La presión a la que te somete el deporte profesional puede llegar a ser desbordante. Cuando las expectativas que se colocan sobre tus hombros son abrumadoras, calificándote como una de las próximas estrellas del mundo del tenis, la respuesta no siempre es positiva. Eso lo ha vivido en sus carnes Caroline Garcia, quien ahora ha encontrado la paz y la tranquilidad tanto dentro como fuera de la pista, pero que llegó a vivir un infierno merced a una enfermedad que alteró por completo su día a día: la bulimia. Era un dato desconocido, pero la brava confesión de Caroline en una entrevista con L'Equipe añade contexto a unas temporadas en las que las críticas podían llegar a ser feroces.
Porque la gala subió como la espuma a una edad muy joven. Incluso tipos de renombre como Andy Murray pronosticaban que sería la próxima dominadora del circuito femenino. En 2017 llegó a ser top-5, pero supo lidiar el éxito y descendió a los infiernos de forma vertiginosa. Ese descenso se ha prolongado a lo largo del tiempo con algunas crisis muy importantes, algunas de ellas, incluso, esta misma temporada, en la que ha materializado una especie de segunda juventud (si bien es aún tremendamente joven). "Noches sin dormir, llorando en mi habitación": así definía Caroline varias etapas a lo largo de los últimos meses. Sin embargo, si había un momento para soltarlo todo, es ahora, tras haber vuelto al top-5, haber conquistado las WTA Finals y, sobre todo, haber encontrado una forma de mitigar la enfermedad.
"Todo el mundo es diferente. Hay gente que deja de comer, pero para mí fue al contrario: encontré refugio en la comida. Te sientes tan vacía y tan triste que necesitas llenarte de alguna forma. Todo esto proviene de la angustia que me provocaba no ser capaz de hacer lo que me gustaría en la pista, de no ganar, de sufrir físicamente. Eran momentos de crisis. Comer me calmaba y me tranquilizaba durante algunos minutos. Todos sabemos que no es algo permanente, que no dura mucho tiempo, pero suponía una vía de escape. Era incontrolable. Cuando estás sola, es aún más difícil de controlar, y en el tenis pasas mucho tiempo sola en la habitación de tu hotel. Ahí es cuando ocurría".
Son palabras impactantes y que provocan una profunda reflexión de la tremenda competitividad del mundo del deporte, de lo despiadado que puede llegar a ser este estilo de vida. Poder darle la vuelta a esta situación no es nada fácil, pero Caroline buscó ayuda y comenzó a hablar de sus problemas con amigos y familiares. El efecto fue positivo e inmediato, si bien el proceso hasta dejar todo atrás por completo es aún muy largo, ya que el primer cambio ha de producirse en ella misma. "Llegó un punto en el que era demasiado crítica conmigo misma. Soy el tipo de persona que lo mide todo al milímetro, también con el peso. Había caído por completo en los excesos".
UN CAMBIO DE MENTALIDAD, CLAVE
Como decíamos, ahora Garcia afronta una dura pelea con otra filosofía completamente distinta, dando pequeños pasos para llegar a cuidarse al 100%. "Poco a poco entiendes que si esto pasa y ocurre no es el fin del mundo: desde que empleo tiempo en cuidarme a mí misma, ocurre menos. Y cuando ocurre, lo proceso mejor y me siento menos culpable. Permitirme algunas satisfacciones me ayuda a la hora de frenar todos estos deseos. Si ahora siento que quiero tomarme una pizza, me la tomaré y dejaré de obsesionarme. Hoy día, todo está mejor. Disfruto de mí misma, me cuido. Por ejemplo, me tomé una pizza el día antes de mi partido ante Kasatkina en las WTA Finals. Quería comérmela, si bien era con masa libre de gluten. Me hizo muy feliz comerme esa pizza... ¡y me mantuve dos horas y media en la pista al día siguiente!".

