El tenis ha vivido en las últimas décadas una enorme sequía en lo que a 'niños prodigio' se refiere. Desde que Rafael Nadal cayese sobre la tierra batida de París como un trueno a mediados de los 2000, muy pocos adolescentes irrumpieron con la fuerza de Carlos Alcaraz... y las derrotas, naturales, generan disconformidad.
Lo que Carlos Alcaraz viene haciendo desde que aterrizase en las grandes ligas del circuito ATP es prácticamente histórico. A nivel de precocidad y juventud, algo que no se había visto desde el propio Rafa. A nivel de tenis y estilo de juego, una bocanada de aire fresco para trazar un futuro esperanzador. A nivel de presente, el mayor competidor que ha enfrentado Novak Djokovic en las últimas temporadas. Y, aún así, un par de derrotas son capaces de hacer sonar las sirenas de alarma, posiblemente por las expectativas irreales que la consistencia, regularidad y marcado nivel de excelencia del Big Three han generado en buena parte del público. ¿Hay que preocuparse con lo que está ocurriendo con Carlos Alcaraz?
Para contestar a este tipo de dudas, en ocasiones echar una mirada al pasado nos ayudará a entender el presente. Curiosamente, estos mismos cantos de sirena se vivieron a estas alturas... pero en el 2022. Entonces, el murciano había hecho historia, alzando su primer Grand Slam y convirtiéndose, por extensión, en el número uno más joven de la historia. Sin embargo, varias derrotas en el último tramo del año (Goffin en Astaná, Aliassime en Basilea, Rune en París) fueron suficientes para cuestionar lo que habíamos vivido apenas meses atrás. ¿Tocaba ahora el año de bajón y de problemas para defender los puntos? ¿Le habían tomado la medida los rivales a Carlitos? ¿Acaso no tenía el murciano un Plan B que poder poner en marcha?
Ya saben cómo continúa la historia: después de hacer caso omiso a los más críticos, a los que lo tachaban de sobrevalorado y ponían en duda sus triunfos por la falta de competición, el murciano decidió hacer otros seis meses legendarios en un 2023 en el que ha derrotado a Novak Djokovic en una final de Wimbledon (igual merece la pena detenernos en este punto; es algo que absolutamente nadie había conseguido a lo largo de una década), ha sumado nuevos Masters 1000 a su palmarés, ha acrecentado su historial de semanas de número uno y ha alcanzado las semifinales en todos los torneos disputados menos en tres. Precisamente a raíz de la derrota en el último, ante un Grigor Dimitrov excelso (porque, sí, el rival también juega... y en este caso, mucho), la caja de Pandora volvió a abrirse.
GESTIÓN EMOCIONAL Y FÍSICA, ASIGNATURAS PENDIENTES
No todo es perfecto en el mundo de Alcaraz, ni mucho menos. Es un apunte importante para el que piense que este texto no es más que una oda exagerada. Su gira asiática es de suspenso, más por forma (bajó los brazos en el segundo set ante Sinner en Pekín como pocas veces le hemos visto hacer) que por resultados. Si buscamos motivos y explicaciones a lo que hemos visto en pista, eso sí, la ambición y la gestión emocional y física parecen el motivo principal. Las declaraciones del murciano sobre el número uno muestran una especie de obsesión que, por muy natural que pueda ser en un tipo de 20 años ambicioso hasta la médula, está cargándole de una tensión extra y de una carga de torneos innecesaria que empiezan a manifestarse en cada encuentro.
Porque si hay que apuntar a un motivo tenístico, no, lo más importante no es que los rivales le estén tomando la medida (todos quieren ganarle, pero Carlos derrotaría a la mayoría si el plan A funciona bien, más allá de que encontrar variantes en los días no tan buenos también sea una asignatura pendiente): las piernas de Alcaraz no están tan frescas como en meses anteriores. Es ahí donde se sustenta su juego: su explosividad le permite siempre estar un segundo mejor colocado que el rival, golpear la derecha con un timing delicioso, desplegar ese tenis 'de toda la pista' que se convierte en una apisonadora. Si las piernas, planas por la carga física y la tensión mental de un objetivo tan marcado (en Roland Garros, ante Nole, hay una muestra perfecta de cómo responde el cuerpo y tenis de Alcaraz cuando su mente se fija demasiado en una meta) no funcionan, el tenis de Carlos no funciona... y se convierte en un batiburrillo de jugadas que, ante un rival consistente, sólido y con variantes suficientes, se queda corto (Dimitrov y Sinner así lo demostraron).
De esto Carlos aprenderá, no cabe duda. El propio Rafa necesitó de muchos años para llegar al final de temporada con las energías suficientes, para administrar su ímpetu y carga de partidos en temporadas maratónicas. Quizás una vuelta al número uno, más de forma natural y no por una concatenación de torneos abrumadora, relaje mentalmente a un Alcaraz que lidia con problemáticas a las que solo los mejores se enfrenten. Quizás necesite de otros tres meses legendarios, a inicios de 2024, para volver a acallar esas voces que afirman que el circuito 'ya le ha calado'. Al fin y al cabo, esos mismos considerarán un 'fracaso' conquistar un Grand Slam y varios Masters 1000 en un año natural... registros solo comparables a los del Big Three. Pero parece que nunca es suficiente...

