel reflejo de ese espíritu animal de supervivencia.
Como animal que tiene a su presa en el punto de mira
Y es que Aryna ha sufrido pérdidas irreparables en su camino, un camino marcado por el trabajo incansable y lleno de sacrificios, pero de mucha evolución, especialmente dentro de su cabeza. Así, podemos decir sin miedo a equivocarnos que se ha erigido como una guerrera capaz de dominar el juego no solo por su fortaleza física sino también por su fortaleza mental. Este título demuestra una vez más su resistencia frente a la adversidad y cómo volver a intentarlo le ha llevado a cumplir ese sueño que una vez se esfumó entre sus dedos. Aryna no solo ha ganado un título, sino que se ha llevado por delante todas las trabas que le ha puesto la vida por delante para dejar atrás la mala suerte en Nueva York. Ahora sí, un animal anda suelto. ¿Quién será capaz de cazarlo?

