Iga Swiatek, el poder infinito de una genio introspectiva

La polaca tiene todos los ingredientes para hacer historia tras este título en el US Open 2022, con un tenis inabordable y una personalidad realmente genuina.

Diego Jiménez Rubio | 11 Sep 2022 | 08.00
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Iga Swiatek, artículo homenaje US Open 2022. Foto: gettyimages
Iga Swiatek, artículo homenaje US Open 2022. Foto: gettyimages

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La candidez e inocencia que muestra en sus declaraciones es directamente proporcional a la fiereza competitiva de la que hace gala en la pista. Iga Swiatek, flamante campeona del US Open 2022, ha llegado a la cima para quedarse y tiene todas las armas necesarias para hacerlo, construyendo no ya un edificio sólido, sino todo un monumento al tenis, el sacrificio diario y la pasión por este juego. Hay situaciones en la vida que resultan insondables, avatares de difícil explicación y que escapan a la lógica, como la falta de preponderancia en los medios, valoración pública y atención mediática de una joven de 21 años que ostenta ya tres títulos en su haber y que transmite la sensación de poder sumar con una recurrencia inimaginable para muchas otras coetáneas que se desinflaron tras ocupar portadas o cambiaron las deportivas por las del papel couché. Swiatek se ha alejado de eso con la naturalidad de una niña que solo quiere jugar al tenis.

"Cada vez que termino un partido de tenis me resulta inevitable no llorar, gane o pierda". Con estas palabras describía la polaca el martirio mental que sufrió durante meses, después de saltar a la palestra con aquel título en Roland Garros 2020 que situó su figura en un contexto para el que no estaba preparada. Lejos de huir o empeñarse en exprimir esa gallina de los huevos de oro que supone ser campeona de Grand Slam, Iga buscó la reconciliación con este deporte y el equilibrio entre su ambición desmedida y el rendimiento de una deportista de élite. Su exigencia se la marca ella misma, sus problemas se los crea su mente, que es también quien la saca de ellos. Cuando comprendió la complejidad de eso y la necesidad de no autoexigirse tanto, halló el camino a una gloria que saborea en cada paso, disfrutando del proceso sin obsesionarse con los resultados y saliendo reforzada de cada revés.

Swiatek contrató una psicóloga deportiva para intentar aprender a gestionar sus emociones y canalizar afán ganador

Ganar siempre es imposible, por mucho que a lo largo de esta temporada haya transmitido la sensación de que la victoria era un desenlace ineludible cuando salía a competir. Esa movilidad de piernas con la que parece que pueda generar energía, son turbinas que impulsan su juego y lo convierten en letal. Un revés diabólico, una derecha capaz de imprimir efectos muy pocas veces vistos en el circuito femenino y, sobre todo, una capacidad para aislarse de todo lo que ocurre alrededor y centrar su mundo entre unas cuantas líneas. Tiene los pies en la Tierra, ostenta un poderoso sentimiento de arraigo a su país que le convierte en una heroína local y muestra una naturalidad que encandila a cualquiera. Su ritmo frenético en la pista la presenta como una jugadora llegada del futuro para dinamitar todas las previsiones del presente.

El hecho de haber contratado una psicóloga deportiva y hablar abiertamente de ello, sin considerarse una adalid de nada, sino normalizándolo y argumentando los motivos que le han llevado a su contratación, habla muy a las claras de cómo su timidez e introspección son vencidas por su voluntad por mejorar. Si es capaz de entender que ser número 1 no la obliga a ganar siempre y que perder partidos, como los de este verano, no es ningún drama, podemos estar ante una tenista que marque una época. Banalizar las derrotas sin que ello suponga querer ganar menos; ese es el equilibrio emocional al que puede llegar y que se erigiría en la lanzadera definitiva para su carrera. Mientras lo busca, solo queda disfrutar de su tenis tanto como lo hace ella practicando este deporte. El cielo es su límite. Van tres y da la sensación de que la cuenta seguirá aumentando. Hay Iga Swiatek para rato.