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Siempre nos quedará Madrid

Madrid vuelve a revivir una gran rivalidad que empezó allí precisamente hace 15 años. Repasamos la preciosa historia de los duelos entre Novak Djokovic y Andy Murray.

Djokovic y Murray en la entrega de premios tras la final que jugaron en 2016. Foto: Getty

El Mutua Madrid Open 2022 nos ha regalado para los octavos de final un auténtico viaje a la nostalgia. Nos va a brindar un partido que es historia viva del tenis, una rivalidad sin la que no se puede entender gran parte de lo que llevamos de siglo XXI en el deporte de la raqueta. Estamos hablando del enésimo episodio de la increíble rivalidad que mantienen el serbio Novak Djokovic y el británico Andy Murray. Un choque de colosos que parecía haber escrito sus últimas líneas largo tiempo atrás y que sin embargo aún nos reserva al menos un bonito epílogo. Viajar a través de los Djokovic-Murray es viajar a través del crecimiento tenístico de dos de los mejores jugadores de la historia del tenis, es revivir momentos míticos de los Grand Slam, es volver a disfrutar con arduas batallas que nos han regalado momentos inolvidables, puntazos de otro planeta, instantáneas que perdurarán para siempre. A la sombra de los Nadal-Federer o los Djokovic-Nadal, la 37ª parte del Djokovic-Murray es un viaje a la historia del tenis.

Casualidades del destino, el romanticismo del deporte o como se quiera ver, pero la realidad es que Novak Djokovic y Andy Murray parecían estar destinados a cerrar un precioso círculo de años y años de confrontaciones tenísticas en la misma ciudad y en la misma ronda. Y no, no es precisamente la final del torneo aunque ambos merecieran algo así. Pero la simetría en este caso exige que el choque sea en los octavos de final, allí donde se encontraron por primera vez. Porque más allá de todo lo que puede acaecer a lo largo de una relación, sea del cariz que sea, la primera vez es la primera vez. Es especial, quizá pocos la recuerden, pero Madrid quiso ser la ciudad y el evento en el que Djokovic y Murray cruzaron sus caminos por primera vez en el circuito profesional.

Aparición en el circuito y consolidación como outsiders de lujo de Federer y Nadal

Eran dos adolescentes prácticamente. Tenían 19 añitos, los dos del la exquisita cosecha del año 87. El mundo del tenis había dejado atrás el tedioso mundo del saque y red de los 90 y tras un período de adaptación e inestabilidad con diferentes nombres copando el cetro del tenis mundial, dos jugadores se habían adueñado de todos los focos: Roger Federer y Rafa Nadal. Nada escapaba a ellos. Una nueva era de duopolio se venía al estilo de los Borg-McEnroe o los Sampras-Agassi. Quién iba a pronosticar que aquellos dos jovenzuelos aún poco conocidos para el gran público que se batían en duelo en la cubierta del entrañable Madrid Arena de la Casa Campo serían actores tan relevantes en lo sucesivo. Que darían tantos quebraderos de cabeza a los todopoderosos Federer y Nadal, que discutirían incluso su supremacía en el tenis mundial.

Era un 19 de octubre de 2006. Octavos de final del Mutua Madrileña Masters Madrid, perteneciente a los antiguos Masters Series. La superficie de GreenSet (dura) ponía las condiciones de juego bajo la cubierta del Madrid Arena. Una primera batalla en la que prevalecía Novak Djokovic por 1-6, 7-5 y 6-3. Interminables rallies, espectacular pelea, entre dos jugadores que no eran cabezas de serie, pero que sin duda ya eran señalados como dos de los jóvenes más valiosos de la nueva generación. Djokovic iba a ser el indudable dueño y señor de los primeros enfrentamientos, un espejismo de lo visto en el primer día. Cuatro triunfos seguidos del serbio, que incluso llegaría a encadenar 17 juegos consecutivos. Desde el 1-1 en las semis de Miami que acabaría con 6-1 y 6-0 hasta el 6-0 del primer set en Montecarlo. Djokovic evolucionaba mejor que Murray, más atrevido en su juego, mejor físicamente, con menos dudas en su cabeza.

Una segunda etapa sin embargo vería como Andy Murray recuperaría terreno. Llegaría un punto en el que incluso Murray tenía más Masters 1000 que Djokovic. Fueron los tiempos de zozobra del balcánico hasta su metamorfosis en 2011. Murray le pudo ganar tres veces consecutivas, siempre en cemento y en Norteamérica, donde el escocés brillaba con más fuerza. Ambos ya se habían encaramado bien arriba en el ránking, perfilándose como los outsiders de lujo de los dos reyes del tenis mundial, Federer y Nadal.

Su madurez tenística y la forja del famoso 'Big Four'

Djokovic y Murray corrían el riesgo de quedarse ahí, de quedarse en grandes jugadores, a tener muy en cuenta, pero nada más que eso. La generación que les sucedió fue muy criticada posteriormente por ser una generación débil, de jugadores blanditos, muy bien dotados técnicamente, pero no mentalmente. Tenían delante de sí una barrera psicológica enorme con respecto a los titanes del circuito. El 'Fedal' miraba desde el Olimpo del tenis con tranquilidad, más allá del peligro que entrañaban siempre estos nombres. No sería este el caso de Djokovic y Murray, aunque lo lógico y lo más fácil es que hubiera sido así. Que se hubieran rendido ante el suizo y el balear, que se conformaran con algunas semanas de ensueño y disfrutaran de las mieles del 'top ten'.

Cuán diferente ha sido el devenir de los acontecimientos. Novak Djokovic despegó hacia ese Olimpo en 2011, ganando tres de los cuatro Grand Slams, ganando siete finales seguidas a Nadal. Su segundo título de Grand Slam vendría precisamente ante Murray, era su primer choque en 'majors'. Un punto de inflexión en la carrera del serbio que le catapultó. Murray seguía atascado, se le tildaba de defensivo, de demasiada especulador, de no ir a por los partidos en las grandes citas. El cara a cara entre ambos era ya bastante desigual, reflejando claramente la determinación hacia la gloria de uno y las dudas y el estancamiento del otro, aún buscando su mejor versión y aquel entrenador que pudiera sacar lo mejor de él.

Esa persona sería la leyenda checa Ivan Lendl. Solo él pudo exprimir al británico. De nuevo, el destino quiso que la historia de Murray y Djokovic se escribiera entre ellos. El primer Grand Slam de Andy llegaría en el US Open de 2012 precisamente ante Nole. Cinco mangas agónicas y Murray se quitaba un peso de encima de catedralicias proporciones. El otro peso que cargaba, más molesto aún, era el de Wimbledon. Y una vez más, con Novak Djokovic de testigo de excepción. Ya le había batido en los Juegos Olímpicos el año antes y en la final de Wimbledon de 2013 no hubo color. Murray hacía vibrar a toda una nación y un británico volvía a ganar en la Catedral desde los años 30 con Fred Perry.

El 'Big Four' era toda una realidad. Era evidente que los cuatro no comían en la misma mesa, pero los cuatro eran siempre candidatos en todos los Grand Slam, omnipresentes en el circuito. A medida que Federer y Nadal ganaban años, Djokovic y Murray ampliaban su peso en el circuito. Especialmente el serbio. Poco a poco, año año, Grand Slam a Grand Slam, recortaba la desventaja con el suizo y el español. Otro momento más a añadir en la historia de Nole y Andy que ambos escribirían juntos: Novak Djokovic completaba en 2016 el Grand Slam ganando Roland Garros. Entraba en un club muy selecto de jugadores que habían ganado todos los grandes. Es realmente curioso cómo en los grandes momentos de ambos, el otro estaba casi siempre presente, una historia absolutamente ligada, yendo de la mano. Pero paradójicamente, ese sería finalmente el gran año del escocés, culminado con el triunfo en las ATP Finals de Londres y asegurando el número uno mundial a final de temporada. ¿Adivinan contra quién en la finalísima? Correcto, Novak Djokovic.

Declive de sus carreras en un fatídico 2017 y últimos años con muy dispares caminos

Su último duelo, el número 36, tuvo lugar cuando su rivalidad estaba en lo más alto, cuando ambos eran el nuevo 'Fedal'. Federer y Nadal parecían lejos de su mejor nivel y Djokovic y Murray se repartían el pastel y los grandes títulos. La final de Doha a primeros de 2017 vio cómo Djokovic ganaba de nuevo sobre el escocés, pero ese año sería de un descalabro tremendo de los dos. Muchos problemas fisicos, cirugías, dudas, vueltas no demasiado fructíferas... Federer y Nadal volvían a lo más alto, lo clásico se recuperaba, como si de una balanza se tratase.

Se disolvía el 'Big Four'. Las nuevas generaciones empezaban a asomar la cabeza. Parecía una quimera que Novak y Andy volverian a verse las caras. Y casi que volvieran a triunfar, especialmente el de Dunblane, pasando un calvario de lesiones. Pero estos jugadores son de otra pasta. Una vez más, ante la posibilidad de lo fácil, lo lógico, lo presumible, se revelaban. Luchaban por ese deporte que es su auténtico amor, su auténtica pasión. Djokovic obraba el milagro para salir de su espiral derrotista y ganaba los dos últimos grandes del 2018. Murray era capaz de volver a las pistas y hasta ganar un torneo, todo ello con una cadera de metal en su cuerpo, que algunos vieron como el final de su carrera.

El incondicional amor por el tenis y por dar lo mejor de sí mismos, con la ilusión de ese primer día en que se vieron las caras, es el denominador común de sus últimos años. El serbio plenamente enfrascado en la lucha por el GOAT, llegando a los 20 Grand Slams y empatando en su momento con Federer y Nadal, mientras que Murray se limitaba a jugar lo que podía y dejar retazos de lo que había sido durante tantos años. Ese destino que tantas y tantas veces, que tan recurrentemente les había unido, escribiendo entre ambos su historia tenística, les tenía al menos, reservado un capítulo más. Con un Djokovic recuperándose tras sus reiteradas ausencias por el tema de la no vacunación y un Murray terminando su carrera de la más decente de las formas, su 37º choque en la tierra de Madrid desprende un aroma muy 'vintage'.

Solo serán unos octavos de final de un Masters 1000, como solo lo eran en 2006, hace más de 15 años. Pero la realidad es que es un choque histórico. Sería un bonito cierre de ese círculo. Sería mejor en una final, que duda cabe. Pero lo importante aquí es que vuelvan a compartir pista de dos jugadores que por encima de todo aman el tenis y lo han elevado a límites insospechados. Han crecido en una época de mucha adversidad y han hecho historia a pesar de compartir época con otros dos gigantes. Pase lo que pase en la Manolo Santana en la jornada del jueves, habrá que recordar este duelo, habrá que aplaudirlo y dar las gracias por tantos momentazos que son parte del tenis. Madrid les estaba esperando para el reencuentro, para el reencuentro de dos viejos enemigos en la pista que tendrán el epílogo que se merecen. Gracias por estos 36 duelos y por el que veremos este jueves. Historia del deporte ya.