No siempre tenemos la oportunidad de ver en el circuito ATP una final entre dos top-20. Cuando hablamos de dos jugadores que se acercan al top-5 en una superficie en concreto, el duelo se torna aún más interesante. La mañana en el ATP Gstaad 2022 aguardaba a dos jugadores con muchas ganas de volver a ganar. Si Casper Ruud quería desquitarse del agridulce sabor de boca que le dejó la final de Roland Garros, Matteo Berrettini buscaba volver al circuito tras su inoportuno positivo en COVID de la única forma que ha conocido en los últimos meses: con un título. Finalmente fue la calma y la entereza del noruego la que marcó la diferencia en una final de muchísimo nivel, decidida en márgenes muy pequeños (los de las derechas del italiano que se marcharon en el tie-break del segundo set) y que dejó a Casper con su tercer título de la temporada (4-6, 7-6(4), 6-2).
Pista de tierra batida, pero en un enclave de muchísima altitud. La bola vuela en Gstaad y eso es algo que, más allá de no incomodar a ninguno de los dos, permite que el ritmo de partido sea bastante rápido. Aún así, el inicio del encuentro concedió alternativas a ambos jugadores: Casper se esforzaba en invertirse de derecha y percutir el revés de Matteo, mientras que el italiano sacaba a relucir el revés cortado e intentaba ser agresivo con su golpe más débil. Pareció funcionar: esa agresividad al resto, que ya mostró en el partido previo ante Thiem, le permitió tener bolas de rotura al saque de un Ruud que aún no se había enchufado de todo.
Berrettini las aprovechó, si bien inmediatamente Ruud tuvo la opción de responder. Parecía que lo tenía: un intercambio del que tenía el control, una derecha invertida cruzada a la línea y la paralela para cerrar el contrabreak. Sin embargo, la polémica se adueñó del encuentro, el árbitro bajó a revisar la primera derecha y la determinó como mala: punto invalidado y, finalmente, la consolidación del break para el transalpino. Fue el envión de confianza que necesitaba: desde aquel mismo instante, habiéndose colocado 4-2 en el primer set, Berrettini empezaría a dar una auténtica masterclass al servicio. Saque y derecha, saque y derecha. Una y otra vez: el martillo pilón italiano solo necesitaba una rotura para encarrilar una final.
RUUD SE HACE GRANDE EN EL TIE-BREAK
Cuando siete de los doce juegos disputados en un set se resuelven en blanco, no hace falta demasiado análisis para aventurar cómo se desarrolla el encuentro. Fue Berrettini el que continuó en pleno control del partido, cediendo únicamente dos puntos al saque hasta llegar al tiebreak. El trabajo pesado le tocó a Ruud, que aguantó los bombardeos del italiano y mantuvo la compostura con su servicio. Especial mérito tuvo la situación que salvó con 4-4 y 30-40: saque y derecha paralela a la línea, una muestra de entereza y confianza, una señal que indicaba que no estaba dispuesto a dejar marchar el partido por la vía rápida. Al noruego solo le quedaba esperar, mantener el tipo y aprovechar una mínima grieta en la coraza de Matteo. Y esa coraza llegó en la muerte súbita, donde Casper se aferró a la pista y se adelantó con una ventaja de 5-1. Todo el guion del partido acababa de irse al traste: Ruud, a pesar de ir a remolque en todo el encuentro, igualaba a un set y cambiaba la inercia por completo.
CASPER DA UN GOLPE SOBRE LA MESA
Lo cierto es que algo ha cambiado en la actitud y mentalidad del noruego. La confianza cambió de bando de un momento a otro: todas esas bolas de break salvadas en el segundo set, su capacidad para no irse del partido mentalmente en ningún momento... todo eso cobró vida en el inicio del tercer set. Para sorpresa de muchos, fue Matteo el que desconectó del partido: su derecha se borró del encuentro, cometiendo decenas de errores no forzados en apenas un par de juegos al servicio, y Casper dio un paso adelante al resto para iniciar el parcial definitivo con una rotura. Era una de esas roturas de jugador grande, de tenista con jerarquía que sabe interpretar los momentos del partido y esperar su oportunidad para apretar el pie del acelerador. Solo le faltaba mantenerlo a lo largo del tercer set.
No solo lo mantuvo: redobló su apuesta para colocarse dos breaks arriba. La derecha de Berrettini desapareció por completo y ahora era la derecha del noruego la que verdaderamente hacía daño. Sensación de tranquilidad y firmeza y un tenis que lo acompañaba: no había ningún motivo para no creer en el finalista de Roland Garros, que acabaría por morder un nuevo trofeo y volver a levantar un título (el tercero del año tras Buenos Aires y Ginebra). Fue una final de mucho nivel que confirma que Casper es un tenista de otra dimensión, con la tranquilidad para llevarse partidos apretados ante los mejores en la superficie bajo la que mejor funciona. Matteo, por su parte, pierde el invicto que acumulaba desde Indian Wells pero vuelve a demostrar que tiene el tenis para ser tenido en cuenta en prácticamente cualquier torneo. No es asunto baladí, no.

