Durante unos meses, Diego Schwartzman vagaba por los torneos ATP sin respuesta alguna a una crisis de juego sin precedentes. Afianzado en la nobleza del tenis mundial, su ranking se desplomó por completo, las dudas asolaron y muchos soltaron críticas feroces. En un momento inesperado del año, el Peque parece estar de vuelta.
Si hubiésemos tenido que apostar por un momento de la temporada en la que Diego Schwartzman volvería a competir a un nivel de juego sobresaliente, la gira asiática, quizás, no habría salido entre las principales candidatas. Sus torneos, con pistas duras rápidas, se alejan del hábitat natural del Peque. Quién mejor que el argentino, sin embargo, para derribar concepciones y fronteras imaginarias que muchos trazaron en plena fase de desarrollo. Tenía que ser alejado de los focos, de los constantes mensajes y la presión en cada encuentro, cuando el trabajo y esfuerzo continuo se materializasen en grandes golpes y, en definitiva, esa constancia dentro de un encuentro que siempre hicieron a Diego un hueso muy difícil de roer.
Hoy es un día muy especial para Schwartzman. En primer lugar, porque su triunfo en su debut en el ATP Tokio 2023 sobre Francisco Cerúndolo (6-4, 6-1) supone un golpe encima de la mesa. Era un choque casi generacional, con el abanderado en ranking de una juventud que pisa fuerte y, por otro lado, el mejor exponente postdelPotro que el tenis albiceleste haya podido tener. Es un grito de guerra, una demostración de que aún queda gasolina en el tanque de la 'Pequeneta', de que ni las piernas ni la mente han dicho basta y que solo faltaba la confianza y la seguridad en sí mismo que una racha de victorias pueden darte.
Por otro lado, Schwartzman ha ingresado a un club muy selecto del tenis argentino. Forma parte de una estadística que da contexto y valor a todo lo que ha hecho su carrera. Ha alcanzado las 250 victorias, siendo el noveno argentino en hacerlo, uniéndose a un listado de nombres que lideran Guillermo Vilas, Juan Martín del Potro y David Nalbandian. En el horizonte, una muy plausible escalada al octavo puesto (está a dos victorias de Guillermo Cañas) y un objetivo a medio plazo de alcanzar el top-7 (está a 20 victorias de Gastón Gaudio). Es una motivación más para alguien que recién ha entrado en la treintena, a quien, según la lógica del tenis actual, aún puede aspirar a tres o cuatro años más de muy buen tenis en la galera.
FINAL DEL SUFRIMIENTO
Cuatro victorias en cinco partidos. Estos guarismos son maná del cielo para Schwartzman, que tiene que viajar más de un año atrás para encontrar en su currículum una racha así. La temporada ha sido durísima: ha caído hasta en 16 ocasiones en la primera ronda de un torneo (incluyendo ATP y Challenger), ha salido del top-100 del ranking y ha roto con el entrenador que le llevó a sus cotas más altas (Juan Ignacio Chela). Es la historia del Ave Fénix que renace de sus cenizas y calla bocas por doquier, la de alguien que encontró en Shanghái el empujón que necesitaba y que ahora surfea una ola de confianza que no tiene visos de finalizar. Alex de Miñaur es el próximo objetivo de un Peque que ha vuelto a sonreír, que encuentra potencia y continuidad en sus tiros y que se encuentra a solo una victoria de regresar al tan anhelado top-100 del mundo. Y el tenis celebra, por supuesto, que uno de sus grandes 'obreros' recobre la sonrisa y firme hitos como este.

