Dos años después, Dominic Thiem regresa al US Open con la sensación de tener que defender el título que levantó en 2020. Lo hace tras perderse la edición de 2021 debido a una lesión de muñeca que le ha mantenido lejos de los focos durante las dos últimas temporadas. Pero el austriaco no se rinde, siempre supo que era una cuestión de tiempo, aunque todavía sigue recorriendo los instantes más oscuros en busca de esa confianza que le permita regresar a la élite. Mientras tanto, Dominic rescata en un reportaje con ATP lo que vivió en Flushing Meadows en su último verano allí.
Campeón hace dos años
“Aquel recuerdo nunca envejecerá, siempre estará muy presente para mí, siempre será especial, un momento que me hizo muy feliz. Al mismo tiempo, sabemos que el deporte es un negocio en el que todo avanza muy rápido, todo el mundo tiene hambre por conseguir cosas todos los días. Ahora mismo no tengo ninguna ventaja respecto al resto por haber sido campeón en 2020”.
Nervios en un día especial
“Recuerdo cada detalle de lo sucedido esa mañana, como si fuera ayer. Aunque realmente fue una mañana normal, el calentamiento con mi entrenador (Nicolás Massú) fue muy bien, tuve una gran sensación con la bola. Lo cierto es que no fue tan diferente a las otras Grand Slam que había jugado, las cosas malas llegaron una vez comenzó el partido. De repente me vi increíblemente nervioso, tremendamente atado por mis pensamientos. Traté de relajarme, de liberarme, ya que si no lo hacía iba a perder de todos modos. Era la oportunidad de jugar más agresivo, más suelto”.
Remontar dos sets a cero
“Creo que desde ese momento todo cambió para él. Cuando estás dos sets abajo en una final así, empiezas a mirar el partido de otra forma, te detienes mucho en el marcador, intentas mirar mucho más allá, mucho más lejos de donde estás. En mi caso, cuando haces el quiebre y estás cerca de ganar el tercer set, piensas en la oportunidad de ponerte 2-1, ahí ya no ves las cosas tan lejos. Si ganaba ese set sabía que tendría una buena opción”.
Un título que cambió su carrera
“La lección que aprendí fue que siempre hay luz al final del túnel, incluso cuando ya no crees que había luz, incluso cuando las cosas se ponen realmente difíciles, cuando hay muchísimo dolor y crees que ya no hay forma de avanzar. Tuve esa sensación bastante encima cuando comencé a sufrir dolor en la muñeca el pasado verano, pero entonces me acordé de esta experiencia. Después de un tiempo, uno sabe que siempre hay forma de dar un paso adelante. Ver estas pequeñas cosas positivas es realmente importante, pero no solo en el tenis, sino en la vida en general”.

