Nunca es suficiente y cuanto más arriba llegas, resulta más complejo afincarse en la cima. Carlos Alcaraz ha explorado límites que se antojaban inviables para alguien de su edad y es consciente del complejo desafío que tendrá que afrontar en esta próxima campaña. Ubicado en el número 1, con todos los focos mediáticos sobre él, arrastrando problemas físicos y sabiendo que tanto Novak Djokovic como Rafael Nadal querrán volver a imponer su autoridad en un Grand Slam, como el Open de Australia 2023. Así se presenta el arranque del año para el murciano, necesitado de confianza pero, sobre todo, con la obligación de huir del ruido mediático que se puede generar en torno a cualquier derrota y la ansiedad que ello le puede generar. Está perfectamente asesorado a todos los niveles, se asume que puede tener dificultades para arrancar, pero un competidor de su nivel nunca se pondrá la tirita antes de sufrir la herida y es más peligroso que nunca cuando menos se le espera.
Alcaraz tiene asegurado comenzar el Open de Australia 2023 como número 1 del mundo
Los plazos de recuperación de su compleja lesión abdominal van muy justos para retornar a pleno rendimiento en Melbourne, pero es buena señal que haya podido comparecer en Abu Dhabi, por muy bajo que haya sido su nivel competitivo. Una de las grandes ventajas con las que juega Carlitos es que no tiene necesidad de autopresionarse demasiado por su vigencia en el número 1. Puede tomarse las cosas con calma, sin competir en ningún torneo oficial previo al Grand Slam australiano y buscando adquirir ritmo en la exhibición de Kooyong, sin que ello ponga en peligro su permanencia en lo más alto. Tiene asegurado ingresar en el Open de Australia 2023 como número 1 del mundo y únicamente 90 puntos de los 6.820 que figuran en su casillero particular, se pondrán en juego durante el primer mes del año.
Corresponden a la tercera ronda que alcanzó el pasado año en este evento, al que llegó en unas condiciones bastante comparables a las actuales. Alcaraz había roto el cascarón en el US Open 2020, llegando a cuartos, sufrió una lesión y pudo jugar bien el último tramo de la temporada, terminando muy tarde con el título en las NextGen ATP Finals. Fue necesario parar unas semanas para recuperarse de los esfuerzos físicos y mentales, decidió ir a Melbourne sin disputar ningún evento previo y asumió que quizá no estaba en la forma soñada para un torneo de esta envergadura, pero solo un genial Berrettini pudo vencerle, recurriendo al supertiebreak de la quinta manga. Rindió por encima de lo esperado incluso de él y de su entorno, lo cual es una constante en un competidor de su calibre.
El español solo defiende 90 puntos del ranking ATP en todo el mes de enero
Y es que si algo caracteriza al murciano es su capacidad para crecerse en los grandes escenarios. Conviene recordar cómo se agolpaban las dudas en torno a él durante este verano, cuando Tommy Paul y Cameron Norrie consiguieron imponerse a él en Canadá y Cincinnati, respectivamente. Parte del gran público proclamaba a los cuatro vientos que el murciano estaba acusando la presión y que su primera mitad de año no iba a tener continuidad en Nueva York. Lo que ocurrió luego lo sabemos todos.
En estos momentos, Carlos Alcaraz está en un proceso que, tarde o temprano, le conducirá a su mejor tenis. Quizá, la parada del Open de Australia 2023 esté situada demasiado pronto en el calendario, pero a buen seguro, sacará todo su arsenal de intangibles de campeón y leyenda en ciernes para elevar su nivel. Trabajo, paciencia, relativización de resultados, visión a medio plazo y alejamiento de opiniones catastrofistas son los ingredientes básicos para que el murciano se sienta competitivo de nuevo y presente sus credenciales a luchar por la gloria.

