Carlos Alcaraz y Lorenzo Musetti salen a escena en un Roland Garros 2023 cargado de grandes partidos. Pocos, eso sí, con la trascendencia e intrahistoria que el de un duelo generacional, un choque más entre dos jóvenes que dieron sus primeros destellos de brillantez justo tras la reanudación del tenis tras la pandemia. En la segunda mitad del 2020, el murciano comenzó a engordar una vitrina de trofeos que quizás pocos se imaginaban que tendría semejante techo; el otro, además de medir fuerzas y acostumbrarse a la categoría Challenger (el escalafón en el que Carlos arrasaba), se presentó en sociedad en el torneo de Roma. Eran las raquetas del futuro, sobre la que se empezaba a generar una narrativa de rivalidad fratricida que, dos años y medio después, no se ha cumplido en su totalidad.
Porque uno llega a este duelo con el peso que marca el número uno del ranking ATP. No uno cualquiera, el más joven de la historia; hasta este torneo, soportar la presión de liderar al resto ha inhibido las virtudes de Alcaraz, que no masticó de forma correcta su primera llegada a la cima. Sin embargo, París está siendo hasta el momento una alfombra roja sobre la que Carlos hace y deshace a su antojo. Sin queja alguna por las polémicas bolas o las condiciones, el de El Palmar avanza con la fuerza de un huracán, combinando su ya tan espectacular tenis de defensa y ataque, mostrando que sus prestaciones no deben menguar porque se manifiesten en una superficie algo más lenta.
La progresión de Musetti ha sido muy distinta a la de Carlos. Más gradual, con muchos más baches en el camino y con tramos de brillantez que se alternan con inexplicables derrotas. El talento y la clase están ahí, pero aún faltan la polivalencia, la capacidad de sacrificio y la adaptación a un tenis más de pistas rápidas. Establecido en el top-20, varios coetáneos le han pasado por la derecha, pero Lolo no titubea y busca que este Roland Garros sea el de su total consagración. Se lo está tomando en serio, desde luego: no ha cedido ni un solo set en sus tres primeros encuentros, a pesar de medirse a una de las pequeñas revelaciones del 2023 (Shevchenko) y al siempre correoso Cameron Norrie.
UN PRECEDENTE ESPERANZADOR PARA 'LOLO'
Su centelleante estado de forma se combina con un precedente que envuelve a este partido en un aura de mayor incertidumbre de lo que, quizás, el ranking de cada uno indica. En la final de Hamburgo 2022, Musetti fue capaz de anular el tenis de un Alcaraz irregular, que funcionó a ramalazos ante un colosal transalpino. Para ello, la distancia desde la que resta Lore se convirtió en la primera clave: se da todo el tiempo del mundo para restar a varios metros desde la línea de fondo, si bien su devolución toma una trayectoria muy distinta a la de, por ejemplo, Daniil Medvedev. Carlos buscó constantemente su resto de revés, como hiciese en numerosas ocasiones ante Tsitsipas, pero se encontró una auténtica navaja suiza que se da todo el tiempo del mundo para lanzar un resto con muchísima parábola y muchísimo ángulo, negándole la posibilidad de atacar con la derecha la primera bola tras el servicio.
Fue esta la gran clave que imprimió Musetti a su tenis para, al menos, darse la oportunidad de derrotar a un Carlos mucho más desarrollado en su tenis. Consiguió enjaularlo en la zona de un revés en el que Alcaraz no confió demasiado, acumulando fallos que le acabarían por condenar. No consiguió Carlos hacer el suficiente daño con variantes que, en teoría, podrían cambiar este tipo de guion: saque-red, dejadas y un tenis mucho más templado, tirando también de bolas 3/4 y con altura para no dar a Musetti la posibilidad de jugar en diagonal de forma constante. El swing largo y la cantidad de efecto que imprime a su pelota Musetti hacen que la rapidez de la bola de Alcaraz no le terminen de molestar, elevando a las alturas su revés a una mano cruzada y forzando a Carlos a tomar una decisión: invertirse y dejar todo el paralelo por su zona de derecha abierta... o intercambiar golpes de revés de forma interminable.
Sin embargo, Carlos ha demostrado en este Roland Garros que tiene mucha más paciencia y solidez que en aquel torneo veraniego. Ante Shapovalov, por ejemplo, fue capaz de sacar adelante muchísimos puntos en los que se vio en una posición defensiva, fallando muy poco y extenuando al canadiense. Encontrarse a esta muralla debería hacer dudar a un Musetti que se vio ciertamente ayudado en aquella final, si bien planteó el partido desde la táctica de forma brillante. Dos jugadores con un futuro esplendoroso por delante, que llegan en un estado de forma sensacional y que quieren prender en llamas uno de los escenarios más bonitos del mundo. La Philippe Chatrier está lista y el mundo del tenis también para este duelo de auténticos pesos pesados.

