¿Se imaginan que tu primer título individual llegue de la mano de un entrenador sin ninguna experiencia en el circuito profesional? Es una de las historias más increíbles de esta temporada, la de Yue Yuan y José Hernández en el WTA 250 de Austin.
Si algo tiene de especial ganar tu primer título es que nunca sabes cuándo va a llegar. No lo sabes tú y mucho menos tu entrenador, la cuestión es que ese día llega y supone una explosión de felicidad. A Yue Yuan (25 años) le sucedió el pasado domingo en el WTA 250 de Austin, firmando así la mejor semana de su carrera, la que sirve para inaugurar su palmarés y enviarla directa al top50. Mientras tanto, desde la primera fila de asientos, un hombre emocionado daba gracias al destino por haberle invitado a formar parte de aquello.
Aunque su ficha oficial diga José Hernández Fernández, todo el mundo le conoce como ‘Bebo’. Retirado en 2020 tras una carrera donde llegó a ser #179 y centrado desde entonces en formarse como entrenador, una oportunidad única llamó a su puerta para regresar al circuito. Tras mucho pensarlo decidió aceptar, haciendo historia siete días después: campeón en su primer torneo profesional como coach. Ante un relato tan atractivo como este, Punto de Break acude raudo a la cita con el dominicano para conocer todos los detalles de esta aventura.
Antes de irme a la actualidad, quiero preguntarte por tu carrera como jugador. Te retiraste en 2020 casi sin avisar, ¿qué pasó?
La verdad, todavía no sé si lo he dejado, porque nunca tuve ese partido donde eres consciente que es el último. Estaba jugando Copa Davis en Colombia y justo se empezó a hablar mucho del COVID, hasta que de repente se paró todo. En aquel momento se cerraron las fronteras en España, por aquel momento yo estaba viviendo en Alicante, así que por primera vez estuve tres meses seguidos sin moverme de casa.
Aquello acabó con la carrera de más de uno.
Yo me fui de República Dominicana con 15 años y nunca más volví, pero bueno, es cierto que el COVID supuso un cambio para el mundo entero. Fue un momento de mucha reflexión, el mundo se paró, algo que en la vida del tenista es totalmente anómalo. Me sirve de ejemplo esta última semana, con mi jugadora ganando su primer título, toda una vida persiguiendo ese objetivo… pero al día siguiente a primera hora te espera un avión rumbo a Indian Wells. Esa felicidad dura un minuto y medio, es casi imposible saborearlo.
¿Cómo empezaste a entrenar?
Meses después de la pandemia, mi sponsor me pidió que entrenara a un chaval joven en Londres. Así que me fui a Londres en cuanto abrieron las fronteras y nunca volví, estuve allí dos años donde tomé la decisión definitiva de no regresar al circuito. También sufrí una depresión que no te imaginas, pero son cosas que pasan, por suerte el tenista aprende desde chiquito a nadar entre las adversidades.
¿Qué pasó con ese chico?
Sigo con él, al tercer año nos instalamos en Marbella, pero el trabajo sigue siendo el mismo. Ese ha sido todo el resumen de lo vivido desde mi último partido.
Lo dejaste siendo muy joven, ¿nunca pensaste en volver? ¿Aunque sea para jugar un último partido de despedida?
Al 100%, claro que me lo he planteado. Pero también he pensado: ¿quiero eso por mi ego o porque de verdad lo quiero? Como ser humano, esa parte la tenemos todos, me hice mil veces esa pregunta, hasta que entendí que si lo hacía era para alimentar mi ego y no para cubrir lo que yo sentía. No fue fácil, tuve una lucha interna para conseguir la paz conmigo mismo, hasta que me di cuenta que ya había dado todo lo que tenía durante mi carrera. Lo acepté, nada más, hoy en día ya estoy haciendo otras cosas, aunque reconozco que la adrenalina del jugador no la he encontrado en ningún otro lugar. El tenis tiene una fecha de expiración, no hay que aferrarse a ella, ahora quiero seguir evolucionando en otras facetas.

¿Qué sentimientos te quedaron de tu carrera? ¿Acabaste en paz con el tenis?
Doy gracias que esta entrevista la estamos haciendo tres años después, porque mi respuesta en 2021 hubiera sido totalmente distinta. Hoy en día estoy en paz, aparté mis demonios, de verdad siento que lo di todo. El éxito en esta sociedad está vinculado casi siempre a lo económico, lo material… pues yo me retiré con 3.000€ en la cuenta bancaria. De hecho, mi papá tuvo que dejarme 5.000€ durante el COVID para mantenerme, con casi 30 años […] Aquello me mató. Si uno mira mi carera con el prisma de lo económico pensarás que fue una porquería, pero supuso mucho tiempo de introspección, no se puede medir una trayectoria por el dinero ganado.
El tiempo te ha hecho exprimir lo mejor.
Mira, quizá no me retiré con una mansión o con un buen coche, pero me llevo amistades increíbles para siempre, un intercambio cultural que pocas personas tienen y experiencias de vida a los 33 años inolvidables. ¡He vivido! Eso no se paga ni con dinero, ni con un título universitario. ¿Acaso eso no es éxito? ¿No es algo para sentirse orgulloso? Vale, no tengo un Rolex ni vivo en la casa de mis sueños, pero me llevo una cantidad de recuerdos, viajes, personas y conocimientos que ahora mismo me hacen ser la persona que soy. Si volviera atrás, haría de nuevo lo mismo. En mi interior siento que sí tuve una carrera muy exitosa.
¿Empezar a entrenar tan rápido te ayudó a la transición?
Fue una transición muy fresca, sobre todo porque todavía era capaz de ser competitivo y entrenar con mi jugador en pista, aunque también fue una etapa donde fui cerrando mis heridas. Ahí me di cuenta que los demonios que yo tenía también los tienen el resto de chicos, algo que me sirvió para empatizar con ellos, a comprenderlos mejor. Por ese lado me ayudó muchísimo, a no juzgarlos desde fuera y entenderlos desde dentro.El hecho de haber pasado por esas mismas situaciones hizo que las soluciones a los problemas surgieran de manera natural.
¿Cómo terminaste tu relación con el chico británico?
Ahora juega juniors, pero su idea es ir a la universidad, así que este verano ya se marcha y yo me quedo con gente libre… la verdad, no sé qué carajo voy a hacer con mi vida. Mi carrera como entrenador empezó con él, pero ahora sus prioridades son otras. Después de cuatro años juntos separaremos nuestros caminos, así que posiblemente regrese a República Dominicana…
Cuéntame cómo surge lo de Yue Yuan.
¡Fue algo muy loco! Hace un año y medio, en unos torneos junior ITF, conocí a un entrenador con el que conecté de inmediato, desde entonces mantuvimos la conexión, incluso su jugador llegó a jugar dobles con el mío, íbamos a cenar todos los días. De repente me escribió la semana pasada, estando yo en Barcelona, y me pide si puedo viajar con Yue Yuan, tenista del top100 que actualmente estaba sin entrenador.

¿Y bien?
Mi sentimiento era de querer, pero no podía, estaba comprometido con mi jugador […] Al día siguiente me llega otro mensaje: ‘Todos los entrenadores a los que pregunté me dijeron que no, solo me quedas tú’.
Ahí ya te lo pensaste.
(Sonríe) Yo soy una persona que cree en las energías y en el universo, una oportunidad así no es normal que se presente dos veces, no existe. Llamé al papá de mi jugador y le expliqué la oportunidad que se me había presentado, algo que me iba a servir para darme cuenta si de verdad me gustaba este mundo.
¿Hubo luz verde?
Es que con él iba a terminar dentro de dos meses, así que lo entendió perfectamente. Antes ya me habían ofrecido otras cosas y las tuve que rechazar, pero esta vez fue algo excepcional. Cogí un avión a Marbella, hice mis maletas, luego me fui a Madrid y desde allí puse rumbo a Austin. Dicho y hecho.
¡Y campeones! Qué barbaridad, Bebo…
Te cuento anécdota. Llegué el sábado por la noche, pero quedamos en conocernos al día siguiente por la mañana. Ese domingo yo estaba desayunando, mirando a ver quién era ella, porque lo único que tenía era su foto de perfil de WhatsApp y vídeos de Youtube (risas). Ahí se me cruza de repente un compañero que también está entrenando, le explico mi caso y me dice: ‘Tu jugadora es justo al que tienes ahí enfrente’.
¡No!
No lo podía creer. Ahí nos presentamos y todo fue muy bien, el resto es historia. De hecho, el domingo en el transporte de vuelta a casa nos fuimos contando cómo se pronuncian nuestros nombres en nuestra lengua (risas). Fue muy loco, su primer título WTA y mi primer torneo profesional como entrenador. También soy su primer coach no chino, en fin, un montón de primeras cosas, no tiene sentido.
En siete días lo hiciste todo.
Nos conocimos el domingo desayunando, al domingo siguiente estábamos levantando el título.
(Risas)
¿Casualidad? ¿Coincidencia? No lo sé, yo creo mucho en estas cosas, pero no tengo manera de explicarlo.

¿Te ha dado tiempo para sentirte responsable de este éxito?
Sinceramente, no te da tiempo de nada. El punto de inflexión llegó el miércoles de esa semana, ahí sí creo que pasó algo. Nos sentamos, le expliqué que no teníamos tiempo de conocernos, pero ella tiene el objetivo de ser top30 y desde el día anterior yo estaba a su lado para ayudarla a conseguirlo. Intentamos crear una comunicación totalmente transparente, porque para conocerse no nos daban los días. Con esa charla rompimos el hielo, ella además viene de una mentalidad muy obediente, los asiáticos tienen a confiar mucho más…
… incluso en un desconocido.
Fue la primera pregunta que me hizo: ‘¿Tú has entrenado a algún profesional?’. Le dijo que no, obvio. Todo mi respeto y gratitud hacia ella por confiar a ciegas en una persona como yo, por abrirse mentalmente y explorar esta nueva oportunidad. Todo el mérito se lo doy a ella, sobre todo por su comportamiento, siempre estuvo muy receptiva. A partir de esa charla noté mucha más confianza, como si fuéramos un equipo de verdad, no simplemente una persona que vino a entrenarla.
Si no aceptas la oferta, si no viajas a Austin, si no tienes esa charla con ella el miércoles… seguramente la película no habría terminado así.
¿Qué te digo? […] El destino lo ha querido así, pero yo no me siento responsable por esta victoria, todo el mérito se lo doy a ella. No solamente por lo tenístico, sino por haber arriesgado en los otros factores. ¿Te imaginas invertir económicamente en un entrenador que no conoces? Quizá el destino la premió por eso, no lo sé. Todos los riesgos que aceptó la empujaron a este éxito, yo solo la acompañé dándole mi apoyo y toda mi energía positiva. Si aporté aunque fuera un 0’1% ya estoy feliz.
Desde el punto de vista de tu debut en el circuito profesional, ¿te gustó la experiencia de entrenar?
Me encantó volver al circuito, el tenis me ha dado tanto que es imposible desprenderme de él. Nunca había trabajado con nadie a estos niveles, pero sí es cierto que los circuitos ATP y WTA son bastante diferentes entre sí.
¿En qué sentido?
Es un tema muy delicado, pero creo que esta semana me di cuenta por qué Osaka y otras jugadoras hablan de la salud mental: en el circuito de mujeres apenas hay amistades. Aunque mi experiencia haya sido mínima, es una percepción que me llevo, no vi a las chicas juntarse para comer, mientras que en el circuito de hombres estábamos juntándonos todo el tiempo. Incluso los más selectos estaban siempre con dos o tres jugadores. No soy quién para juzgar, estuve minuto y medio en el circuito, pero fue lo que sentí.

La pregunta del millón: ¿y ahora qué?
Teníamos acordado Austin, Indian Wells y Miami. De momento haremos estos tres torneos juntos, no hemos hablado más. Ella sabe que yo tengo el compromiso con mi jugador hasta finales de agosto, pero ya veremos, las cosas pueden cambiar. Hace una semana, si me dices que estaría aquí en Indian Wells, te hubiera llamado loco (risas). Lo estoy disfrutando mucho, pero quiero ir día a día.

